Vio la luz en 2018 después de estar 20 años oculto, guardado en los sótanos de la sede central de Kutxabank, entonces BBK, que fue … quien puso los 3 millones de euros que costó financiar el proyecto. La agrupación de empresas del sector del automóvil del País Vasco, sacó a la luz la década pasada el ‘Carmen’, o el ‘proyecto Aurora’, porque ha tenido varios nombres. Es el coche que diseñó en 1997 el ingeniero vasco José Ignacio López de Arriortúa, fallecido este miércoles 10 de junio, y que iba a servir como embrión para construir una fábrica de automóviles en la localidad vizcaína de Amorebieta. El turismo, muy innovador para estar diseñado el siglo pasado, sin manillas para las puertas y con cámaras para aparcar, formó parte de una singular exposición que inauguró el lehendakari Iñigo Urkullu en Boroa.

Curiosidades del destino, el coche salió por primera y única vez a la luz hace ocho años en el mismo terreno en el que debería haberse construido, ya que la Diputación de Bizkaia adquirió un millón de metros cuadrados en Boroa precisamente para edificar la fábrica de automóviles impulsada por ‘Superlópez’. El ingeniero decidió bautizar el primer modelo que iba a lanzarse al mercado como ‘Carmen’, porque siempre había sido muy dado a los juegos de palabras. Carmen es la patrona de Amorebieta –el lugar en el que él nació en enero de 1941 y, también, donde iba a construirse el utilitario– y la palabra está formada por las sílabas ‘Car’, coche en inglés, y ‘Men’, que significa hombres en esa misma lengua. ‘Superlópez’ quería recurrir a esa fórmula como había hecho decenas de años atrás una firma germana al bautizarse como Volkswagen: la suma de las palabras ‘gente’ y ‘coche’ en alemán.

El dinero para esta aventura lo aportó fundamentalmente BBK, como crédito que nunca recuperó, y la firma que aglutinaba todo el proyecto era la empresa Instituto Sectorial de Promoción y Gestión de Empresa, hoy Cie Automotive. Una compañía que entonces tenía como socios al propio López de Arriortúa, las familias Riveras (Gestamp), Matutes, Juan Abelló o Pedro Ballvé, entre otros.

El desembolso

Un accidente de automóvil en 1998 obligó al ingeniero a abandonar por completo su vida profesional

Este fue el tercer intento –fallido como los dos anteriores– de crear una empresa de automóviles en el País Vasco a mediados de la década de los años 90, que se llamaría LOAR –otro acrónimo con las iniciales de López de Arriortúa– y que tuvo más impulso político que empresarial, lo que probablemente condicionó el resultado final.

A la tercera…

Antes, López de Arriortúa lo había intentado desde su puesto de vicepresidente de General Motors –cargo al que accedió en abril de 1992 tras haber sido el máximo responsable de compras de la filial europea Opel–, pero la compañía decidió ubicar definitivamente la planta proyectada en Polonia. El ingeniero vasco reconoció que ese fue el motivo que le impulsó a abandonar la firma norteamericana para fichar por la alemana Volkswagen e intentarlo de nuevo desde esta empresa, en febrero de 1992. Tampoco fue posible, no sólo porque buena parte del equipo directivo de la compañía germana consideraba que no era el momento para construir otra fábrica en Europa, sino también porque la fuga de ‘Superlópez’ de General Motors acabó en escándalo.

El final

Un accidente de automóvil en 1998 obligó al ingeniero a abandonar por completo su vida profesional

La firma americana le acusó de haberse ido con documentos secretos a la competencia y durante algo más de dos años le persiguió en los tribunales –un juez norteamericano llegó a pedir su extradición–, hasta que un pacto entre General Motors y Volkswagen acabó con el contencioso. Los alemanes se comprometían a comprar componentes a los americanos por un importe de 1.000 millones de euros, también a abonar una indemnización directa de 100 millones, al tiempo que López de Arriortúa era obligado a abandonar Volkswagen. Incluso, General Motors impuso como condición que Arriortúa no trabajase para la firma alemana, ni siquiera como asesor, en los cuatro años siguientes.

Las férreas condiciones para alcanzar la paz llegaron a complicar el pago de la suculenta indemnización –12 millones de euros– que Volkswagen había pactado con ‘Superlópez’ para facilitar su salida. Así, fueron instrumentados como pagos a la consultora internacional Roland Berger, quien los abonó posteriormente al ingeniero vasco simulando que le había contratado.

Nacido de una cena

En ese contexto, a la búsqueda de una tercera vía para construir una planta de ensamblaje de automóviles en Amorebieta, en un empeño personal de López de Arriortúa y con el apoyo total del entonces presidente del PNV, Xabier Arzalluz, nació la idea de desarrollar el ‘Carmen’.

La idea había brotado en 1995, con López de Arriortúa aún en Volkswagen y cuando ya tenía la convicción de que el escándalo iba a truncar su sueño. Fue, cuentan quienes conocen la intrahistoria, en el transcurso de una animada cena celebrada en Otxandiano, en casa del empresario Jesús Ormazabal, cuando Arriortúa convenció a Arzalluz de que había que impulsar un diseño y una empresa propia. Y días más tarde Arzalluz, presidente entonces del partido en el poder, también ‘convenció’ –por llamarlo de alguna forma– al entonces presidente de BBK, José Ignacio Berroeta, de que aquella genialidad merecía crédito… del bueno, del bancario. Los tres y algún político más llevaban varios años poniéndose su reloj en la muñeca derecha, para recordar cada mañana que tenían un proyecto pendiente.

Pero el 8 de enero de 1998, ‘Superlópez’ tuvo un desgraciado accidente de automóvil en Burgos, cuando volvía con su chófer de un viaje a Madrid y su vehículo se empotró contra un camión. Como consecuencia de aquel siniestro, el ingeniero sufrió un fuerte traumatismo craneoencefálico, que le mantuvo en coma durante algunas semanas y que le dejó secuelas importantes, con las que ha vivido hasta su fallecimiento este miércoles 10 de junio de 2026. El accidente forzó su retiro de la vida profesional y el ‘Carmen’ acabó en el sótano de Kutxabank.

También se quedaron en un cajón los bocetos que ya había preparado y que eran la primera aproximación a los siguientes modelos que debían haber salido de la fábrica de Amorebieta: se llamaban ‘Pilar’, ‘Lourdes’ y ‘Begoña’.

Y entonces… los relojes volvieron a la muñeca izquierda.