Cantante, actriz, guionista, figura de las redes sociales… Es difícil definir a una artista polifacética como Samantha Hudson (León, 1999), aunque ella lo hace en … tres palabras sin pudor alguno: «payasa de manual». Con ese característico humor que la define, con el que no se toma en serio ni a sí misma, explica que el encuentro que se celebrará el lunes en elPalacio Europa es una «reunión de guapas». Esta charla entre amigas impulsada por la Escuela Tomás y Valiente se celebrará a las 17.00 horas en el auditorio Francisco de Vitoria con entrada libre para «debatir el panorama actual y ver qué se puede hacer con toda esta oleada de odio masiva».

– ¿Cuál es el panorama actual?

– Hay alarma porque hay una radicalización de los hombres jóvenes hacia la ultraderecha, pero muchas chicas siguen estando a favor de discursos de izquierda. Creo que los tentáculos del fascismo se extienden hasta lugares inexplicables, incluido nuestro propio discurso.

– ¿Cómo?

– En nuestros espacios hablamos de lo que está mal y lo que hemos perdido. Responde a una preocupación por señalar y confrontar el problema, pero creo que es una estrategia más de todos estos sinvergüenzas para que incluso nuestros espacios de diálogo estén ocupados por sus maldades.

– ¿Hasta dónde llega el desencanto en la izquierda por los continuos escándalos? Ábalos, Cerdán, Zapatero, Leire Díez…

– La gente está muy desesperanzada en general debido a problemas como el de la vivienda, que nadie parece querer resolver, o la precariedad laboral en un mundo que no te ofrece ninguna agencia real para alcanzar tus objetivos. Todo ello en una sociedad que cada vez olvida más el pasado, nuestro recorrido y nos condena a repetir los mismos errores. Creo que es natural que haya toda esa desconfianza por las instituciones cuando también hay mucha violencia sistémica.

– ¿En qué sentido?

– Constantemente vemos a los cuerpos de seguridad del Estado acompañando a agitadores ultra como Vito Quiles, fascistas que van a enfadar a la gente joven en las universidades, queriendo generar controversia y difundir discursos de odio que vulneran nuestros derechos. Y después esos mismos cuerpos de seguridad empujan a una profesora al suelo en una manifestación por la educación pública.

– ¿Cree que estos «agitadores» y su discurso en redes sociales han impulsado la ultraderecha entre los jóvenes?

– Las redes sociales amplifican mucho sus discursos entre los jóvenes. Hablamos de una generación que    ya no se informa a través de los medios generalistas. Leen un foro, ven un vídeo de YouTube o están en contacto con un ‘streamer’. Además, la ultraderecha te ofrece una respuesta muy simple.

– ¿Cuál?

– Te dicen que si tienes problemas, no señales a los de arriba, señala a los que tienes al lado o debajo. No te movilices para luchar contra la especulación inmobiliaria, la culpa son los inmigrantes ilegales. Para los hombres, ahora hay un movimiento que por primera vez en su vida no les baila el agua y les señala la violencia que cometen. La ultraderecha no les pide que hagan introspección, señala y culpa a las feministas. Es una estrategia muy antigua que protege a terratenientes, grandes fortunas y fondos de inversión para que estos lunáticos puedan comprar el mundo.

– ¿Qué aconseja para combatir ese discurso?

– Hay que intentar erotizar a la izquierda de nuevo, que resulte sexy a los jóvenes. También hay que recuperar la sensación de colectividad, la esperanza de que se puede hacer y de que tenemos alternativas. Hemos vivido momentos de muchísima más represión y a pesar de todo eso hemos resistido. Es una cuestión de organizarse y recordar que no todo es política institucional. Lo más poderoso es la movilización en la calle, los barrios, los sindicatos de inquilinas. Euskal Herria es un gran referente de eso, tiene una forma excelente de hacer política en la calle.

– ¿Le gusta visitar Euskadi?

– Ojalá solo tocar conciertos en el País Vasco. Hay muchas ganas de pasárselo bien en mis conciertos. Es que menuditos son los vascos, les podría traer un álbum de ambiente rock progresivo y estarían a pie de cañón disfrutándolo como los que más.

– Su nuevo disco, ‘Música para Muñecas’, no es rock progresivo. Hábleme de él.

– Surge en un momento bastante terrible de mi vida, cuando empiezo a ir a la psicóloga y me doy cuenta de que no he procesado nada desde que tengo 15 años. Es un cuaderno de bitácora de una persona disidente de género persiguiendo sus sueños en una ciudad inclemente que te escupe sin ningún tipo de pudor.

– Está dedicado a las mujeres trans.

– Así es, mis muñecas. Es un diario personal pero también es una experiencia universal muy de las monstruas. Y esa convergencia nos ayuda a tejer redes de apoyo. Me ha hecho sentirme acompañada porque hay otras personas que saben lo que se siente sufrir homofobia en el instituto. También me he dado cuenta de que no es mi culpa, es una cuestión estructural, social y cultural. Dejas de ser un mariquita que tiene que solucionar sus problemas por ser mariquita.

– ¿Tocará en Vitoria?

– Espero que sí, estoy deseando volver a la sala Jimmy Jazz.