La fragilidad física se define como la presencia de tres o más de estos cinco síntomas: cansancio frecuente; poca o ninguna actividad física; marcha lenta; baja fuerza de agarre; y pérdida de peso involuntaria. Partiendo de que la hipotensión se ha asociado con peores resultados clínicos en personas frágiles, en personas …
La fragilidad física se define como la presencia de tres o más de estos cinco síntomas: cansancio frecuente; poca o ninguna actividad física; marcha lenta; baja fuerza de agarre; y pérdida de peso involuntaria. Partiendo de que la hipotensión se ha asociado con peores resultados clínicos en personas frágiles, en personas con fragilidad física, la hipertensión arterial podría estar asociada a un menor riesgo de demencia, según se desprende de un estudio difundido por la Academia Estadounidense de Neurología en su revista ‘Neurology’.
«Nuestro objetivo fue comprobar cómo se relaciona la presión arterial con el riesgo de demencia en este grupo de personas frágiles», afirmó el autor del estudio, Jason R. Smith, doctor en filosofía de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. «Si bien la hipertensión sigue siendo una preocupación para la mayoría de las personas, es posible que debamos considerar la salud general de los pacientes y si presentan signos de fragilidad al evaluar cómo controlar su presión arterial».
Para el estudio, los investigadores analizaron datos de 6.135 personas con una edad promedio de 75 años, a quienes se les dio seguimiento durante una mediana de nueve años. Al inicio del estudio, 334 personas cumplían los criterios de fragilidad, 2.376 los de prefragilidad y 2.383 los de robustez.
Los autores de este trabajo definieron la prefragilidad como la presencia de uno o dos de estos síntomas. Para el estudio, se comparó a personas con prefragilidad y fragilidad con otras que no presentaban ninguno de los síntomas, a quienes se definió como robustas.
Los investigadores pudieron comprobar que el 30% de las personas con fragilidad o prefragilidad desarrollaron demencia, en comparación con el 16% de las personas robustas. Entre los participantes con prefragilidad o fragilidad, aquellos con presión arterial elevada y aquellos con hipertensión desarrollaron demencia a una tasa de 29,5 y 41,2 casos, respectivamente, por cada 1000 personas-año, en comparación con 42,3 casos por cada 1000 personas-año para aquellos con presión arterial normal.
Las personas-año representan tanto el número de personas en el estudio como el tiempo que cada persona pasó en él. Para los participantes robustos, aquellos con presión arterial elevada e hipertensión desarrollaron demencia a una tasa de 13,3 y 20,2 casos, respectivamente, en comparación con 12,6 para aquellos con presión arterial normal.
Cuando los investigadores ajustaron los datos para tener en cuenta otros factores que podrían afectar el riesgo de demencia, como la edad, el tabaquismo y la diabetes, descubrieron que las personas con signos de fragilidad y presión arterial elevada tenían un 32 % menos de probabilidades de desarrollar demencia que aquellas con presión arterial normal. Los participantes robustos con presión arterial alta tenían un 39 % más de probabilidades de desarrollar demencia que aquellos con presión arterial normal.
«Eligiendo un objetivo óptimo de presión arterial en función de si la persona presenta signos de fragilidad podríamos ayudar a preservar la salud cerebral. No obstante, se necesita más investigación para determinar si controlar la presión arterial de esta manera podría realmente reducir el riesgo de demencia», concluyó el Dr. Smith.