Inés Santibáñez (Salamanca, 19 de junio de 2003) vive ahora en una nube después de cumplir un sueño: jugar en CB Avenida. No … hace mucho, la canterana era quien pasaba la mopa en el pabellón Würzburg-Silvia Domínguez y ahora, cinco años después, ha llegado su momento. «He estado con ellas varias temporadas, sabía el nivel que había y las veía muy lejos. Eran mis referentes», confesó.
Sin embargo, esta felicidad no solo es de la jugadora salmantina. Su llegada al primer equipo ha sido todo un orgullo para su familia, especialmente para su madre, Belén Herrero. Esta formó parte de aquella Agrupación Deportiva Universitaria que, en 1992, logró el ascenso a la Primera División femenina, lo que hoy es CB Avenida. Como madre, reconoce estar «encantada» con el regreso de su hija a Salamanca después de varios años lejos de casa. «Recuerdo el día que se fue como un drama, pero te acostumbras, sobre todo cuando la ves bien», recordó.
Eso sí, la vuelta a casa no será exactamente como tal. Inés se independizará, tal y como ha hecho en los últimos años. Aun así, admitió entre risas que habrá visitas al hogar familiar. «Me llevaré los tuppers», bromeó. Algo que Belén asume. «Además, ya le hemos ocupado los armarios, no tiene hueco», comentó. Más allá de vivir con Inés o no, para ella lo importante es volver a tener a su hija cerca. «El hecho de tenerla aquí y poder verla todos los días ya me basta. Aunque sea para tomar un café juntas o para que venga a comer cuando haga cocido».
Tomar la decisión de volver a Avenida no fue moco de pavo. Por eso, Inés se apoyó en su familia. «Siempre hemos hablado todos los cambios en casa, aunque la última palabra siempre ha sido suya», explicó Belén. «Tiene la cabeza muy bien amueblada y hasta ahora le ha salido bien». Y es que, como para no hacer caso a lo que le dicen en casa, si es una familia que sabe mucho de baloncesto. «Tengo muy en cuenta a mi familia. Mi madre y mi padre han jugado al baloncesto toda la vida y mi hermano también está metido en el mundillo. Son un apoyo muy fiable».
Y es que el baloncesto forma parte del ADN de la familia. Tanto José Carlos Santibáñez como Belén Herrero han dedicado gran parte de sus vidas a este deporte, y sus hijos van en camino. «Es algo que hemos vivido siempre toda la familia. Con seis años empecé en el colegio, y no hubo vuelta atrás», recordó la nueva jugadora de Avenida. Aunque nadie se imaginó que aquella niña acabaría siendo profesional. «Estoy muy orgullosa de que siga mis pasos, aunque creo que me ha superado», admitió Belén.
Son muchas horas de trabajo y también de muchas renuncias. «Muchas veces pienso que ha sido mucho sacrificio. Inés se ha perdido cosas del colegio, de la vida universitaria, pero ha ganado otras. Ella ha elegido esta vida y está claro que le compensa», reflexionó Herrero. También ayuda que, dentro de este camino, su madre haya sido un gran apoyo. «Mi madre es mi referente en todo». Por desgracia, la joven nunca la vio jugar, pero está claro que intenta seguir sus pasos. Belén, sin embargo, se ve reflejada en su forma de jugar. «Todo el mundo nos lo dice, físicamente ha salido a mí, aunque técnicamente es mejor que yo, eso está claro».
Finalmente, Inés no olvida todos los incontables esfuerzos e hizo su madre para acompañarla en torneos, campeonatos y concentraciones. «Desde los 10 años empecé a jugar torneos. Han tenido que dejar muchas cosas para llevarme a cualquier sitio. Pero creo que ellos lo han disfrutado casi tanto como yo». Aunque Belén recalcó que nunca lo vieron como una carga. «No ha sido un sacrificio porque somos una familia que vive para el baloncesto».