Al entrar en la sala de prensa del Bilbao Arena, sumido en el silencio tras un año de estruendo, lo primero que se veía era … un cartel con tres fotografías de Melwin Pantzar. En cada una de ellas vestía una camiseta diferente y se apreciaba además un cambio físico importante, desde su primer año en el Surne Bilbao en el que parecía un chaval hasta el tercero en el que devolvía la imagen de un jugador hecho y poderoso. En la parte de abajo podía leerse: ‘Eskerrik asko, tack’, gracias en euskera y sueco. De esta manera ha querido despedir este lunes el club al base nórdico, quien llegó en 2023 y ahora se marcha al Unicaja. Al acto acudieron la presidenta Isabel Iturbe y miembros del consejo, también el director deportivo Rafa Pueyo, el mítico Txipi -delegado de campo-, el cuerpo técnico con Jaume Ponsarnau a la cabeza, el médico Javi Gil y también Harald Frey y Bassala Bagayoko. «Es un club increíble, con gente magnífica. Si alguien me pregunta, siempre diré que aquí no hay nada negativo», dijo Pantzar en su intervención.

No paró hasta «dar las gracias» a todos y cada uno de los miembros del club, centrado en olvidarse de nadie. Tuvo palabras de cariño para los miembros del consejo, fisios, médicos, delegados, departamento de comunicación, oficinas, empleados… pero las referencias a Pueyo y Ponsarnau no paraban de vertebrar su discurso. Al fin y al cabo fueron ellos los que le trajeron y le dieron una oportunidad en la ACB. «Gracias por ficharme del Valladolid. Jugaba en la LEB Oro y no muchos equipos me querían. Rafa y el club apostaron por mí. Sin los entrenadores -aquí se refirió a todo el staff- hubiera sido difícil adaptarme a la liga. No voy a tener nunca un técnico como Jaume», afirmó el sueco, quien además agradeció a Javi Salgado sus enseñanzas sobre el «pick and roll, pases, tiros…». Cuando se le preguntó si algún día podría volver a vestir la camiseta de los hombres de negro, Pantzar no dudó ni un segundo. «¿Volver? La puerta siempre está abierta. Es mi casa, así que nunca se sabe».

El base, quien se marcha después de 153 partidos con el Surne Bilbao -102 en la ACB y 51 en la FIBA Europe Cup-, solo se lleva recuerdos entrañables de una ciudad, club y pabellón que considera suyos. «Nunca hubiera podido imaginar que ganaríamos dos títulos europeos, jugar el play-off… Es un éxito. La afición es increíble porque apoya en los buenos y en los malos momentos. Llevaré a todos en mi corazón para siempre», trasladó Pantzar, quien también habló de cómo ha evolucionado en estos tres años. «Soy mucho más maduro y es por la oportunidad que me han dado el club y el ‘coach’ (Ponsarnau). Soy más listo jugando». Subrayó que en el proceso ha ido empapándose de la sabiduría y consejos de gente veterana en la cancha y el vestuario como «Rabaseda, Renfroe, Hilliard, Marvin Jones…».

El partido más especial

Así que ha crecido hasta convertirse en uno de los mejores bases de la Liga Endesa. De hecho, ha acabado el campeonato con un 16,8 de valoración, dato que solo superan el baskonista Trent Forrest y Ricky Rubio, del Joventut. En su última temporada, Pantzar ha promediado 11 puntos, con un 42,9% en triples, 4,3 rebotes y 4, 3 asistencias. Y hay más: ha sido el jugador más valorado del Surne Bilbao (589), el máximo asistente (150), el máximo recuperador (40), el que más minutos ha consumido en la cancha (866,8), el que más veces ha ido a la línea de los tiros libres (142) y el que más faltas ha recibido (165). Un ‘uno’ total que ahora se va al Unicaja, que le fichó el año pasado y le dejó cedido un curso más como hombre de negro. «Es un ejemplo para cualquiera que venga», señaló Pueyo en referencia a su comportamiento dentro y fuera de la cancha.

El director deportivo del Surne no tuvo ningún conveniente en decir que «se nos va uno de los mejores jugadores de la historia del club. En Bilbao siempre tendrás tu casa y familia, espero que siempre nos lleves contigo». Él, sentado al lado, asintió con la cabeza. Una y otra vez. «Tú crecías y a tu lado lo hacía el equipo. Gracias por tu compromiso y trabajo. Tu nombre formará parte de la historia del club. Sabemos que seguirás triunfando», añadió Iturbe. Pantzar se mantuvo entero, decidido a no llorar. Lo consiguió a duras penas en su adiós de la afición el viernes y se propuso continuar entero. Cuando se le preguntó por su partido más especial como hombre de negro, el sueco lo tenía claro. «El del PAOK allí, cuando ganamos nuestro primer título. Fue muy lindo». ¿Y el momento más feliz? «Cuando nació mi hijo. Jugamos contra el Gran Canaria. Jaume me dio 10-12 días para irme a Suecia. Eso dice mucho de qué clase de persona estamos hablando».

El base no se olvidó de sus compañeros, que se han convertido en amigos. «Voy a tener hermanos para toda la vida». Destacó la importancia que se da a la calidad de la persona antes de contratarla. «Es la cultura del club. Nunca hemos tenido a jugadores que se hayan comportado mal. Rafa ficha a buenas personas», alabó al director deportivo. Cuando se le cuestionó por su regreso a Miribilla con otra camiseta, Pantzar admitió que se sentirá «muy raro. Ojalá me den cariño, pero en la cancha ya veremos…», soltó entre risas y dirigiéndose a Frey, quien será uno de los encargados de defenderle. «Va a estar bien», avanzó. ¿Cómo ve el futuro del club que deja? «Muy bien. Vamos a jugar la Champions o la EuroCup -seguía hablando en primera persona de plural- y Rafa siempre ficha bien. Traerá a buenos jugadores. Yo estaría calmado y con ilusión». Entonces escuchó aplausos, se hizo fotos y se marchó. Melwin Pantzar ya es historia en el Surne Bilbao.