Para el living room de Isabel han contado con Pilma como patrocinador, una firma arraigada a la cultura del diseño que ha ayudado a dar forma al proyecto, a saber: «un espacio bohemio y mucho más estrafalario que lo que podemos ver en sus películas”, ríe Lázaro. Algo en consonancia con el concepto de la cineasta, que entre sus muchas referencias (además de los collages realizados por ella misma que hoy trae en la carpeta), cita al director Won Kar-Wai, el pabellón Mies de Barcelona y bares centenarios en el barrio de Gràcia. “Pero eso es lo bueno de Lázaro, que sabe conjugar ambientes e ideas paradójicas y contradictorias», apunta.

A pesar de conocerse durante años, es la primera vez que Lázaro e Isabel colaboran en un proyecto juntos. Además de ellos, en Ecléctica han colaborado otros dúos creativos, como Pía Capdevila y Martina Klein o Asun Antó y Javier Cercas.
© Meritxell Arjalaguer, cortesía de Ecléctica BarcelonaUn entendimiento mutuo
Había dos premisas claras, la primera, mantener los elementos historicistas que dan carácter al espacio, (y que por supuesto Lázaro no pensaba tapar) y la segunda, crear un universo singular capaz de dejar al visitante boquiabierto. “Algo que provoque, que sea apetecible, que entres y digas ‘wow’, dice Isabel. “Algo que”, añade Lázaro, “está totalmente fuera de tendencia, con mucha artesanía y una pieza muy particular alrededor de la cual gira todo el salón”. La misma pieza que le ha dado unos cuantos quebraderos de cabeza por su tamaño descomunal y por las medidas de la sala. “Esta escala es muy diferente a la de un hotel o la de un espacio gastronómico», nos cuenta el interiorista, acostumbrado a transformar grandes espacios, como la zona retail del aeropuerto de La Guardia, (aclamada en The New York Times), o el Hotel Louis Vuitton de París, que inaugurará la primavera del año que viene.

Los collages de Coixet no fueron solo el punto de partida del proyecto. También protagonizan la exposición Roma/NewYork/Montolieu en la galería Max Estrella de Madrid (hasta el 24 de julio).
© Meritxell Arjalaguer
En el momento de esta entrevista, ambos están pendientes de una reunión para aterrizar el enfoque, aunque por lo que vemos hasta ahora, ya están muy alineados. Coixet se siente a gusto en el caos, pero al mismo tiempo es tan minuciosa en su estética que para su última película, Tres adioses, encargó una silla desde Noruega con la que se había encaprichado tras visitar la exposición del pintor danés Hammershoi. Una complejidad que Lázaro, con un estilo donde todo puede convivir si se tiene una mirada como la suya, ha sabido leer y materializar en un espacio mágico y (tal y como querían) singular.
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