El lanzamiento de Rafa, la nueva miniserie documental de Netflix, ha vuelto a situar en el primer plano mediático a Rafa Nadal casi dos años después de su retirada definitiva del tenis profesional. La producción audiovisual profundiza en la metamorfosis personal y deportiva del balear, poseedor de 22 títulos de Grand Slam —entre ellos 14 trofeos de Roland Garros—, revelando cómo la madurez modificó de forma drástica la estructura de su entorno más íntimo pasados los treinta años.
A través de testimonios inéditos de su círculo más cercano, como sus padres, su hermana Maribel, su fisioterapeuta Rafael Maymó y su esposa Mery Perelló, el documental detalla el complejo tránsito de aquel joven superatleta que permanecía bajo el estricto amparo familiar a convertirse en un hombre independiente, que hoy en día ha duplicado su descendencia tras el nacimiento de su segundo hijo, Miquel, hermano menor de Rafael Jr.
La crónica de esta transformación encuentra su punto de inflexión en la sonada y sorprendente ruptura profesional con su tío Toni Nadal al término de la temporada 2017. El núcleo de la familia, compuesto por el propio tenista, el nuevo técnico Carlos Moyá y el padre del jugador, Sebastián Nadal, se enteró a través de los medios de comunicación de que el veterano entrenador dejaba el equipo al sentir que su presencia ya no era necesaria. El exnúmero uno del mundo reconoce en la cinta el impacto emocional que le supuso aquella noticia inesperada. «Toni era mi tío, pero tenía una influencia superior a la que cualquier otra persona haya tenido. De alguna manera me daba miedo saber cómo iba a reaccionar sin él«, confiesa el manacorí. Sin embargo, aquel distanciamiento del método severo que marcó sus inicios terminó actuando como un catalizador hacia la madurez y la paz mental, permitiéndole conquistar el US Open de ese mismo año y consolidar su liderazgo mundial.
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Esta nueva etapa, marcada por una menor rigidez, liberó al tenista en la pista y prolongó su éxito en la élite cuando muchos analistas daban por concluida su era. Su fisioterapeuta, Rafael Maymó, explica en el documental cómo este cambio de dinámica transformó la psicología del jugador. «Yo creo que evolucionó y cambió un poco la percepción de sí mismo. Y por eso yo creo que llega el éxito que pudo tener después, a partir de los 30 años. De alguna manera le da un extra de creer en sí mismo», relata el especialista. El propio Nadal suscribe esta visión al asegurar que sus temporadas finales estuvieron exentas de la presión psicológica de antaño: «Viví los últimos años de mi carrera con un poquito más de sensación de libertad y menos tensión que cuando estaba Toni«. Su padre, Sebastián, corrobora este diagnóstico al señalar que el deportista «ya era más maduro» y que «a los 30 años ya eres tú. Dejas de ser el niño, por decirlo de alguna manera».
Este proceso de emancipación tardía tuvo un reflejo inmediato en su parcela sentimental junto a Mery Perelló, con quien terminó mudándose a una imponente residencia de 7.000 metros cuadrados en Porto Cristo tras una larga vida conviviendo con sus progenitores. Su esposa rememora con humor las reticencias iniciales del tenista a dar el paso definitivo hacia la independencia residencial a las puertas de su boda. «Él vivió con sus padres hasta 2018, creo. Y él hubiera vivido con sus padres mucho más. Pero… De hecho, fui yo la que le propuso ir a vivir juntos y se quedó como… ‘¿Por qué?’«, desvela Perelló en el metraje.
Nadal, que admite cierta incomodidad al abordar estos aspectos debido a su timidez, refrenda el peso que tuvo su pareja en el tramo definitivo de su trayectoria vital. «Tenía miedo a esa decisión. Pero una vez que ya sucedió, todo bien. Era la mujer con la que quería formar una familia. Y, sin ninguna duda, fue un apoyo muy importante para mí», aclara el extenista, que concluye su intervención en la pieza de Netflix con un balance muy positivo de su madurez en el circuito: «Fui feliz estos años de mi carrera. Yo disfruté mucho de verme compitiendo al más alto nivel».