Miguel de la Ossa llevaba años oyendo hablar a su familia de los planes que durante mucho tiempo sobrevolaron a la icónica gasolinera Goya: el … museo del coche de Mercedes Benz, la fototeca de Alberto Schommer, el área de descanso para los turistas del Imserso… Pasaba el tiempo, pero ninguno de esas ideas cuajaba, el edificio del gran representante del racionalismo alavés, José Luis López de Uralde, iba abandonándose y no ha sido hasta ahora, casi quince años más tarde, cuando este arquitecto madrileño con raíces vitorianas, podrá sacar adelante junto a Sofía Lens (Vigo) y Carlos Canella (Oviedo) un proyecto definitivo con el que (al fin) se reconvertirá este garaje moderno del que tanto escuchó hablar en un auténtico referente de la movilidad sostenible.
El equipo de arquitectos, que está asentado en Madrid y atendió ayer la llamada de EL CORREO, lleva casi un año trabajando en su propuesta, ‘Hiri Tallera/Taller de Ciudad’, «un taller donde construir ciudad». Sin embargo, no fue hasta hace escasas 24 horas cuando la sociedad urbanística municipal Ensanche 21 dio a conocer el nombre ganador de un concurso de proyectos que se ha gestado «bajo el anonimato y la confidencialidad» y llegó a recibir en su primera fase hasta 22 propuestas.
La vencedora, que ha peleado hasta el final con otras tres (‘Brutiful’, del navarro Enrique Rojo y ‘Una escalera tres estratos’, de Javier Pérez Herreras, también de Pamplona), destaca porque apenas es intervencionista. Busca «invertir principalmente en donde se necesita. No arrasar y arreglar para que todo esté perfecto», apunta Canella. En este sentido, resalta, por ejemplo, que en el espacio principal de la planta baja, bajo el porche, se opta por recuperar la garita original con almacén de herramientas del taller de bicis y punto de información de la movilidad sobre dos ruedas.

Hay otras ideas como los colores escogidos, blanco para paredes, suelos y la característica rampa, y rojo para las puertas, los carteles originales y los surtidores antiguos, que también se han ido planificando poco a poco, revisando lo que fue este edificio del movimiento moderno y proyectando en él una «segunda vida» con distintos bocetos hechos a boli y lápices de colores. «Nuestra primera fase fue 100% a mano, creo que nadie más tenía su entrega así, por eso después no lo queríamos perder», apunta de la Ossa, autor de la ilustración que acompaña este texto. «También es una forma de darle alma y naturalidad a la arquitectura. El dibujo transmite ideas que prevalecerán aunque cambien de forma», agrega.
Y es que la nueva versión de esta gasolinera Goya se proyecta como un auténtico multiusos en el que se dará protagonismo a la movilidad sostenible, el turismo verde, la atención ciudadana, la información sobre el patrimonio natural y cultural, un taller de bicicletas, el alquiler de vehículos sin motor, la educación ambiental, exposiciones, charlas, un huerto urbano en la azotea y quién sabe si hasta conciertos de pequeño formato. «Nosotros no hemos inventando gran cosa respecto a lo que pedían las bases, estaban ya muy completas, pero la clave está en que, aunque se pidan muchas cosas, el edificio las absorba sin hacer esfuerzos muy extraños», apuntan.
Tabakalera como referente
Para ello, Lens, de la Ossa y Canella han concebido la entrada principal de Goya casi «como una prolongación de la calle que penetra en el edificio». Por eso, «además de hablar de su preservación, queríamos mantener la esencia de un sitio del que se puede entrar y salir o subir a la parte de arriba sin tener que atravesar muchas puertas». Es un concepto, ese de renovar un aspecto «sin que parezca que nadie ha tocado nada», para el que se han inspirado en el Palais de Tokyo, un museo de arte moderno de París o, sin ir más lejos, en el centro cultural de Tabakalera, en San Sebastián. «Es un edificio histórico que en realidad es un contenedor cultural y educativo, pasan muchísimas cosas ahí y nosotros también queremos eso para Goya», defienden sobre el centro donostiarra.
En 2028 se espera que culmine esa transformación. Aunque, antes, estos arquitectos esperan ir abriendo poco a poco, quizás a partir del sexto mes, la vieja gasolinera como si fuera un ‘Abierto por Obras’ al estilo de la Catedral de Santa María. «Abrir un edificio a la gente mientras se está rehabilitando es una forma de ofrecer esa oportunidad de conocer más el patrimonio».