Cuando Delphine Horvilleur (Nancy, 51 años) fue ordenada rabina, solo había tres en Francia. Tras vivir en Jerusalén y en Nueva York, cría a sus hijos en París. Allí es la entrevista. Cerca de su casa, en un café del Marais. La mujer con prisas y aparentemente desconfiada que inicia la conversación cambia de actitud a lo largo de la charla.
Cambió la medicina por el hebreo.
Crecí en Francia y con 17 años me fui a vivir a Jerusalén. Me integré. Pero cuando Isaac Rabin fue asesinado por un fanático de la extrema derecha, decidí irme.
Rabin defendía el diálogo con Palestina.
Por eso me fui y estudié árabe en Beirut. Creo que las palabras pueden crear y destrozar mundos. Es crítico aprender el idioma del otro. El hebreo y el árabe están cerca. La pureza es siempre una mentira. El yidis es una lengua construida con otras: ruso, alemán, francés, hebreo…
¿Esa mezcla retrata al pueblo judío?
Los judíos somos lo que la historia hace de nosotros. Cómo procesamos lo que nos pasa nos hace.
Cuando Rabin fue asesinado, escribió que su judaísmo y el de los asesinos no era el mismo.
Que el asesino del primer ministro lo hiciera en nombre del sionismo cuando yo me describía como sionista me llevó a una crisis existencial. ¿Cómo, perteneciendo al mismo grupo, para el asesino el camino era matar a quien para mí podía conducirnos a la paz? Ahí comencé a preguntarme por el sentido de las palabras.
Delphine Horvilleur, en su casa de París.Ed Alcock
¿El sionismo ha sido secuestrado por fanáticos?
En cualquier ideología, los fanáticos gritan y secuestran la conversación. No importa el porcentaje del grupo que representan. Casi diariamente recibo amenazas de judíos de extrema derecha porque condeno lo que está pasando en Gaza y critico la política actual de Israel. Me llama la atención su lenguaje: emplean la primera persona del plural. Dicen: “Te odiamos”. Son el nosotros. Hablan en nombre de los judíos. Sin embargo, cuando la gente me apoya, habla en primera persona: “Estoy de acuerdo contigo”. ¿Quiénes somos para hablar en nombre de un colectivo? Un grupo de individuos es mucho más fuerte que uno hecho de gente sometida a un discurso.
¿Los judíos consideran el comentario más importante que el texto?
El Talmud es un libro de gente que no está de acuerdo y expone sus razones, no su cerrazón. Los judíos han sobrevivido, a lo largo de la historia, porque han sabido manejar el desacuerdo. En francés, la expresión: tombé d’accord [estar de acuerdo] es caerse de una idea. Uno se levanta cuando se da cuenta. Amar al otro implica no entenderlo completamente. Los radicales, los ultranacionalistas, defienden matar para tener razón. Matar a los otros es apropiarse de su narración. Si queremos entender lo que está pasando en Oriente Próximo, tenemos que partir de la premisa de que ambas peticiones son justas. Me preocupa tanto quien defiende solo a los judíos como quien solo mira por los palestinos. La historia demuestra que los judíos no están protegidos en ningún lugar del mundo. Y merecen tener un lugar donde sentirse protegidos. A la vez, los palestinos merecen justicia, soberanía y protección.
Delphine Horvilleur, en su casa de París.Ed Alcock
Jean-Paul Sartre escribió que el antisemita es alguien que tiene miedo de sí mismo.
Racismo es odio al otro desde un sentimiento de superioridad. El antisemitismo, en cambio, está basado en un sentimiento de inferioridad. Los antisemitas piensan con frecuencia que si los judíos no existieran su vida sería más fácil. Es una manera de delegar la responsabilidad, pensar que lo que te sucede no es culpa tuya.
¿Los judíos siempre se responsabilizan?
Preguntar por “los judíos” es un error. Si podemos hablar de forma colectiva, será de una experiencia común de amenazas y de un modo supervivencia que la historia nos ha enseñado a activar. Les digo a mis hijos que, a pesar de haber crecido en Francia, tener una familia y una casa, deben mantenerse alerta y ser capaces de reinventarse. Como judíos, serán los primeros en ser amenazados.
¿Por qué el sufrimiento de los judíos los refuerza y no sucede lo mismo con otros colectivos?
¿Cree que los refuerza? Ser judío es una sucesión de amenazas. Ninguna nación ha querido jamás protegerlos. Alemania es hoy una nación segura para los judíos. Pero… fíjese lo que pasó. A mediados del siglo XIX, los judíos alemanes estaban en la universidad, en la política, en la sanidad… Y… fueron atacados. Los judíos han aprendido de la historia que nunca encontrarán la paz. De España fueron expulsados. No puedes dar una lección a nadie cuando no eres capaz de proteger a esa persona. Por eso todavía soy sionista, porque creo en el derecho a la autodeterminación de los judíos. Creo que hay una promesa, en el Estado de Israel, de protección que ninguna otra nación fue capaz de ofrecer.
¿Cómo construir confianza con Netanyahu?
Debemos dejar claro que ni su discurso, ni el de sus amigos políticos, define lo que Israel es. Y hacer todo lo que podamos para fortalecer las voces democráticas en Israel. Con frecuencia me identifico con una propalestina. No es una broma. Es una manera de decir que si quieres entender algo, tienes que escuchar a ambos bandos. Estoy en contacto diario con rabinos y asociaciones que pasan días y noches en territorio palestino para proteger a los palestinos físicamente, con su cuerpo. No son la mayoría. Pero existen y nos necesitan para su lucha.
¿La mayoría apoya a Netanyahu?
En ambos lados hay gente aterrorizada sin ninguna confianza en el otro. Para muchos israelíes, el 7 de octubre, y el secuestro de los civiles, demostró que no pueden fiarse de nadie.
¿Cómo justifican atacar Líbano?
Estamos teniendo esta conversación a miles de kilómetros. Tenemos la obligación de escuchar a las personas por encima de las ideologías. Y ahí es donde veo culpa: en nuestra manera selectiva de manejar la empatía. Puedo entender que quien pierde un hijo se queda sin capacidad para empatizar con el otro. Pero, desde la distancia, deberíamos ser capaces de escuchar.
¿Mantiene esa distancia?
En noviembre del año 2000 trabajaba como periodista en Jerusalén. Una bomba rompió los cristales de mi apartamento. La policía nos sacó a mi madre y a mí descalzas. Dos personas de mi calle murieron. Sentí ira y odio. Lo más fácil es desear la muerte a quien amenaza tu vida. Es la opción natural. Pero cuando vives fuera, no tienes excusa para no esforzarte en tratar de ver más allá del odio. Es mi caso hoy.
Tras escribir sobre judaísmo empezó a hacerlo sobre la muerte. ¿Qué ocurrió?
He escrito sobre la muerte porque forma parte de la vida. Soy escritora, profesora y tengo una congregación, acompaño a la gente en sus celebraciones: las bodas, el bar mitzvá [el paso a la madurez] y en sus duelos. Eso es ser rabina.
Un rabino es un maestro.
Lo que te convierte en uno es tu capacidad para enseñar.
¿Qué ha aprendido haciéndolo?
Ser adulto significa saber que no hay manera de reparar lo que se rompe. Si existe una tradición religiosa que te enseñe a vivir roto, esa es el judaísmo. Cuando los judíos se casan se rompe un vaso. Es simbólico. De la misma manera que no se puede reconstruir ese vaso roto, no puedes reconstruir lo que se rompe en tu vida. Pero puedes aprender a vivir con lo roto. Eso se aplica a la política, a la familia, al amor y al dinero. La mayor experiencia espiritual que atravesamos en la vida es aprender a vivir con lo que falta.
Delphine Horvilleur, en su casa de París.Ed Alcock
El Dios del Talmud cree en la risa más que en su importancia.
Una historia en el Talmud cuenta cómo dos rabinos están en desacuerdo y le piden a Dios que indique quién tiene razón y quién no. Pero un rabino le dice a Dios que él no forma parte de la conversación. Que se quede donde está.
Dejar a Dios fuera de juego es casi antirreligioso.
Esperamos que Dios no participe en las conversaciones humanas. Uno debe convertirse si así lo siente después de pensar y estudiar, no si es convencido o abducido. Para existir, la humanidad necesita la pluralidad. No hay que convencer a nadie.
¿Qué le dice a quien quiere convertirse?
Pregunto por qué. El judaísmo tiene más que ver con hacerse preguntas que con tener respuestas.
¿Eso es estar dispuesto a cambiar?
Seguramente. La respuesta habitual de un rabino es: depende. El Pésaj [la Pascua judía] conmemora la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto. ¿Sabe cómo lo celebramos? Pedimos a los niños que nos hagan preguntas. Esperamos las preguntas antes de empezar a contar.
Cómo hablar de la muerte a los niños es su último libro. ¿Cómo?
Adivine la respuesta.
¿Depende?
Claro. Depende de la cultura familiar. En mi familia, había silencio en torno a la muerte. Los niños no iban a funerales. Otras familias necesitan que los niños estén presentes en los cambios que produce la muerte. Por eso cuando la gente me pide consejo, necesito saber de ellos. ¿Han visto llorar a sus padres? ¿Han estado en cementerios?
¿Cómo ha educado a sus tres hijos?
Mis padres fueron la segunda generación tras la Shoá. Absorbieron tanta muerte en su infancia que quisieron protegernos. No supieron ver que lo que no se explica, se imagina. Nosotros hablamos.
¿Cómo llevan sus hijos su dedicación profesional?
Trabajo desde casa. Hablo con gente al límite. Ellos escuchan las conversaciones y bromean. Saben las preguntas que voy a hacer y cuando cuelgo me afean si he olvidado alguna. Saben cómo escuchar porque me han visto escuchar. Y saben cómo hablar de la muerte.
¿Eso te hace más fuerte?
Exponerse fortalece. Mi hija pequeña hizo un discurso en su bat mitzvá. Integró muchas de mis enseñanzas y, por eso, lo hizo en mi contra. Fue sabia. Siempre he enseñado que los niños deben rebelarse y cuestionar los legados que heredan. Y eso hizo.
Que existan rabinas…, ¿qué cambia?
La gente tiende a creer que las rabinas, por naturaleza, serán cuidadosas y escucharán más. No. He conocido a rabinos empáticos y puedo imaginar a rabinas estrictas. Sin embargo, las mujeres han sido apartadas de la conversación durante siglos. Que ahora formen parte de ella amplía la lectura del rabinismo.
La literatura cabalística se preocupa del placer de la mujer.
El judaísmo sospecha del ascetismo católico porque separa cuerpo y alma y el judaísmo lo integra. Está a favor de tocar, oler y saborear, cosa que el catolicismo evita. Tu cuerpo es parte de tu viaje espiritual. El judaísmo jasídico considera que incluso el acto más profano, cómo te atas los cordones, habla de nuestra relación con lo trascendental.
¿Lo cree?
Sí. Me choca verdaderamente cuando las personas que dicen ser religiosas o espirituales le hablan mal a un empleado. Cada gesto habla de nuestras creencias. Los valores no se anuncian, los valores se demuestran. Le contaré una historia. Un rabino estudiaba el Talmud. Estaba tan inmerso en la lectura que no oía llorar a su bebé. Su padre le preguntó: “¿No oyes a tu hijo llorar?”. “No. Estoy estudiando”. “Entonces no estás estudiando bien”, concluyó. El texto no puede ser más sagrado que la vida. El aprendizaje no puede desconectarte de la vida.
En sus funerales los familiares hablan.
En el funeral de su abuela, una niña comenzó a nombrar ingredientes. Compartió la receta del pastel que le hacía. Un hombre dijo que no quería hablar, que apenas conocía a su padre. Pero lo hizo. Contó chistes. Era lo que hacía su padre.
¿Qué le gustaría que dijeran en su funeral?
Querría que recordaran que nunca tuve certezas. También que la gente se riera. No siempre es posible. Si mueres joven o en accidente, no hay espacio para la risa. Pero si mueres anciano y se pueden reír en tu funeral, has hecho algo bien en la vida.
¿Qué hace reír en un funeral?
Las historias de fracaso. “Era tan mala cocinera”, “siempre llegaba tarde”… Esa cercanía aporta verdad y no transforma a los muertos en superhéroes.
¿Por qué en los funerales y cementerios judíos no hay flores?
No están prohibidas, pero se marchitan. Queremos dejar algo sólido. Por eso la tradición es llevar piedras.
El Nobel Elie Wiesel, que sobrevivió al Holocausto, escribió sobre aprender a reaprender.
Mire, todos tenemos el surco nasolabial diferente. Una leyenda explica que, en el útero materno, todos somos sabios. Pero antes de nacer nos visita un ángel que nos calla la boca con el dedo marcando ese surco. Salimos a la vida para aprender lo que sabíamos antes de nacer.
Rut, la bisabuela de David, dijo que el futuro del judaísmo dependía de su capacidad de abrirse a los otros. No está sucediendo en Israel.
Ahora no.
¿Qué va a ocurrir?
El miedo y el trauma pueden hacer que Netanyahu vuelva a ganar las elecciones porque probablemente se presentará como la opción que ofrece seguridad. Israel tiene que ser un país fuerte porque está rodeado de gente que quiere destruirlo. Y, a la vez, debe mantener su ética. La historia judía es un legado ético. La posición actual dificulta que los líderes judíos del mundo podamos expresarnos. En la Biblia, a los reyes los asisten los profetas. Los reyes tienen armas. Reinan para proteger a su gente. Y a veces necesitan ir a la guerra. Pero los profetas necesitan hablar con libertad. Velan por la ética, critican el abuso de poder. Hoy la fuerza ha acallado las voces proféticas. Antes de entrar en una guerra debemos preguntarnos si hacerlo nos transformará en lo que criticamos de nuestro enemigo. Para eso hace falta escuchar y estamos ante líderes que no escuchan. Debemos preguntarnos: en lo que está sucediendo en Israel, ¿estoy ayudando al diálogo o soy parte del problema? La tentación de dividir el mundo entre buenos y malos sin tratar de comprender es fácil. Considerar que Netanyahu es el sionismo es una simplificación terrible. La izquierda es mi espacio político. Pero cuando leo declaraciones de políticos que dicen no tener nada en contra de los judíos, pero sí contra el sionismo…
¿Confunden lo que significa sionismo?
Soy sionista porque considero que los judíos tienen derecho a tener su propia nación. De la misma manera que cualquier ser humano en el planeta debería tener el derecho de sentirse protegido en algún lugar. Si la gente se opone a algo sin saber a qué se está oponiendo, ¿qué puedo hacer yo ante esa falta de cultura? La ignorancia y los malentendidos se han apropiado del discurso. He criticado públicamente lo que está haciendo Israel. He argumentado mi crítica, pero lo que he conseguido es que parte de la comunidad judía me considere antisionista. La mayoría de esos judíos ni habla hebreo, ni ha estado en Israel ni sigue ninguna norma más allá de la de cerrar su mente. Una parte de la comunidad judía, que ignora la cultura judía, se dedica a dar lecciones de judaísmo y de sionismo. Si las palabras han perdido su significado, hay que encontrar nuevas palabras.