El síndrome cardiovascular-renal-metabólico (CKM), definido, por primera vez en 2023, se describe como un trastorno de salud atribuible a la interrelación entre la obesidad, la diabetes, la enfermedad renal crónica (ERC) y la enfermedad cardiovascular (ECV), que incluye insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular y enfermedad arterial periférica.Las …
El síndrome cardiovascular-renal-metabólico (CKM), definido, por primera vez en 2023, se describe como un trastorno de salud atribuible a la interrelación entre la obesidad, la diabetes, la enfermedad renal crónica (ERC) y la enfermedad cardiovascular (ECV), que incluye insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular y enfermedad arterial periférica.
Las implicaciones clínicas de una salud CKM deficiente son significativas, con potencial de mortalidad prematura, exceso de morbilidad, enfermedad multiorgánica y altos gastos en atención médica impulsados en gran medida por la carga de enfermedad cardiovascular (ECV). «El síndrome CKM es una amenaza real y creciente para la salud pública», tal como señaló el director de investigación sobre obesidad y enfermedades cardiometabólicas en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore (EEUU), Dr. Chiadi E. Ndumele.
Sin embargo, se observa que hay necesidad de una concreción consensuada del síndrome de CKM, dada la considerable heterogeneidad de opiniones entre los expertos sobre qué constituye este síndrome, en qué medida representa un síndrome o un espectro continuo de enfermedades, y el impacto de sus efectos en la salud más allá de los de sus trastornos componentes.
Ese es, precisamente, uno de los principales pasos dados en el conjunto de las primeras directrices recopiladas en una guía, recientemente, presentada por las entidades que han liderado su elaboración: la Asociación Americana del Corazón (AHA por sus siglas en inglés) y el Colegio Americano de Cardiología (ACC, por sus siglas en inglés), en colaboración con las Asociaciones Americanas de Diabetes, y de Obesidad, además de la Sociedad Americana de Nefrología. Han sido publicadas en la revista de la AHA, ‘Circulation’.
En líneas generales, la guía describe las cuatro etapas del síndrome CKM y analiza los factores de riesgo, como el sobrepeso, la hipertensión arterial, los lípidos anormales, la hiperglucemia y la disminución de la función renal. Asimismo, ofrece recomendaciones integrales para la detección, la prevención y el tratamiento, que abarcan desde hábitos de vida saludables hasta medicamentos y/o cirugía metabólica y bariátrica.
«Esta guía aboga por la detección y la atención precoces, centrándose en la prevención y la acción coordinada para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular antes de que se desarrollen complicaciones graves o se produzca un evento cardíaco importante», tal como explicó el Dr. Ndumele, a su vez, presidente del comité de redacción de la guía.
Principales recomendaciones de las directrices
Además de concretar el concepto del síndrome de CKM, se ofrece un sistema de estadificación, se analizan enfoques para predecir los resultados relacionados con CKM, se brinda orientación sobre enfoques de prevención y manejo, y se hace una llamada a la acción para avanzar en la atención de los pacientes con CKM.
De todo ello se desprenden, en líneas generales, las siguientes pautas:
–Evaluación de riesgos mejorada mediante las nuevas
ecuaciones PREVENT para estimar el riesgo de enfermedad cardiovascular a 10 y
30 años. Estas ecuaciones tienen en cuenta factores de salud renal y metabólica
para una estimación del riesgo más completa y precisa en comparación con las
herramientas anteriores. ( Lea la nueva Declaración Científica de la ACC/AHA
que explica la justificación del uso de las ecuaciones PREVENT ).
–Detección de los factores sociales que influyen en la salud
, como la inseguridad alimentaria, la inestabilidad de la vivienda y las
dificultades económicas.
-Atención interdisciplinaria coordinada que incluye a una
persona de contacto de coordinación para este síndrome que facilitará la atención centrada
en el paciente y el cumplimiento de las directrices.
–Reforzar los hábitos de vida saludables, incluyendo la
actividad física, la nutrición, el peso, la presión arterial, el nivel de
azúcar en sangre y el colesterol. Actuar con prontitud puede marcar una
diferencia significativa en la salud general, según los autores.
–Opciones de tratamiento adicionales que incluyen
medicamentos y terapias quirúrgicas junto con el manejo del estilo de vida para
controlar la presión arterial, el colesterol, la glucemia y el peso, y para
proteger el corazón y los riñones.
-Por primera vez, se recomiendan terapias
basadas en GLP-1 para personas seleccionadas con obesidad y/o diabetes tipo 2,
y otros factores de riesgo cardiovascular.
-La guía también recomienda el uso de
la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe) y la relación albúmina/creatinina
en orina (RACU) para caracterizar la enfermedad renal crónica y orientar el uso
de agentes protectores renales que brinden beneficios tanto cardiovasculares
como renales.
-Es importante revisar periódicamente la educación y la formación, así como factores estructurales como la tecnología automatizada, las políticas de facturación y reembolso, la comunicación, los espacios clínicos compartidos, etc., para implementar de forma óptima las recomendaciones de las guías y satisfacer las necesidades de los diversos entornos clínicos y geográficos.