Quienes estos días visitan el Aquarium tienen la oportunidad de conocer la exposición que protagoniza en la Sala T el escultor oiartzuarra Pablo Zuriarrain. Bajo … el título ‘Tanttak’ (en castellano, ‘Gotas’), la muestra reúne un total de trece creaciones salidas de las manos y la imaginación del artista que tiene su taller en Lezo.
Un norai recibe a cuantos se sumergen en el espacio de 150 metros cuadrados que Zuriarrain compara con una burbuja situada en el fondo del mar. A esta ilusión contribuyen las paredes pintadas de negro, el sonido ambiente y la tranquilidad que reina en el espacio situado a muy pocos metros de donde campan a sus anchas los caballitos de mar.
La inmersión revela otras obras ideadas principalmente en madera, aunque también se incluyen propuestas construidas a partir de metal y cristal. Son un reflejo de la trayectoria artística de este carpintero ya jubilado que desde muy joven se decantó por los materiales naturales, quizás como consecuencia de que su infancia estuvo ligada a los bosques y al río Oiartzun.

Los eslabones construidos a partir de poliéster pintados de naranja que ya pudieron verse en el jardín de Arizmendienea.
(Viñas)
«La que más se sale de lo que es mi trabajo es esta –dice refiriéndose a una pieza hecha a base de unos eslabones unidos–. La hice para la feria de Durango. Por lo general, se llevan piezas más serias, pero a mí me parecía que quedaba un tanto soso. Pensé en hacer algo en color. La hice en poliéster y la pinté de naranja. Fue un acierto. Posteriormente, ha estado en otras exposiciones, en el exterior, como en el jardín de Arizmendienea», explica.
El escultor confiesa que podría trabajar con cualquier material, «incluso si encuentro algo deshecho». Sin embargo, asegura que siente predilección por la madera y que siempre le ha emocionado crear con las manos, «desde que siendo un niño me tocó aprender un oficio –el de carpintero– porque mi madre era viuda y tenía siete hijos».
Aún recuerda cómo a finales de los sesenta «Errenteria era lo que llamamos hoy China». «Podías ir allí y pedir cualquier cosa. Había carpinteros, modelistas, pintores, fábricas… Era algo que me apasionaba», señala, mientras añade que aquello le marcó especialmente.
Esa influencia está presente en sus gotas de madera, en la chipironera que ha bautizado con el nombre de su amigo Faustino y en los veleros que fondean en un mar imaginario esperando salir a navegar. «Buena parte de la inspiración me viene de la naturaleza. Todo lo que hago tiene que ver con ella porque es lo que siento, lo que me emociona», declara.
Así podrán comprobarlo cuantos accedan al Aquarium, donde sus esculturas podrán contemplarse hasta el 5 de julio.