Las casas de revista con salones infinitos, pasillos que parecen no terminar nunca y cocinas con islas de ensueño siempre ponen los dientes largos. Pero … la realidad es que la mayoría tenemos que hacer auténticos malabares para guardar las maletas, encontrar un hueco para la tabla de planchar o esperar turno para entrar al baño. Las interioristas vizcaínas Marina Bocos y Ainhoa Mardones, de Era Studio, han conseguido que este apartamento de veraneo de 42 metros cuadrados para un matrimonio vizcaíno y sus dos hijas parezca mucho más grande.

«Antes la casa era prácticamente un pasillo. Todas las puertas estaban cerradas porque había mucha corriente; era como entrar en la oscuridad absoluta. La cocina, el pasillo y el salón eran espacios independientes, pero los hemos convertido en una única zona abierta para ganar amplitud y luz natural. Queríamos abrir el piso hacia el exterior», explican.

(Erlantz Biderbost)

Otro de los retos ha sido «multiplicar la capacidad de almacenaje» para que esta familia de cuatro tenga sitio suficiente para la ropa de cama o los bártulos de la playa. Para ello, las interioristas han aprovechado cada rincón con soluciones muy bien pensadas: «Ahora la casa cuenta con los dos grandes armarios de las habitaciones, el armario de la entrada, el mueble del salón con arcones y las dos camas con arcón, además de un sofá que se convierte en una cama de 1,60 metros para recibir invitados», explican. En la terraza también han añadido un armario para guardar todo lo necesario para los días de playa.

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La cocina, concebida como el corazón de la vivienda, aprovecha cada centímetro sin renunciar a la funcionalidad. A pesar de su tamaño reducido, está totalmente equipada: la zona de cocción y lavado se concentra en un frente, mientras que el opuesto alberga los electrodomésticos de gran formato. Los muebles superiores lacados en beige se combinan con un porcelánico de aspecto pétreo que recorre la encimera, el entrepaño y una de las paredes laterales. La madera actúa como hilo conductor, aportando calidez y reforzando la sensación de serenidad que atraviesa toda la vivienda.

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Una palillería de madera hecha a medida separa la cocina del comedor y el salón sin renunciar a la amplitud ni a la luz natural. La madera de roble, el papel pintado efecto yute y la alfombra aportan textura y calidez al conjunto, mientras que el sofá verde introduce un punto de color. Además, puede convertirse en una cama de 1,60 metros, una solución práctica para recibir invitados. Detrás del sofá destaca un mueble diseñado a medida por el estudio, que refuerza el carácter del espacio e incorpora arcones inferiores para ganar almacenaje.

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Los dormitorios se sitúan al otro lado de la vivienda, mientras que el baño queda junto a la entrada. Esta nueva organización permite que la luz natural llegue a todas las estancias. Aunque se trata de un piso pequeño, cuenta con dos habitaciones. En la principal, las interioristas han creado un dormitorio cómodo y funcional, con una cama de 1,60 metros, dos mesillas y un armario empotrado diseñado a medida.

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El papel pintado y los textiles en tonos terracota envuelven la estancia en una atmósfera cálida y acogedora. «Hemos optado por colocar papel pintado únicamente en la pared del cabecero y hemos combinado dos modelos distintos, separados por una lama de madera, para que uno de ellos funcione como cabecero», explican. Las lámparas suspendidas en acabado ámbar, de la firma valenciana Aromas del Campo, y los tiradores en latón cava cepillado aportan un aire contemporáneo y sofisticado.

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En el segundo dormitorio, las interioristas han optado por una distribución sencilla y funcional, con una cama de 1,20 metros, un pequeño escritorio hecho a medida que también hace de cabecero e incorpora un arcón, y un armario diseñado específicamente para este espacio. «En ambas habitaciones hemos incorporado camas con arcón para aprovechar cada centímetro», explican. El papel pintado en tonos beige de la pared principal refuerza la calidez y crea una atmósfera serena.

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El resultado es una vivienda cómoda y funcional, pero también acogedora, concebida como un refugio para descansar y desconectar en la temporada estival. «Estamos muy contentas. Nos han dado bastante libertad para diseñar y, cuando existe esa confianza por parte del cliente, surgen proyectos así, en los que hemos podido crear una vivienda muy completa, sin carencias y totalmente equipada», aseguran.

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Dos amigas de la universidad

Marina Bocos y Ainhoa Mardones se conocieron mientras estudiaban Diseño de Interiores en IDarte (Escuela de Arte y Superior de Diseño Pública de Euskadi), en Vitoria. Enseguida congeniaron y se dieron cuenta de que formaban un buen equipo. «Éramos como uña y carne. Trabajábamos muy bien, nos entendíamos y hasta los profesores nos decían que teníamos que montar algo juntas».

Ainhoa Mardones y Marina Bocos.

Ainhoa Mardones y Marina Bocos.

Hace año y medio, después de pasar por otros estudios de interiorismo, estas dos vizcaínas de 26 años fundaron Era Studio porque creen en el poder del diseño para transformar espacios y hacer la vida más fácil a quienes los habitan. «Lo bautizamos como ‘Era’ porque en euskera significa ‘modo’ y para nosotras es muy importante esa forma de trabajar. En castellano, además, ‘era’ marca un nuevo inicio, otra manera de hacer las cosas», cuentan. Tienen dos líneas de trabajo: sharp, que reúne los proyectos más arriesgados, donde se atreven a innovar y jugar con colores y materiales; y soft, más relajada y natural, caracterizada por tonos neutros y líneas orgánicas, en busca de ambientes acogedores. «No tenemos un estilo definido, nos gusta adaptarnos a la identidad de cada cliente para que cada proyecto sea diferente», aseguran.