GAESA (Grupo de Administración Empresarial, S. A.) no es solo un conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Es también un entramado societario opaco que, según el Departamento de Estado de EE UU, controlaría una red de hasta 20.000 millones de activos ilícitos en el extranjero en beneficio de las élites gobernantes y sus negocios. Y era también —al menos hasta ahora— el socio en Cuba de Meliá e Iberostar.

Trump amenazó con consecuencias a los operadores que actuaran como socios de GAESA. El plazo concluía el 5 de junio y, efectivamente, el régimen se ha ido quedando sin socios. El primer anuncio fue el de Iberostar, que el pasado 1 de junio anunciaba el abandono de 12 hoteles en la isla; después vendría Meliá, la mayor operadora extranjera en Cuba, que el 3 de junio anunciaba el cese de la gestión y comercialización de 15 establecimientos hoteleros, entre ellos Paradisus Varadero y Sol Caribe Beach.

El primer hotel gestionado por Meliá en Cuba fue el Sol Palmeras, que abrió sus puertas el 10 de mayo de 1990 en Varadero. Seis meses antes había caído el Muro de Berlín, iniciándose el colapso de la Unión Soviética y, con ello, el fin de los subsidios que habían permitido mantener un Estado sin una economía productiva.

Fidel Castro estaba dispuesto a convertir Cuba en el último reducto del comunismo. Rechazaba cualquier atisbo de apertura. Cuando las revistas soviéticas Sputnik y Novedades de Moscú comenzaron a dar cuenta de la glasnost y la perestroika, el régimen cubano prohibió su circulación.

Sin subsidios y sin voluntad de abrir espacio alguno a la iniciativa privada de los cubanos, el aparato del régimen ideó una suerte de apartheid turístico: el desarrollo de una industria turística controlada por el Ejército que, sin riesgo político, se convirtiera en la gallina de los huevos de oro en un momento decisivo para Cuba. Se trataba de una realidad paralela, capaz de obtener divisas internacionales, pero al margen absoluto del pueblo cubano. Durante casi dos décadas, a los ciudadanos cubanos se les prohibió legalmente hospedarse en hoteles turísticos.

Del autor

El Gobierno quería asegurar una alta rentabilidad, garantizar la propiedad de los establecimientos hoteleros sin poner en riesgo el control social imperante en la isla. Pero no sabía cómo operar un negocio y hacerlo rentable. Los cuadros comunistas sabían cómo hacer la guerra, pero carecían de la mínima capacidad de gestión. Y al rescate llegó Gabriel Escarrer, que sentaría las bases del modelo finalmente instaurado en Cuba a través de la Ley 77 de 1995 (Ley de la Inversión Extranjera en Cuba).

Unos meses antes se había creado GAESA, que garantizaría que las inversiones extranjeras no escaparan al control político de una economía fuertemente centralizada.

El capital social de las empresas mixtas creadas para este fin se dividía entre el propio Estado cubano —que aportaba suelo e infraestructuras— y la empresa extranjera, que ofrecía liquidez y, sobre todo, el know-how. Las inversiones se canalizaban a través de empresas mixtas en las que Gaviota, la filial de GAESA para el sector turístico, se reservaba siempre la mayoría del capital social.

Pero el control del Estado cubano no se limitaba a la creación de las empresas mixtas, sino que se extendía a lo largo de toda la relación mercantil, obligando a estas empresas a convertirse en colaboradoras del régimen.

  • Los empresarios extranjeros renuncian a contratar directamente a los trabajadores. Es el Estado cubano quien los escoge a través de las llamadas unidades empleadoras, cuyo objetivo es la gestión de la fuerza laboral del país.

  • Los empresarios extranjeros no pueden pagar directamente al personal cubano, sino que lo hace el Estado cubano. Lo hace en pesos cubanos y después de haber retenido el 90% del salario.

  • Los empresarios extranjeros se ven obligados a colaborar con el aparato de inteligencia del régimen, aceptando, entre otras cláusulas contractuales, que la Seguridad del Estado (la policía política) tenga la prerrogativa de registrar la habitación de cualquier huésped sin necesidad de autorización previa.

  • El Reglamento para las relaciones con el personal extranjero en el sistema del turismo convierte a los trabajadores del sector turístico en cooperadores de la Seguridad del Estado al establecer una serie de obligaciones, entre otras, «mantener permanente vigilancia contra todo hecho o actividad lesiva para los intereses del Estado», «comunicar al nivel correspondiente las acciones o hechos violatorios que puedan atentar contra la dignidad, la seguridad y los principios de nuestra Revolución» o «ser cuidadoso y escrupulosamente veraz en los informes que deba rendir sobre su trabajo y el trabajo de otros».

Los empresarios extranjeros no solo han brindado un asidero a un régimen cubano que ha secuestrado al pueblo durante décadas. También han optado por invertir en la isla en un régimen de activa colaboración con un gobierno totalitario, vulnerando los más elementales derechos de los trabajadores.

Temas