Ibon Ruiz (Vitoria, 1999) es un corredor radiante. Envuelto en una sonrisa que durará para siempre cada vez que escuche o vea la palabra MercanTour. … Es la prueba gala en la que hace once días logró algo más que su primer triunfo como profesional. Cumplió un sueño, levantó los brazos en una carrera alpina de más de 4.000 metros de desnivel y rompió más de dos años sin una victoria alavesa en el pelotón. Desde ese momento, tiene claro que su carrera ha podido cambiar. Acaba contrato a final de año. Y el teléfono de su agente no ha dejado de sonar.

– ¿Lo esperaba así?

– Estuvo bien. Pensaba que iba a llorar, porque soy bastante emotivo, pero no he soltado ni una lagrimilla. Quizás ver ganar a compañeros o saber que estaba cerca y algún día tenía que tocar me ha hecho vivirlo más asentado. Estoy contentísimo, pero fue raro. No me dieron ni una botella de champán para abrir en el podio ni un ramo de flores para darle a mi madre o a mi novia.

– ¿Cómo fue esa primera llamada a la familia?

– Tardé horas. No tenía el móvil, digo, ‘¿me podéis traer el móvil?’ No, es que está en la autocaravana lejísimos. Así que a esperar. Entrevista de ganador, podio, control anti-doping. Tuvimos más de dos horas de control. A mí sólo me tocó orina pero a Pozzovivo le tocó también sangre y no le encontraban dónde pincharle. Tardamos muchísimo. Ya me trajeron la mochila. Pude cambiarme y hacer videollamada a mi novia, que estaba trabajando. Mandé un whatsapp a mis padres y les dije que les llamaba cuando acabara. Pero entre que tardamos, luego para bajar de la estación de esquí iba de copiloto y si cojo el móvil me mareo… Pues ya en el aeropuerto pude hablar con ellos ya en calma.

– ¿Es adictiva la sensación de ganar? ¿Ahora lo desea más?

– Todavía estoy saboreando esta. Pero entiendo que sí. Lo que te da el competir es esa adrenalina.

– ¿La constancia le define como corredor?

– Justo me lo puso un preparador del equipo, me dice ‘todos tus días son buenos’. Hombre, sí que tengo días mejores y peores, pero los he sabido ajustar y que el malo no lo sea tanto.

– ¿De dónde viene la mejora de resultados de los dos últimos años?

– Entiendo que de mi cabeza y de la forma de trabajar también. Cambié de preparador, ahora estoy con Francisco Cabello, que ya llevaba tiempo diciéndome que apuntara bien, que estaba para ganar. Me ha ayudado a motivarme y cambiar la forma de entrenar, de trabajar en casa y todo. También trabajo con una psicóloga que me dice las cosas claras y me está viniendo bien.

Ibon se hizo el tatuaje de la bicicleta con 17 años.

Ibon se hizo el tatuaje de la bicicleta con 17 años.

(Igor Martín)

– ¿El ciclismo profesional es frustrante?

– Más que satisfactorio. El ciclismo es muy injusto. Dejas de entrenar una semana y estás en la mierda. Muchas veces vas a entrenar y no te salen los resultados, no te salen tus números. El año pasado fui a China. Como era una carrera que estaba en altitud, no andaba ni para atrás. Fue volver, tuve dos días buenos y ya no la moví en todo lo que quedó de año. Pues es frustrante porque pasas de hacer un buen año a estar todo el día con el run run de que no ando. Y dices, este no es mi nivel. Encima, si no te dejan coger aire y te obligan a terminar todas las carreras porque te da mala imagen bajarte, pues es seguir cavando el hoyo más al fondo, que luego cuesta más salir para arriba.

– No da la impresión de que se obsesione con los números.

– Cada uno tiene su obsesión. Haces un buen entreno y mi preparador a la hora ha resumido el entreno. Me lo manda y ya estás mirando ahí el vatio kilo, el no sé qué…

– Cuesta desconectar.

– Sí lo consigo, pero lo que se dice que el deportista es profesional las 24 horas del día es una realidad.

– ¿Cómo llevaron sus padres lo de que quería ser ciclista?

– Siempre me han apoyado. No he sido muy estudioso, entonces cuando estaba haciendo un grado medio me fui a entrenar a Calpe una semana, todo pagado por mis padres, porque ahí estaba en el Lizarte y no veía un duro. Cuando volví a clase me dijeron que había faltado más del porcentaje permitido y que ya no iba a aprobar. Así que les dije que un placer y me fui a casa a decírselo a mis padres. Y me apoyaron también en ese momento pese a ser un nini. Dedicado a la bici pero sin cobrar hasta que ya pasé a profesionales.

– En el Lizarte ganaba con más asiduidad.

– Era diferente. Justo me encontré con Larrinaga cuando volví de Francia y dice, joder, ¿te acuerdas de aquella carrera que nos escapamos de salida los dos y remamos y remamos todo el día? Es la que gané en Llodio, que subió la foto al equipo. El me dijo que ganar así no era casualidad, no era algo así sin más.

– El Kern Pharma también subió una foto con el Aranako en la que estaba fondón.

– Estaba grande, estaba muy grande (risas). También tenían alguna foto todavía mucho peor. Fui de los que tardé en dar el estirón. Yo estaba corriendo y la gente era mucho más alta, yo me había quedado en mi sitio pequeñito, tapón, gordo, hasta que ya en juveniles di un poco más el estirón. En mi primer año de cadetes acabé solo una carrera e hice el último.

– ¿Y eso no le frustraba?

– No, me gustaba. Mis padres me apoyaban. Me llevaban a las carreras y venían a verme para verme retirarme todos los días. Imagínate que cambio. Mi hermano mayor corrió hasta sub-23, y era el que ganaba. Luego dejó la bici y empecé a ganar yo.

– ¿Cuánto le costó asentarse los primeros años como profesional?

– El primer año sí que vas con la motivación, en amateur has sido algo bueno y vienes crecido. Lo malo fue que entramos en pandemia. No iba mal, pero en el confinamiento me dejé llevar, ahí sí que no me cuidaba nada, y luego ya me costó volver otra vez al nivel. En 2021 gané la montaña en Vuelta a Comunidad Valenciana, cogía fugas, hacía un poco más. Luego el equipo me pedía ser un hombre de equipo, trabajar para tus compañeros, en un equipo en el que no hay que trabajar… aquí seguimos la ‘táctica K1’, cada uno como pueda, es hacer y conseguir el mejor resultado posible. Pero bueno, ya se ha visto que con el tiempo cada uno va a su sitio. Aunque hay días que sí necesitas ayuda como el último día de la Itzulia.

– ¿Qué le pasó ahí?

– Normalmente el frío y la lluvia no me van mal, pero claro subimos Gorla la primera vez,sin chubasquero ni nada, tan alegre, y fue llegar al otro lado… corrí con la camiseta interior, el buzo, me puse un chaleco, un chubasquero fino y un chubasquero gordo, cinco capas. Y me echaba el té caliente por encima, no me lo bebía. Y aún así, congelado. Perdí un top-15 que suena más bonito que el top-20.

– ¿Es solo una impresión o se ha caído poco?

– Este año todavía no me he caído. Toco madera. He tenido caídas sin consecuencias, menos la del año pasado en O Gran Camiño. Me rompí dos costillas y la clavícula.

– Pero se recuperó rápido.

– Me operé, y los tres días estaba en la carretera, entrenando. Un poco… medio extranjis, quería que se me viera poco. No estaba ni de baja. Me fueron a dar la baja y les dije, no, no, a mí no me la deis. Que yo pasado mañana en la carretera. Con cuidado de los baches y todo, porque dolía y, bueno, lo peor que tenía era levantarte de la cama.

«O comes o te comen»

– Este año puede volver a la Vuelta, ¿cómo fue la del 2024 para usted?

– En dos fases. La primera fue la mía, de coger las fugas fáciles y dar visibilidad a los patrocinadores y al equipo. Luego llegó la primera victoria de Castrillo y vino todo seguido. Y porque se nos acabó la Vuelta, si no podríamos haber seguido ahí ganando. Me sentí muy afortunado de que justo me tocara compartir habitación con Castri. Dormíamos poco, porque entre la emoción, él estaba emocionadísimo, pero nosotros también, era bueno para todos. Y que es un chaval que es más bueno que el pan. Me sentía casi como si fuesen mías. Igual yo estaba más contento que casi con mi victoria el otro día.

– ¿Logran hacer amistades con compañeros pese a que sean de lejos?

– Sí, depende de los gustos y demás pero con alguno siempre estás hablando por whatsapp. En todos los trabajos tienes tus más y tus menos, pero podemos decir que hay muy buen rollo. Con alguno te ves menos pero ves alguna cosa que te acuerdas de él y se la mandas. Y acabas hablando un día, otro día, otro…

– ¿Y con gente del pelotón?

– Me ha pasado de llevarme muy mal con gente porque yo defiendo mi equipo, tú defiendes el tuyo, chocamos. Y de hacer una concentración en Sierra Nevada y ya te da respeto decirle luego ‘te vas a caer porque no entras’. Antes era ni pensarlo, le dabas y si se cae, se cae. Ahora le dices ‘cuidado, a ver si te vas a caer’ (con tono jocoso).

– ¿Hace falta malicia para estar en el pelotón?

– Tienes que ser perro. O comes o te comen. Ya se ve, hay caídas que son por malicia. A raíz de esto, yo no me podía ver con Diego Pablo Sevilla, del Polti. Coincidimos en una concentración y ya me está diciendo a ver si vienes a mi casa, a Madrid. Y yo igual, a ver si viene aquí. Sí, haces buena amistad. Pasas muchos días fuera de casa y al final te une.

– ¿Esas concentraciones las paga el equipo?

– No. Solo la previa a La Vuelta. El resto no. Yo llevo dos concentraciones en Sierra Nevada y tengo calculado que son unos 1.500 euros cada concentración.

– ¿Y a los del World Tour tampoco?

– Algunos sí, algunos no. Hay de todo. Si vas al CAR, al Centro de Alto Rendimiento, la Federación Española te paga un 40%. Entonces no te sale tan mal el día. Pero te dicen ‘ahora los ciclistas cobrais bien’… pero me tengo que pagar yo todo.

Historias de compartir habitación

– ¿Tiene alguna manía?

– Ponerme la zapatilla derecha primero, poco más. No me gusta que me despierten. O al ir a la habitación lo primero que hago es ponerme el pijama, lavarme los dientes y a la cama con la luz apagada. Y ahí estar con el móvil, la tablet, una peli, lo que sea. Si mi compañero se tumba en la cama vestido, y está con la luz, si le digo que se ponga el pijama porque si no ya veo que me va a molestar. Cada uno somos de un padre y una madre.

– ¿Alguna vez ha tenido que pedir que le cambien de compañero?

– Ahora ya no, me pongo los tapones o lo ‘¿te importa?’ con lo que sea. Todo con respeto. Pero… no he llegado a pedir cambiar, pero irme a otra habitación medio a escondidas, sí. Y con Wentzel, el luxemburgués, me pasó algo gracioso. Un día nos levantamos con la ventana abierta. Le pregunté preocupado por si había pasado algo. ‘No, la abrí yo porque me gusta dormir con la ventana abierta’. Y era invierno en Sierra Nevada. Bueno, lo hablas con él y no hay problema.

– ¿Le gusta estar pendiente de su futuro?

– Ahora está bonito. Está guay. Hay una cosa, otra (risas). Lo decía el otro día a los suegros, ahora todos quieren a Ibon. No lo digo en plan flipado de que vienen todos los equipos ni nada, pero ahora muchos equipos empiezan a preguntar más.

– ¿Solo por haber ganado? ¿Si hubiera acabado tercero?

– Sí, hoy en día sí. Ganar es ganar. El ciclismo se ha convertido en o ganas o consigues puntos.

– Pero ser tercero también está bien.

– No. Para mí sí, pero en el profesionalismo no se valora tanto. Ganar lo cambia todo. Igual que no es lo mismo hacer el 15º que 18º. Depende también del desarrollo, quién y cómo te haya ganado.

– Su podio en Jaén quizás fue más meritorio que esta victoria.

– Eso me emocionó más que ahora. Quedar detrás de Del Toro y Kwiatkowski… cuidado. Llevo buen año, pero esto es una gran ayuda. Lo he dejado en manos de un representante y ya me dice que esto es un plus.

– ¿Incluso para que ahora le quiera un equipo World Tour?

– Se verá (sonrisa).