La madrugada del sábado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaban un ataque masivo sobre Irán. Los bombardeos, que acabaron con la vida del ayatolá Jamenei, se produjeron tras semanas de un aumento de las tensiones con el régimen iraní, al que el presidente norteamericano acusaba de seguir desarrollando su programa nuclear.
Irán, lejos de optar por «la paz», como le exigía Trump, respondió con ataques sobre diversos países de Oriente Próximo e Israel, así como pocos días después cerrando el estrecho de Ormuz, lo que provocó un incremento sustancial de los precios del petróleo que se ha trasladado a todos los productos y se ha expandido a nivel global, ya que por esa zona circulaba el 20% del crudo mundial.
Esa guerra en Irán cumple este domingo, 7 de junio, 100 días. Y aunque las posturas entre el régimen de Teherán y Estados Unidos se han acercado tras semanas de negociaciones, el conflicto sigue encallado y no se llega a un punto en común para frenar los bombardeos y reabrir el estrecho de Ormuz, aunque Trump haya asegurado en numerosas ocasiones que estaba muy cerca de producirse, si bien siempre se autoenmienda y amenaza con más ataques.
El gran problema para alcanzar ese acuerdo de paz es que la República Islámica de Irán «está en un proceso de reorganización interna», según explica a Punto de Fuga el analista hispano-iraní Daniel Bashandeh, que apunta que Trump «no está dando con la tecla de cómo funcionan los tiempos de la política iraní», ya que basar su estrategia en la confrontación, la presión y la fuerza, como suele hacer el presidente estadounidense, debilita a los interlocutores dispuestos a negociar y refuerza al ala más autoritaria, la de la Guardia Revolucionaria.
Más información
El régimen sigue sin un liderazgo concreto tras la muerte del ayatolá Jamenei y, si bien su hijo fue nombrado sucesor y, según Trump, está participando en las negociaciones por el acuerdo de paz, lo cierto es que dentro de Irán existen varios interlocutores, según Bashandeh: los que apuestan por la negociación y los que lo hacen por la confrontación.
«La cuestión es saber si el nuevo liderazgo que emerja va a priorizar una estrategia de confrontación o empezar a tejer una estrategia posbélica», describe, recordando que es un escenario difícil para un país como Irán, que se encuentra en una situación vulnerable en términos económicos, políticos y sociales, algo que arrastraba de antes de la guerra, con numerosas protestas por todo el país a principios de 2026.
No ceder ante un Trump desgastado
Firmar un acuerdo en concreto supondría también ceder ante Trump, relata Bashandeh, que indica que Irán busca desgastar y alargar el proceso de negociación, puesto que esto supondría desgastar también al presidente estadounidense, que, según una encuesta de The Economist, ha registrado su nivel de popularidad más bajo de la historia. Y todo ello a cinco meses de las elecciones de medio mandato en las que los republicanos se juegan las dos cámaras del Congreso.
Además, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobaba una moción no vinculante, pero sí simbólica, en la que varios republicanos se unían a los demócratas para exigir a Trump que respete la ley y que acuda al Congreso para que este refrende si Estados Unidos continúa o no con la ofensiva en Irán, explica la corresponsal de la SER en EE. UU., Sara Canals.
Esa oposición que Trump está encontrando en su país obedece a que «todavía no ha conseguido los objetivos que buscaba», asegura Daniel Bashandeh: ni se ha desmantelado el régimen ni ha frenado el plan nuclear. No obstante, el analista también recuerda que la evaluación se debe hacer a largo plazo y, aunque ha pasado un período relativamente extenso, el proceso de reorganización en Irán «sigue sus propios pasos». «La gran clave es saber si va a haber un nuevo equilibrio de poder y quiénes van a liderar el país», sentencia.
La vida en Irán vuelve a la normalidad «con gran incertidumbre»
Cuando estalló la guerra, Irán vivía numerosas protestas por todo el país contra el régimen de los ayatolás. La situación económica del país era mala y el pueblo salió a las calles en casi todo el territorio, no solo en las grandes ciudades, en lo que fueron las mayores movilizaciones desde 2022, que terminaron con centenares de muertos y miles de detenidos.

La guerra frenó esas protestas y llevó a muchos iraníes a irse incluso de sus hogares, como explica Catalina Gómez, corresponsal de La Vanguardia en Teherán, que describe cómo la capital persa se desocupó, aunque no a los niveles en los que lo hizo con la guerra de los Doce Días, de la que ahora se cumple también un año.
Pero la gente fue regresando a las ciudades poco menos de un mes después de los primeros ataques, coincidiendo con el Nowruz (el año nuevo persa), y en las últimas semanas, tras el cese de las hostilidades que parece haberse alcanzado, la vida ha vuelto a la normalidad. Eso sí, «con gran incertidumbre», afirma Gómez, que recalca que lo que más sigue preocupando a los iraníes es «la incertidumbre económica».
Y es que, si la situación ya era mala antes de los ataques, los bombardeos estadounidenses e israelíes destrozaron grandes empresas petroquímicas, de gas y de acero, principales motores de la economía iraní. Eso provocó que muchos pequeños empresarios que comerciaban con estas compañías no pudieran sostener sus negocios y hayan tenido que cerrarlos o despedir a la gran mayoría de sus empleados.
«Todo esto tiene una gran repercusión en la vida de los iraníes», cuenta la periodista, que augura semanas de «desconsuelo, desconcierto e incertidumbre» incluso si se alcanza un alto el fuego, puesto que las relaciones con los países de su alrededor también han quedado debilitadas.
De momento no hay problemas de abastecimiento de productos básicos, «pero tampoco hay abundancia», prosigue Catalina Gómez, que sí confirma que se ha producido un incremento «enorme» de los precios, algo que ya sucedía antes de la guerra, pero que ha tenido un impacto mayor tras el conflicto.
También internet se va recuperando tras el conflicto, lo que ha permitido «cierto alivio» a la población no solo por la facilidad para comunicarse, sino para todas las personas, «especialmente jóvenes», que viven de internet y que han podido recuperar su actividad comercial. No obstante, el pueblo «tiene mucho miedo» de que esta recuperación sea momentánea «y en cualquier momento vuelvan a quedar incomunicados».

Descubre la nueva app de Cadena SER
Te ofrecemos una mejor experiencia de audio y video
Las mujeres iraníes se sienten más libres
Un aspecto que quiere rescatar Catalina Gómez es que, tras la guerra, sí es cierto que las mujeres iraníes se sienten más libres. Cada vez es más normal ver a mujeres sin velo, con camisas de manga corta y no solo en Teherán, sino también en otras ciudades del país. Una revolución que comenzó en las protestas de enero y que se está extendiendo, aprovechando, según explica Gómez, que la represión social ha quedado en segundo plano, ya que el régimen quiere concentrar sus esfuerzos en unir al pueblo para enfrentarse al enemigo común.
Isfahán es la tercera ciudad de Irán y una de las más conservadoras del país. Catalina Gómez pudo observar la semana pasada a niñas y mujeres con el pelo suelto, montando en bicicleta o jugando al voleibol con hombres, «algo muy difícil de imaginar que fuera a pasar» en esta ciudad. Algo que, insiste, es consecuencia de las protestas de enero, pero también de la guerra.