
07/06/2026 a las 16:39h.
Después de «sobrevivir» a todo tipo de inclemencias durante más de 7.000 años al resguardo natural de una roca, un rotulador en manos de los vándalos fue suficiente para destrozarlas. Hace aproximadamente cinco años las pinturas postpaleolíticas de estilo esquemático de uno de los siete paneles que se descubrieron en 2007 en el denominado «Abrigo del Marín», junto a los restos del puente de la Salud, sufrieron una agresión. Sobre ellos, alguien había pintado monigotes y espirales en negro y había escrito «La Cueva». Desde hace solo unos días, una valla impide acercarse a la piedra para que un atentado similar no vuelva a producirse.
Hace dos años LA GACETA denunció que, pese a los destrozos causados por ese atentado contra un Bien de Interés Cultural (BIC), no se tomaron medidas para protegerlo. Algunos técnicos defendían que el atentado se ha mantenido oculto durante años para evitar un «efecto llamada» y para no desvelar la ubicación del arte rupestre, cuyas coordenadas, sin embargo, publica al detalle la Consejería de Cultura en su web. No obstante, el Ayuntamiento de Salamanca consideró la necesidad de tomar medidas para que el acto vandálico no se repitiese y requirió el 19 de junio de 2024 a la entidad propietaria de los terrenos, la Fundación Apóstol Santiago, que instalase un vallado. Ahora, tras dos años de gestiones y tras obtener los permisos de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) y de la Comisión Territorial de Patrimonio, las pinturas se han protegido.
La actuación ha sufrido distintas demoras derivadas principalmente de la espera de la autorización de la CHD, que no se obtuvo hasta mayo del pasado año, según fuentes municipales, así como por el invierno tan lluvioso que se ha registrado y la peligrosidad que suponía trabajar en los cantiles rocosos del Tormes con ese tiempo.
La fórmula por la que se ha optado para impedir actos vandálicos es la misma que se eligió para proteger el grabado del Paleolítico que representa a un caballo de dos cabezas y que se encuentra en la otra orilla del río, en el Polvorín de Tejares. La valla «se inspira en una especie de empalizada, realizada con redondos lisos, anclados a la roca mediante taladro de unos 230 centímetros de profundidad y fijado con mortero». Una intervención que, conforme al proyecto técnico que presentó la entidad titular de los terrenos, ha tenido un coste superior a los 11.500 euros. La Fundación Apóstol Santiago ha entregado una copia de la llave que abre la valla al Ayuntamiento y éste, a su vez, le facilitará otra al Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León.
Conforme a la propuesta original, también se ha planteado la instalación de una cámara de videovigilancia. La colocación de este equipo está a la espera de «ser estudiada por técnicos en la materia que valoren su viabilidad y pertinencia, dadas las características físicas del terreno y su aislamiento», señalan desde el Consistorio.
Una vez protegido el BIC, queda pendiente eliminar el grafiti y restaurar las pinturas que se realizó sobre ellas. La Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León dejó claro hace dos años que las pinturas vandalizadas se pueden recuperar, si bien parte de los daños que han sufrido son irreparables Las pruebas de solubilidad que realizaron sus técnicos concluyeron que se puede eliminar la tinta negra y, aunque no se acabará con ellos, los rayones pueden «atenuarse». No obstante, de momento no se ha planteado cuándo ni cómo se acometerá esa restauración.