Han pasado dos días desde que el Papa León XIV partiera de España, pero en la diócesis de Getafe resuena todavía el eco de sus palabras y la alegría de quienes vivieron el acontecimiento desde dentro. Más de un millón y medio de personas en Cibeles, 80.000 en el Bernabéu, 17.000 voluntarios movilizados y tres piedras fundacionales bendecidas para la diócesis son el balance de unos días históricos.
Para hacer ese balance, el Informativo diocesano —emitido cada domingo a las 9:45 horas en COPE, en las frecuencias 101.0, 92.2 y 90.5 FM— ha contado con Jesús Úbeda, vicario episcopal para la Evangelización y la Transmisión de la Fe y uno de los principales organizadores de la visita en la diócesis de Getafe.
Una imagen que lo resume todo
Cuando se le pide que resuma lo vivido en una sola imagen, Úbeda lo tiene claro: la concelebración en la misa del Corpus celebrada en la madrileña plaza de Cibeles. «Estaban los obispos, estaba el Santo Padre en el altar, y todos los concelebrantes extendiendo la mano en la consagración. Fue un momento icónico para mí, porque estaba toda la Eucaristía, el sucesor de Pedro, el sucesor de los apóstoles, todo lo que necesitamos para que Jesucristo siga presente en el mundo».
El vicario reconoce que la respuesta de la gente fue creciendo a lo largo de los días. «En el Bernabéu empezó tímidamente, pero según avanzaba nos íbamos quedando sin invitaciones. En la diócesis fuimos 12.000 y no quedó ni una entrada. Si hubiera habido 5.000 más, las hubiéramos llenado».
Mensajes para guardar
Úbeda destaca especialmente el discurso del Papa ante el Parlamento y su llamada a superar la polarización política. «Habló de una urgencia, de un desarme del lenguaje, para construir una cultura donde la pluralidad no degenere en descalificación permanente». Y añade: «Ojalá que le escuchen».
De cada uno de los grandes encuentros, el vicario guarda una frase. Con los jóvenes: «Sed humanos, hombres y mujeres de carne y hueso». De la cita en Cibeles: «Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar a un hermano». En el Bernabéu, la llamada a salir «de la autorreferencialidad, del grupo donde siempre se canta la misma melodía». Y a los voluntarios, una imagen que, dice, va a tener mucha fuerza: «la levadura de la gratuidad».
Las tres piedras fundacionales
Un momento singular para la diócesis fue la bendición por parte del Papa de las tres piedras fundacionales de las futuras iglesias de San Juan Pablo II en Alcorcón, San Pablo VI en Móstoles y San Vicente de Paúl en Valdemoro.
Para Úbeda, el gesto tiene una lectura profunda: «Es un signo potente que nos une con la tradición apostólica y con la misión que Cristo nos encomendó. En el fondo, cualquier construcción debe levantarse siempre sobre ese cimiento».
El fruto que espera
Preguntado por qué debe quedar después de estos días, el vicario apunta al don de la comunión. «El don de sabernos parte de la Iglesia universal que camina en las diócesis madrileñas, hijos de la Iglesia que el Papa León preside en la caridad». Y recuerda una idea que compartió con los obispos: «La fuerza misionera deriva de la comunión vivida».
Queda ahora, concluye, «un camino precioso de retomar los textos y los gestos que nos ha dejado el Papa para implementar las indicaciones que nos ha dado, que son muchas».
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