La fiebre tifoidea, una enfermedad que ha afectado a la humanidad durante milenios, continúa representando una amenaza. Aunque en los países más desarrollados rara vez se percibe como un peligro, este antiguo patógeno está mostrando una notable capacidad de adaptación. Una investigación publicada en 2022 en la revista The Lancet Microbe reveló que la bacteria responsable de esta afección, Salmonella Typhi, está desarrollando una gran resistencia a los antibióticos y sustituyendo de forma acelerada a las cepas que aún son vulnerables a los tratamientos habituales.

Actualmente, los antibióticos constituyen la única opción eficaz contra la fiebre tifoidea. No obstante, durante las últimas tres décadas, la resistencia de la bacteria a los fármacos administrados por vía oral ha mostrado un incremento constante. En el mencionado estudio de 2022, un equipo internacional de científicos analizó los genomas de 3489 cepas de Salmonella Typhi obtenidas entre 2014 y 2019 en Nepal, Bangladesh, Pakistán e India. Los resultados evidenciaron un aumento de las variantes extremadamente resistentes a los medicamentos, conocidas como cepas XDR, las cuales no solo son inmunes a los antibióticos de primera línea como la ampicilina, el cloranfenicol y el cotrimoxazol, sino que también son resistentes a otras alternativas más recientes como las fluoroquinolonas y las cefalosporinas de tercera generación.

La preocupante resistencia a los tratamientos estándar frente a las nuevas mutaciones de la bacteriaLa fiebre tifoidea puede ser mortal hasta en el 20 % de los casosLa fiebre tifoidea puede ser mortal hasta en el 20 % de los casos

Esta situación deja a los médicos con muy pocas opciones. En la actualidad, la azitromicina, un macrólido, es el único antibiótico oral que conserva su eficacia frente a estas variantes. No obstante, los investigadores han identificado que las mutaciones que otorgan resistencia a la azitromicina ya se están propagando, lo que pone en riesgo la viabilidad de todos los tratamientos antimicrobianos orales disponibles. Si bien estas mutaciones específicas aún no han sido adoptadas de manera generalizada por las cepas XDR, su eventual combinación representaría un serio desafío para la salud pública, considerando que la fiebre tifoidea no tratada puede tener una tasa de mortalidad hasta el 20 % y que en 2024 se reportaron más de 13 millones de casos de esta enfermedad.

A pesar de que el sur de Asia es el principal foco de infección, concentrando el 70 % de los casos mundiales, estas variantes resistentes se propagan con rapidez a escala mundial. Desde 1990, se han registrado cerca de 200 casos de transmisión internacional hacia el sudeste asiático, África oriental y meridional, así como a países como el Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Ante este panorama de globalización de patógenos, los expertos señalan la necesidad urgente de fortalecer las medidas de prevención, especialmente mediante la distribución de vacunas.

Las vacunas conjugadas contra la tifoidea se presentan como una de las mejores opciones disponibles para contener futuros brotes y mitigar el avance de la resistencia bacteriana. Para abril de 2025, la OMS ya había precalificado cuatro vacunas de este tipo, facilitando su progresiva incorporación en los programas de inmunización infantil de los países donde la enfermedad es endémica. Pakistán, por ejemplo, se convirtió en el primer país en incluir esta vacuna en su cartilla de vacunación, y un estudio realizado en la India, estimó que la inmunización infantil en zonas urbanas podría prevenir hasta el 36 % de los casos y muertes asociados a esta dolencia.

La resistencia a los antimicrobianos es actualmente una de las causas de muerte más importantes a nivel global, superando la mortalidad asociada al VIH o la malaria. En este contexto, la comunidad científica insiste en que la expansión del acceso a las vacunas existentes y la inversión en la investigación de nuevos antibióticos resultan indispensables. Controlar la propagación de estas variantes resistentes no es solo una prioridad para los países más afectados, sino una necesidad de salud global indispensable para evitar crisis sanitarias futuras.