David Hockney era como un Benjamin Button del arte. Como el personaje de Scott Fizgerald, a medida que envejecía, su pintura se hacía más joven, … poderosa y luminosa. Lo demostró regresando a sus orígenes en sus últimas muestras —varias de ellas en el Guggenheim de Bilbao— en las que octogenario y genial artista mantuvo la frescura innovadora de su multifacético arte. Atisbando el futuro y exporando el presente nunca dejó de mirarse en los clásicos. Uno de los creadores más importante e influyentes del último siglo, Hockney ha fallecido a los 88 años según ha confirmado este viernes su representante.

Estrella y pilar fundamental del Pop Art durante los años sesenta, se mantuvo activo hasta sus últimos días y cultivó un sinfín disciplinas además de la pintura, que alternó con la fotografía, el diseño gráfico y la escenografía.

Nacido en Bradford, 1937, el lluvioso condado de Yorkshire se le quedó pequeño a David Hockney , muy hábil con las pinturas desde niño, de modo que se marchó a estudiar a Londres y para finales de los cincuenta ya era un pintor de renombre discreto pero apreciable. Compañero de Peter Blake y R. B. Kitaj, ganó celebridad ya como estudiante, cuando su obra se incluyó en la exposición ‘Young Contemporaries’, que marcaría el surgimiento del arte pop británico.

Como tampoco estaba del todo a gusto en la capital inglesa, en 1963 cruzó el Atlántico y en Estados Unidos encontró el ritmo de vida que le gustaba: en unos diez días se sacó el carné de conducir, se fue con su propio coche a Las Vegas, vendió algunos cuadros, alquiló un estudio y empezó a pintar. Poco después compró su casa en las colinas de Hollywood.

Instalado en Los Ángeles en los setenta, su etapa californiana fue su gran catapulta internacional, en especial su famosísima serie de las piscinas, palmeras, cielos, junto a los retratos de estrellas de Hollywood que le otorgaron un cetro del pop del que acabaría renegando.

Miembro de la Royal Academy desde 1991, el motor de su carrera estuvo en los cambios y desafíos que le llevaron a probar todas las posibilidades de la representación del paisaje y del retrato sirviéndose de todas las técnicas. Su virtuosismo y energía, el profundo conocimiento de los maestros del pasado y su enfoque siempre innovador le convirtieron en uno de los pintores más cotizados.

El Guggenheim de Bilbao ha acogido dos muestras con obra de Hockney , los paisajes de «Una visión más amplia» en 2012, organizada junto a la Royal Academy de Londres, y «82 retratos y un bodegón» en 2018. En esta se plasmaban figuras tan dispares como su dentista, la persona que le lavaba todas las semanas su Mercedes, el poderoso galerista Larry Gagosian o el banquero Jacob Rothschild.

Pintar a sus amigos y conocidos fue su manera de salir de un ictus y de la muerte trágica de uno de sus jóvenes ayudantes. Los invitaron a posar para él y los retrató con un fondo parecido y una misma silla para destacar su particularidad.