La autoridad de Cristóbal cae como un mazo implacable sobre el servicio del palacio. Harto de lo que considera una insubordinación intolerable y una falta de respeto a sus órdenes, el mayordomo ejecuta una decisión drástica que deja a todos en shock: suspender temporalmente a Teresa de todas sus funciones como ama de llaves por el supuesto robo de la carta requisada. Este hachazo autoritario abre una brecha de indignación entre las criadas, que ven el castigo como una injusticia desmedida.
Sin embargo, las lágrimas dan paso a la esperanza en las estancias de los señores. Es Petra la que, gracias a su ojo clínico, se percata de algo que a todos se les había pasado por alto: ¡Julieta muestra los primeros signos de estar despertando de su crítico letargo! La veterana empleada corre a dar la voz de alarma al doctor, desatando una oleada de alivio en la familia, aunque para Manuel el momento es agridulce, ya que sufre en silencio al ver cómo Ciro se mantiene firme en primera línea al lado de la camilla.
Paralelamente, la vida sigue abriéndose paso con fuerza en mitad del drama. María Fernández vive un susto monumental al sentir unos fuertes dolores que la hacen pensar que se ha puesto de parto antes de tiempo; aunque todo queda en una falsa alarma, la experiencia le sirve para ser consciente de su inminente maternidad junto a Carlo, celebrando haber dejado atrás la sombra de Estefanía. Mientras Curro y Ángela relatan sus andanzas en la corte de Madrid, Adriano baja al servicio y cree distinguir una silueta sospechosa que lo pone sobre aviso.