La prevención y el manejo precoz de las exacerbaciones continúan siendo uno de los principales retos en la atención a los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). En el marco del 32º Congreso Nacional de Médicos Generales y de Familia (SEMG), el taller de procedimientos Adelantarnos a la Exacerbación: Estrategias para Optimizar el Manejo …
La prevención y el manejo precoz de las exacerbaciones
continúan siendo uno de los principales retos en la atención a los pacientes
con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). En el marco del 32º
Congreso Nacional de Médicos Generales y de Familia (SEMG), el taller de
procedimientos Adelantarnos a la Exacerbación: Estrategias para Optimizar el
Manejo de la EPOC, moderado por Yolanda Martín Blázquez, médico
de familia y co-coordinadora del Grupo de Respiratorio de SEMG, abordó las
herramientas para identificar de forma temprana el riesgo de descompensación,
mejorar el seguimiento de los pacientes y reducir el impacto de las
agudizaciones.
Verónica Zurdo de Pedro, médico de familia y
co-coordinadora del Grupo de Cronicidad de SEMG, y Fernando Albiñana
Fernández, miembro del Grupo Respiratorio de la sociedad científica,
analizaron las claves para una atención más proactiva y personalizada de esta
patología. Para introducir el debate, Martín Blázquez presentó el caso clínico
de Paquita, una mujer de 54 años, fumadora, con EPOC diagnosticada dos años
antes, mala adherencia al tratamiento inhalado y errores en la técnica de
inhalación. La paciente acudió a consulta por un empeoramiento brusco de la
disnea, tos con expectoración y febrícula. El auditorio identificó rápidamente
el cuadro: un síndrome de agudización de la EPOC (SAE).
Albiñana Fernández recordó que el SAE es un episodio de
inestabilidad clínica provocado por el agravamiento de la limitación al flujo
aéreo o del proceso inflamatorio subyacente. Este empeoramiento agudo obliga a
una actuación rápida para evitar complicaciones y deterioro funcional.
El ponente incidió en que las exacerbaciones no son
acontecimientos aislados. Cada episodio contribuye a empeorar la función
pulmonar, aumentar la disnea y deteriorar la calidad de vida. Además, favorece
la aparición de nuevas exacerbaciones, incrementa los ingresos hospitalarios y
se asocia a una mayor mortalidad. Tras una agudización puede producirse una
pérdida de función pulmonar que no siempre se recupera, llegando a registrarse
descensos de hasta un 25 %.
Uno de los mensajes más destacados de la sesión fue la
estrecha relación entre las exacerbaciones y el riesgo cardiovascular. «El
22 % de los pacientes con una exacerbación EPOC muere al año», advirtió
Albiñana Fernández. Según explicó, durante los cinco primeros días tras una
agudización el riesgo de sufrir un infarto de miocardio aumenta un 127 %,
mientras que entre los días seis y diez permanece un 74 % por encima de la
situación basal. El riesgo de accidente cerebrovascular se incrementa un 40 %
en ese mismo periodo.
Asimismo, citó datos del estudio EXACOS-CV, que muestran que
el riesgo de sufrir un evento cardiovascular grave o fallecer por cualquier
causa se multiplica por más de veinte durante la primera semana tras una
exacerbación grave y puede mantenerse elevado hasta un año después. A su
juicio, la EPOC debe considerarse por sí misma un factor de riesgo
cardiovascular. «Hay que dejar de pensar en tratar síntomas y empezar a
prevenir mortalidad y eventos cardiovasculares», manifestó.
Respecto al manejo del SAE, Albiñana Fernández señaló que el
primer paso consiste en confirmar el diagnóstico, valorar la gravedad del
episodio e identificar tanto el factor desencadenante como los rasgos
tratables. La clasificación en exacerbaciones leves, moderadas, graves y muy
graves condiciona las decisiones terapéuticas y la necesidad de derivación
hospitalaria.
La intensidad de la disnea, el nivel de conciencia, la
frecuencia respiratoria y el intercambio gaseoso son algunos de los parámetros
que deben analizarse. Mientras que las exacerbaciones leves pueden tratarse
intensificando la broncodilatación, las moderadas requieren añadir corticoides
orales y, cuando están indicados, antibióticos. Las graves precisan ingreso
hospitalario y vigilancia estrecha. El criterio que mejor predice una infección
bacteriana, aseguró el ponente, es el cambio en la coloración del esputo.
El seguimiento tampoco debe finalizar con la resolución del
episodio agudo. Albiñana Fernández insistió en la necesidad de una revisión
precoz, idealmente a las 72 horas, para evaluar la evolución clínica, revisar
la técnica inhalatoria y la adherencia terapéutica, reforzar la educación
sanitaria y valorar la necesidad de ajustar el tratamiento de mantenimiento.
La segunda parte de la sesión se centró en la optimización
del tratamiento de mantenimiento. Utilizando de nuevo el caso de Paquita, Zurdo
de Pedro puso el foco en la importancia de adaptar la estrategia terapéutica
a las características reales del paciente. En personas con errores críticos
en la técnica inhalatoria o baja adherencia, simplificar los dispositivos puede
resultar tan importante como intensificar el tratamiento.
Remarcó una de las principales novedades de la guía GOLD
2026, que una única exacerbación moderada o grave en el último año ya puede
justificar una escalada terapéutica. Del mismo modo, repasó la evidencia del
estudio ETHOS, que mostró que la triple terapia inhalada fija (LAMA/LABA/ICS)
reduce las exacerbaciones y mejora el pronóstico en pacientes con EPOC de mayor
riesgo.
Zurdo de Pedro puntualizó que, en pacientes que continúan
exacerbándose pese a recibir doble broncodilatación, la escalada a triple
terapia se recomienda especialmente cuando presentan niveles de eosinófilos en
sangre iguales o superiores a 100 células/µL. El objetivo es alcanzar una
situación de baja actividad de la enfermedad, minimizando las exacerbaciones y
sus consecuencias.
Apuntó que el control de la EPOC va mucho más allá del
alivio sintomático. A corto plazo, se busca mejorar la tolerancia al ejercicio
y la calidad de vida; a largo plazo, prevenir la progresión de la enfermedad,
evitar nuevas agudizaciones y reducir la mortalidad. Para lograrlo, argumentó,
es imprescindible combinar el tratamiento farmacológico adecuado con una
correcta técnica inhalatoria, una buena adherencia y la implicación activa del
paciente en el manejo de su enfermedad.