Años repletos de éxito, títulos y grandes emociones han marcado parte de la vida de Carlos Moyá, exnúmero uno y exentrenador de Rafa Nadal. Llegó al tenis para poner a los jugadores españoles en el mapa y así lo logró. En una entrevista que ha concedido a Punto de Break, hace un balance de su carrera como tenista y de la presión y el juicio al que someten a Alcaraz por la manera en la que desconecta de la pista.
Muchas han sido las veces en las que se ha juzgado al tenista del Palmar por sus viajes a Ibiza o sus periodos sin tocar la raqueta entre competiciones. Tras recientemente sumarse al lujo náutico, el joven se ha visto, de nuevo, en el ojo del huracán por su comportamiento.

Carlos Alcaraz seguirá cediendo terreno en el ranking ATP tras anunciar que no participará en Wimbledon 2026 / EFE
Una actitud que comparte Moyá; en el podcast ‘Llamada a la pista’ ha confesado estar muy de acuerdo con el método que emplea el murciano para desconectar. «Comparto que él tenga otras inquietudes; al final tiene 23 años, que viva y que disfrute; si se retirara hoy, ya sería un grande de la historia». Para luego lanzar la siguiente reflexión: «¿Quién es más feliz, el que más gana o el que más disfruta haciéndolo? Solo se vive una vez».
Una carrera ‘poco ambiciosa’
En su carrera profesional consiguió conquistar 20 títulos ATP y la posición número uno del mundo. Tras siete años acompañando a Nadal, Moyá asegura no tener ningún pensamiento de volver al circuito y confiesa que desde que ya no forma parte del equipo técnico del manacorense no ha tenido «un minuto de aburrimiento».
Lo que marcó un punto de inflexión en su carrera fue colarse en la final de Australia en el año 97 cuando hacía mucho tiempo que un español no lo hacía. «Llegué a Australia como desconocido y me fui siendo todo lo contrario.
Un resultado que supo a victoria, aunque no levantase el trofeo. No pasó mucho tiempo hasta que Moyá volviera a ser protagonista. Y es que un año después, consiguió reafirmar su talento en Roland Garros alzándose con su único Grand Slam en la arcilla francesa, en una final completamente española tras ganar a otro español, Álex Corretja. «La raqueta con la que jugaba la podías comprobar en el Carrefour, un modelo muy básico, pero con la que conseguía que saliera mucho la bola y eso me gustaba».

Carlos Moyá, durante su etapa como tenista / Archivo
Llegó a tocar el éxito consiguiendo el número uno y con eso ‘se relajó’. Años después bajó del top 10 y eso fue un batacazo para su progresión: «Mentalmente necesitaba descanso, no tuve la ambición de aspirar a más al haber conseguido mis objetivos, y a ese bajón se le suma la lesión que sufrí en una vértebra».
Cuando consiguió reincorporarse, Moyá se hizo con victorias, pero nunca como antes. «El cuerpo es quien te retira, no tú», explicando que retirarse lo supo llevar bien, y que la dificultad radica en tomar esa decisión.
¿Padre o entrenador?
Tener más tiempo disponible permite al extenista pasar más tiempo con sus tres hijos. Y es que su hijo Carlos puede que esté siguiendo los pasos de su padre jugando al tenis, pero Moyá tiene claro cuál es el rol que quiere desempeñar en esta etapa.
Asegura que afronta la crianza de su hijo desde la figura de padre. «Mi papel es ayudarle en lo que pueda, no voy a cruzar líneas; hay pocas relaciones sanas familiares en el circuito«. Moyá no duda de que su misión es educarle en valores: «Yo quiero ser padre, no su entrenador«.
Las relaciones familiares y profesionales pueden volverse en contra de ambos, y algo que casi asegura el exentrenador es que, en caso de que vuelva a trabajar con alguien, sería complicado si hay algún familiar vinculado dentro del ‘team’. «Para mí entrar ahora en un equipo y que uno de los miembros sea familia, me costaría mucho», aclaraba el exnúmero uno.