En España, el asma sigue siendo una enfermedad muy prevalente, con un impacto clínico y social importante. Según Alicia Padilla, coordinadora del Área de Asma de SEPAR y responsable de la Unidad de Asma del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, en Málaga, «se estima que afecta a más de …



En España, el asma sigue siendo una enfermedad muy prevalente, con un impacto clínico y social importante. Según Alicia Padilla, coordinadora del Área de Asma de SEPAR y responsable de la Unidad de Asma del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, en Málaga, «se estima que afecta a más de dos millones de personas, con una prevalencia aproximada del 5% en adultos y del 4,5% en menores de 15 años». Además, el asma grave representa una proporción menor del total de pacientes, «pero concentra una gran carga de morbimortalidad, consumo de recursos y deterioro de la calidad de vida».

La prevalencia de la enfermedad está en aumento, de acuerdo con los datos aportados por la SEAIC. Padilla opina que, probablemente, este fenómeno es multifactorial. «Sabemos que en el desarrollo y la expresión clínica del asma intervienen factores del propio paciente, como la atopia, la rinitis o la obesidad, junto con factores ambientales, entre ellos la contaminación, el tabaco y la exposición a alérgenos. A ello se añaden cambios en el entorno urbano, en los estilos de vida y, previsiblemente, el efecto del cambio climático sobre la exposición a pólenes y otros desencadenantes respiratorios. También hay que tener en cuenta que hoy diagnosticamos mejor y registramos mejor la enfermedad que hace años». Por tanto, «el aumento observado responde tanto a una mayor carga real en determinados contextos como a una mejor capacidad de detección».

A pesar de las cifras, el escenario en España ha mejorado, en tanto que «hemos avanzado mucho en el conocimiento de la enfermedad, en su caracterización clínica y en la disponibilidad de tratamientos más eficaces, lo que ha contribuido a mejorar el pronóstico y a reducir ingresos y mortalidad». Aun así, persisten retos relevantes, «como el infradiagnóstico, el mal control en una parte de los pacientes y la necesidad de un acceso más homogéneo a unidades especializadas y a estrategias de medicina de precisión».

Biomarcadores y anticuerpos monoclonales



Incidiendo en los avances diagnósticos y terapéuticos con mayor impacto en el abordaje del asma, señala como uno de los más importantes «el refuerzo de la necesidad de un diagnóstico objetivo, basado en la demostración de variabilidad del flujo aéreo, evitando tanto el infradiagnóstico como el sobrediagnóstico». En ese contexto, «la espirometría sigue siendo fundamental, y biomarcadores como la fracción exhalada de óxido nítrico y los eosinófilos en sangre nos ayudan cada vez más a identificar la inflamación tipo 2 y a personalizar decisiones». En el terreno terapéutico, «disponemos de anticuerpos monoclonales dirigidos frente a distintas dianas, como IgE, IL-5/5R, IL-4Rα o TSLP, lo que nos permite seleccionar mejor el tratamiento según el perfil clínico y biológico de cada paciente, reducir exacerbaciones y disminuir el uso de corticoides orales», expone la experta.

En este sentido, un estudio de la UCM abre la vía a una posible vacuna preventiva, lo cual constituye «una línea de investigación muy prometedora». «Si estos resultados llegaran a confirmarse en humanos, el impacto potencial sería muy relevante, porque supondría avanzar desde un modelo centrado en controlar la enfermedad una vez establecida hacia otro con capacidad de intervenir antes de que se consolide la inflamación alérgica de la vía aérea». Dicho esto, «a día de hoy no estamos ante una herramienta aplicable en la práctica clínica, sino ante una estrategia innovadora que necesita validación clínica rigurosa».

En resumidas cuentas, «me gustaría subrayar que hoy el asma puede controlarse mucho mejor que hace unos años, incluso en sus formas más complejas, pero para ello es imprescindible combinar diagnóstico precoz, educación sanitaria, buena técnica inhalatoria, adhesión terapéutica y una valoración especializada cuando el paciente no está bien controlado», recalca Padilla.