—Sí, sí. Aquella historia fue buenísima.
Luis Martín, ex periodista de SPORT y El País, todavía recuerda una de esas jornadas maratonianas con Gaspart que terminó con un desenlace insosechado.
Pocos expresidentes del Barça han recibido tantas críticas de los periodistas y, al mismo tiempo, han logrado despertar en ellos una simpatía parecida. Seguramente porque siempre garantiza una buena historia.
“Yo creo que era invierno de 2003. El Barça acababa de destituir a Louis van Gaal y yo había ido a Madrid porque el equipo jugaba allí aquel fin de semana. En el Sport todos daban por hecho que Joan Gaspart acabaría fichando a Menotti, así que alguien tuvo la idea de que el Topo [Jorge López], que era argentino, siguiera el tema de cerca, y nos vimos metidos en uno de los líos habituales de Gaspart”.
La jornada estuvo marcada por rumores constantes sobre hoteles, encuentros, reuniones y un clima de nervios permanente. Toda la prensa perseguía a Gaspart de un lugar a otro: primero se decía que estaba en un hotel, luego en otro. La típica persecución.

Gaspart en un hotel de Madrid, durante las negociaciones / V. ENRICH / Sport
Con Gaspart pasaba a menudo: parecía que todo estaba controlado, pero al final no se materializaba nada de lo que se anunciaba —y muchas veces ocurría exactamente lo contrario.
“Recuerdo especialmente un hotel donde acabamos todos. Era un hotel supercutre, de batalla. Allí estábamos todos los periodistas pendientes de si aparecía Menotti. Era un hotel de dos estrellas de la cadena de Gaspart. Y de repente, resulta que Menotti no firma”.
‘Lu Martín’, como se le conoce en la profesión, se entera de que Menotti finalmente no es el elegido a través de un tercero.
“Aquí es donde entra Miguel Rico, entonces director adjunto de SPORT, que me dice que deje el hotel porque el entrenador será Antic. En algún momento consigue localizar dónde está. Vivía en una urbanización privada de Aravaca, con seguridad privada, una zona muy exclusiva. Para entendernos, una especie de Pedralbes o Sant Cugat de Madrid. Al final cogimos un taxi y fuimos hacia allí. Éramos Topo López, el fotógrafo Valentí Enrich y yo. A Antic ya lo conocíamos de antes, y eso también ayudó”.

Radomir Antic paseando con su perro / V. ENRICH / Sport
La jornada terminó con una entrevista a Antic en su chalet, un brindis con una botella de cava por su fichaje y un bulldog que “no dejaba de gruñir al fotógrafo mientras hacía las fotos”.
Esa imagen del bulldog rondando mientras conseguían una exclusiva se le quedó grabada a Martín. “Antic estaba encantado, estaba loco por entrenar al Barça en un momento en el que colaboraba en la SER. Se le notaba. Sonreía todo el rato. Era consciente de la dimensión de la oportunidad que tenía delante”.

Radomir Antic posa para SPORT en su casa de Madrid / V. ENRICH / Sport
«Tienes que sacarnos de este follón, ¿quieres entrenar al Barça?»
Así empezó una de las historias más olvidadas del Barça: la etapa de Radomir Antic como entrenador del Barça. Un rescate en mayúsculas, porque aquel equipo estaba rozando el descenso: era decimoquinto en LaLiga.
Antic llegó a un Barça perdido y desorientado que necesitaba una intervención urgente. Y Antic, que era un serbio, muy serbio, aceptó el reto con naturalidad.
Lo recordó Gaspart al periodista Toni Juanmartí en ‘Relevo’: “Tenía buenas referencias sobre Radomir, tanto personales como deportivas. Lo llamé y nos citamos en el Hotel Serrano de Madrid. Nada más encontrarnos le pregunté: ‘Tienes que sacarnos del follón en el que estamos. ¿Quieres entrenar al Barça?’. Y me respondió: ‘Sería mi sueño’”.
Gaspart añadió que Antic fue más allá y se atrevió incluso con una promesa: “Joan, no te preocupes. Si me dejas tiempo os colocaré como mínimo en UEFA”.
Radomir no tardó en detectar que los problemas de aquel Barça no eran únicamente futbolísticos y buscó agitar al vestuario con medidas muy particulares.
“¿Sabes cuáles eran los problemas? —recordó en una entrevista en ‘Jot Down’—. Le dije al capitán, a Luis Enrique, de hacer una convivencia cada viernes, y el primer día vi que los cinco holandeses estaban jugando a las cartas, los argentinos hablando entre ellos… y me dije: ‘aquí está el asunto’”.
“Terminó la primera convivencia y le dije a Luis Enrique: ‘Esto es una vergüenza, la cerveza estaba fría y la tortilla inmejorable, pero ya sé por qué estáis donde estáis. Por mí no vamos a hacer ninguna convivencia nunca más’. Luis Enrique me pidió que les diéramos otra oportunidad. En la siguiente empezaron a hablar entre ellos, y ganamos todos los partidos hasta el final”.

Antic junto a Óscar López / V. ENRICH / Sport
Óscar López, uno de los canteranos a los que recurrió Antic, confirma a SPORT aquellas jornadas de convivencia.
“Recuerdo perfectamente esa intención de fomentar la cohesión. Había diferentes grupos: los holandeses por un lado, los veteranos por otro, los jóvenes de la cantera… Eran sectores distintos que dentro del campo no suponían un problema, pero fuera sí podía tener impacto. Él detectó que eso era un punto débil y quiso cambiarlo por completo”, explica.
“Los viernes muchas veces casi no entrenábamos en el campo. Hacíamos dinámicas de grupo y actividades de convivencia: desayunar juntos, jugar al fútbol tenis o participar en distintas actividades dentro de las instalaciones. Lo importante era interactuar”.
López destaca la capacidad de Antic para llegar al futbolista y pone como ejemplo una conversación privada con él que le marcó.
“Yo siempre he sido una persona educada, que intenta estar en su sitio. Un día entré en el comedor y me quedé sentado esperando a que pasaran los veteranos. Antic se levantó, vino hacia mí y me dijo algo así como: ‘Si estás aquí es porque eres uno más. Tienes que levantarte, desayunar y comportarte como cualquiera’”.
“Con el tiempo te das cuenta del valor de ese mensaje. Puedes ser respetuoso y tener los pies en el suelo, pero también hay momentos en los que tienes que dar un paso adelante y decir: ‘Aquí estoy yo y este es mi valor’”.

Antic, junto a Luis Enrique / P. LARGO / Sport
«Antic le dijo a Valdés: deja de peinarte tanto y sal al campo a parar»
Víctor Valdés también descubrió pronto que Antic era un entrenador sin filtros. “Valdés llevaba entonces una melena considerable y era muy presumido. Antic le dijo algo así como: ‘Deja de peinarte tanto y sal al campo a parar lo que puedas’. Poco después se rapó el pelo”, recuerda Luis Martín.
Antic no solo sacudió el ánimo del vestuario, también aplicó medidas futbolísticas drásticas. Apostó por el clásico 4-4-2 y realizó múltiples cambios de piezas.
“Cambié a siete jugadores de posición y Xavi fue uno de ellos. Le dije: ‘Xavi, vamos a ver, esto no va con tus virtudes’. Él tenía complejo de Guardiola, de jugar por delante de la defensa. Le propuse adelantarlo 30 metros para aprovechar su pase, su tiro y su capacidad de asociación, teniendo a Overmars y Saviola por delante. Al principio dudó, pero aceptó probarlo”.

Antic da órdenes a sus jugadores / Z. CZIBOR / Sport
Antic también detectó las dificultades de Frank de Boer ante delanteros rápidos y apostó por Puyol como central, cambió de banda a Overmars, dio protagonismo a Iniesta y consolidó a Valdés en la portería. Otra de sus grandes aportaciones fue la explosión de Motta (¿quién no se acuerda de su actuación ante Zidane en el Bernabéu?)
“Cambió varias cosas clave”, resume Óscar López. “El sistema con dos delanteros permitía complementar perfiles: Saviola aportaba movilidad y ruptura, mientras Kluivert era más posicional. También el cambio de Overmars a la banda derecha le dio más profundidad, porque en la izquierda era más previsible con ese recorte que hacía siempre. Y Xavi empezó a tener más llegada al área”.

Saviola dio un gran rendimiento con Antic en el banquillo / P. LARGO / Sport
Antic cogió al equipo en la decimoquinta posición y lo dejó sexto. Sumó 33 puntos de 56 posibles, casi un 59%, suficiente para asegurar la clasificación europea.
Aquel Barça llegó a cuartos de Champions, donde cayó dramáticamente ante el gol de Zalayeta en la prórroga, pero salvó la temporada en la Liga.
Pese al rendimiento, Antic supo por boca de Begiristain que no continuaría: “Nuevo presidente, nuevo entrenador”. Empezaba la era Laporta y, con el consejo de Cruyff, se apostó por Rijkaard.
El técnico serbio, que murió en 2020 a los 71 años, nunca olvidó aquella experiencia: “Aquellos seis meses para mí fueron seis años. Había cuatro presidentes y cada día se hablaba de uno distinto, del nuevo fichaje estrella o del nuevo entrenador. Siempre estaban en campaña”.