Humilde y silencioso. Así se adentra Christian Sasa en el océano de Picassos de la Catedral, y hay momentos en los que parece que le gustaría ser invisible o estar solo, como flotando a la deriva en el oleaje, como cuando era niño y se pasaba las horas dibujando como si no fuera a haber un mañana que algún día llegaría aunque él aún no lo supiera: el recogimiento con el que aborda la exposición del universal genio español conmueve y admira. Le faltan ojos a este artista urbano para empaparse hasta el tuétano de la quintaesencia que constituye la muestra ‘Picasso. Raíces Bíblicas’. También se le quedan escasas las palabras, tal es la sorpresa, el fogonazo, el deslumbramiento al recorrer con lentitud de siglos las obras del malagueño. Resopla como hacia adentro, despacio, y musita algo así como: «Es algo impresionante, tan joven». Lo hace señalando una de las primeras obras de la muestra, aquellas que Picasso pintó cuando era apenas un chaval de catorce años.
Para Christian Sasa, cuya obra tiende al realismo, a la figuración (con especial foco en el ser humano), hay cuadros de la exposición que le dejan de todo punto hipnotizado. «Me sorprende la variedad de estilos. Hay muchas cosas que desconocía. Sabía que había tenido una formación muy académica, pero no había visto obras tan diferentes de las que más conocemos de él, especialmente de la época cubista. Como la serie de retratos de mujeres que tiene la exposición. Quizás me impresionen menos. Lo que me impresiona, eso sí, es la visión que tuvo en aquella época. El haberse arriesgado a plasmar su arte de ese modo. Hay que ser muy valiente para hacer algo así. Fue un pionero».
Poder ver a Picasso en Burgos, sin tener que desplazarse a una gran ciudad y hacerlo en un espacio tan emblemático como esta Catedral es un verdadero privilegio»
Le han flipado a Sasa los bodegones de la muestra, y también el cuadro de grandes dimensiones titulado La familia que el artista pintó en París en 1920 con grafito y carboncillo; destaca, asimismo, algunos de los dibujos a tinta que se pueden ver en la sala Valentín Palencia de la Catedral, especialmente el llamado Ecce Homo, según Rembrandt. «Me parece impresionante. Esa cantidad de rostros, las proporciones de los mismos, esas expresiones. Qué técnica. Ahí era imposible corregir. «Era un artista dotado para el dibujo. Dotado para todo, claro. En la historia del arte, Picasso es un innovador, por su estilo y por la manera de mirar tan diferente en su época. Un revolucionario. Un tipo valiente que se salió de la norma, de lo que estaba digamos estipulado».
Un lujo. Para este artista, esta muestra «es de agradecer. Poder ver a Picasso en Burgos, sin tener que desplazarse a una gran ciudad, es un lujo. Y que sea tan accesible, en el centro de la ciudad y en un espacio tan emblemático como la Catedral, un privilegio». A Christian Sasa, que llegó al arte con un aerosol en la mano y es hoy uno de los artistas urbanos burgaleses más reputados y reconocidos dentro y fuera de estas fronteras, le cuesta definirse. «Quizás inconformista, porque siempre busco dar una vuelta a todo. Aunque haciendo realismo es difícil. Me gusta intentar salir de lo normal, de lo típico», dice, y en ese espíritu emparenta de alguna manera con Picasso, que también exploró siempre nuevas vías de expresión. «Me gustan las miradas, los gestos. Para mí lo difícil es la naturalidad», subraya. Dice Christian que si le encargaran un mural sobre Picasso haría un retrato. «Me centraría en su rostro pero jugaría también con su obra, su cubismo». No duda Sasa de que Picasso hubiera sido un gran grafitero, un artista urbano de campanillas. «Seguro, porque fue rompedor, directo. En cierto modo, su obra tiene mucho que ver con el arte urbano. Tenía un trazo muy atrevido».
Se va Christian Sasa a seguir soñando murales con la mirada llena de la mirada de Picasso, que es lo más parecido a poder mirarse donde resulta imposible hacerlo tantas veces, hacia un adentro profundo y sin horizontes en el que cualquier cosa es posible. También los sueños.
«Tiene una fuerza y un desgarro brutales. Se ve el dolor»
‘Madre con niño muerto (II)’ (Óleo sobre lienzo. 1937)
«Mujer con niño muerto es impresionante. Tiene una fuerza y un desgarro brutales. Se ve el dolor. Evoca el Guernica. Es muy potente. Aunque es casi imposible elegir un favorito entre tantas obras increíbles, me quedo con este. Para mí el Guernica es un ejemplo de arte que sirve para denunciar el horror de la guerra. Y que se ha convertido en un símbolo», señala Christian Sasa. Paloma Alarcó, comisaria de la muestra ‘Picasso. Raíces Bíblicas’, dice en el espléndido catálogo sobre esta obra: «En Madre con niño muerto, una pintura en grisalla como Guernica para acentuar el dramatismo, los gestos de la trágica madre que llora desconsolada sobre el cadáver de su hijo se convierten en aullido desgarrador. Las dos figuras se deforman por la tensión y el dolor, y el sufrimiento que expresan se asemeja al de una Pietà, al tiempo que transmiten una denuncia de la capacidad del ser humano de infligir dolor. Al igual que en otras imágenes, la mirada de Picasso no es complaciente, sino extremadamente cruel, como espejo de las graves tensiones políticas y sociales que estaban latiendo en la Europa de su tiempo. Todavía hoy, esta maternidad sufriente nos deja sin palabras, igual que no hay palabras para expresar el dolor de las madres de niños asesinados en cualquiera de las guerras que desgraciadamente se suceden a nuestro alrededor».