En el 32º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Airam Jenny Dávalos Marín, coordinadora del Grupo de Dermatología de la sociedad científica, y José Miguel Álvarez Cabo, miembro del Grupo de Trabajo de Diabetes, defendieron un abordaje integral de la psoriasis como una enfermedad que va mucho …

En el 32º Congreso Nacional de la Sociedad Española de
Médicos Generales y de Familia (SEMG)
, Airam Jenny Dávalos Marín, coordinadora
del Grupo de Dermatología de la sociedad científica, y José Miguel
Álvarez Cabo
, miembro del Grupo de Trabajo de Diabetes, defendieron
un abordaje integral de la psoriasis como una enfermedad que va mucho más allá
de las lesiones cutáneas y que exige vigilar comorbilidades metabólicas,
cardiovasculares y psicológicas.

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria
crónica inmunomediada
que afecta aproximadamente al 2-4 % de la población.
Aunque tradicionalmente se ha asociado a la presencia de placas descamativas en
la piel, se trata de una patología sistémica cuya repercusión alcanza múltiples
órganos y sistemas.

Detrás de las lesiones cutáneas existe una alteración
inmunológica sostenida que favorece la inflamación crónica y ayuda a comprender
tanto las manifestaciones de la enfermedad como su asociación con numerosas
comorbilidades. Destacaron que el médico de familia desempeña un papel
fundamental en la sospecha diagnóstica, el seguimiento y la detección precoz de
complicaciones.

Las lesiones características aparecen como placas
eritematosas bien delimitadas con descamación plateada
, habitualmente
localizadas en codos, rodillas, cuero cabelludo y región lumbosacra. Incidieron
en la importancia de explorar de forma sistemática otras localizaciones que con
frecuencia pasan desapercibidas, como las uñas, los pliegues, las palmas y
plantas o la región genital, ya que pueden condicionar de manera significativa
la calidad de vida del paciente.

Durante la sesión se repasaron las principales formas
clínicas de la enfermedad. La psoriasis en placas, también denominada
psoriasis vulgar, representa alrededor del 9 0% de los casos. Sin embargo,
existen otras variantes, como la guttata, la pustulosa, la eritrodérmica, la
inversa o la afectación ungueal, que requieren un reconocimiento adecuado para
orientar correctamente el manejo.

Otro de los aspectos destacados fue el diagnóstico
diferencial
, ya que la psoriasis puede confundirse con otras dermatosis
frecuentes en Atención Primaria. Entre ellas se encuentran la dermatitis
seborreica, los eccemas y las infecciones fúngicas. La dermatitis seborreica
suele presentar una escama más fina y grasa, mientras que las tiñas muestran un
borde activo y un crecimiento centrífugo característico. Asimismo, alertaron
sobre la denominada «tiña incógnita», una infección fúngica enmascarada
por el uso previo de corticoides.

Una historia clínica detallada y una exploración física
completa continúan siendo las herramientas más importantes para alcanzar el
diagnóstico. En situaciones de duda, las pruebas micológicas y, en determinados
casos, la biopsia cutánea pueden ayudar a confirmar el origen de las lesiones.

La artritis psoriásica ocupó igualmente una parte
relevante de la sesión. Según se expuso, hasta un 30 % de los pacientes con
psoriasis pueden desarrollarla a lo largo de su evolución. Dolor inflamatorio,
rigidez matutina, dactilitis o entesitis son algunos de los síntomas que deben
alertar al médico de familia. Los expertos recomendaron utilizar herramientas
de cribado como los cuestionarios PEST o EARP para facilitar una identificación
precoz y derivar a los pacientes cuando sea necesario.

La inflamación mantenida asociada a la psoriasis favorece la
aparición de obesidad, hipertensión arterial, dislipemia, diabetes tipo 2,
síndrome metabólico, ansiedad y depresión
. Estas asociaciones responden a
mecanismos inflamatorios compartidos y obligan a realizar un seguimiento más
amplio que el estrictamente dermatológico.

La evidencia disponible muestra que los pacientes con formas
graves presentan un mayor riesgo de infarto agudo de miocardio, enfermedad
coronaria y mortalidad cardiovascular. Además, cuanto más severa es la
psoriasis, antes aparecen los eventos cardiovasculares.

Por este motivo, el manejo de estos pacientes debe incluir
la evaluación periódica de los factores de riesgo modificables, el control de
la presión arterial, la glucemia y el perfil lipídico, así como el cálculo del
riesgo cardiovascular global. Del mismo modo, algunas recomendaciones recientes
ya contemplan la evaluación cardiovascular rutinaria en pacientes con
psoriasis, especialmente en aquellos con enfermedad extensa, artritis
psoriásica o una larga evolución clínica.

La parte final del simposio se centró en uno de los grandes
desafíos en el tratamiento: la adherencia terapéutica. Muchos pacientes
no utilizan los tratamientos tópicos de forma adecuada o los abandonan de
manera precoz. Entre los motivos más frecuentes se encuentran las texturas
grasas, la incomodidad de aplicación y el denominado «miedo a los
corticoides».

En este contexto, es necesario personalizar las decisiones
terapéuticas, tener en cuenta las preferencias del paciente y reforzar la
comunicación médico-paciente. Implicar al enfermo en el tratamiento constituye
una de las herramientas más eficaces para mejorar los resultados clínicos.

Con todo, la consulta de Atención Primaria representa una
oportunidad para cambiar el curso de la enfermedad. Un diagnóstico precoz, la
detección de comorbilidades cardiovasculares y metabólicas, el cribado
de la artritis psoriásica y el impulso de la adherencia terapéutica
permiten ofrecer una atención más completa. Porque la psoriasis debe entenderse
hoy como una enfermedad sistémica que obliga a mirar mucho más allá de la piel.