
15/06/2026 a las 06:22h.
Como en una película de Almodóvar, la verdad histórica y la ficción se cruzaron en un único detalle: un ojo de cristal. Ochenta y cinco años después de que Pedro Miguel Valdazo, un jornalero tuerto de Olmedillo de Roa, fuera asesinado al comienzo de la Guerra Civil, su historia fue rescatada de una fosa común para debutar inesperadamente en la gran pantalla.
El reencuentro con ese pasado enterrado se produjo en una sala de cine en 2021. Lydia Marcelo y Carlos Miguel, vecinos de Miranda de Ebro, asistían junto a su hija mayor al estreno de ‘Madres Paralelas’. Protagonizada por Penélope Cruz en la piel de Janis, la trama culminaba en la exhumación de una fosa franquista donde, entre otros, se identificaba a un represaliado gracias a su prótesis ocular. Y en ese momento de epifanía, Lydia se giró hacia su marido.


Fotograma del acto de exhumación en ‘Madres Paralelas’.
(El Deseo)
«Este es tu bisabuelo», razonó. Pero ni él ni su hija mayor la creyeron entonces. Semanas después, un correo remitido desde la propia productora de Pedro Almodóvar acabaría confirmando su intuición: el hombre que inspiró la referencia del cineasta manchego existió y se llamaba Pedro Miguel Valdazo.
La confirmación de Almodóvar
El final de la cinta no determinó el desenlace de la historia para Lydia. Ya en casa, quiso comentar la coincidencia con su hija pequeña, que ni siquiera había acudido al cine aquella tarde. Fue ella quien decidió escribir a la productora de Almodóvar para explicar la historia familiar y preguntar si aquella secuencia guardaba alguna relación con el caso de su tatarabuelo.
La respuesta llegó el 22 de noviembre de 2021. «Pedro está seguro de que es el caso de tu tatarabuelo porque recuerda que lo leyó en un artículo y que era una fosa de Burgos», señalaba el mensaje remitido por Lola García en nombre del director manchego.


Captura de pantalla de la respuesta de la productora de Almodóvar.
(BC)
La confirmación cerraba una intuición familiar tan improbable como certera. También devolvía a la actualidad una historia que había permanecido enterrada durante décadas, primero en una fosa común del Monte de La Horra y después en el silencio de una familia marcada por la represión franquista.
La historia enterrada de Pedro y Jesús
Pedro Miguel Valdazo tenía 62 años cuando fue fusilado en el verano de 1936. Jornalero de profesión y, a ojos del cura del pueblo, «una mala persona que nunca iba a misa», era un vecino fácilmente reconocible en Olmedillo de Roa por dos rasgos físicos que acabarían resultando decisivos décadas después, durante su exhumación. Era cojo y tuerto, por lo que los restos hallados en una fosa común no necesitaron pruebas genéticas para devolverle la identidad.
Junto a él también fue asesinado su hijo Jesús a los 30 años. Veterano de la guerra de África, había decidido no huir del pueblo para no abandonar a su esposa Feliciana, embarazada de su quinta hija, Marina, y a sus otros cuatro niños. Sin embargo, según recogen las investigaciones sobre la represión franquista en la Ribera del Duero, ambos fueron detenidos durante los primeros meses de la contienda y terminaron formando parte de las víctimas enterradas en las fosas de La Horra.


Extracto sobre Jesús Miguel presente en el libro ‘Memoria Viva’.
(BC)
La historia de Jesús quedó recogida años después en el libro ‘Memoria Viva’. La persecución falangista le obligó a esconderse en un lagar del Carril junto a su vecino Francisco Pérez. Su único contacto con el exterior era su hijo Gil, de apenas cinco años, encargado de camuflar la comida para llevársela en secreto. Sin embargo, un delator vio al niño colarse bajo la puerta y precipitó la detención. Jesús también fue fusilado.
El fin del silencio
Durante décadas, la dictadura impuso el silencio. «En casa teníamos una foto de mi abuelo, pero cuando preguntaba por él me decían que había muerto en la guerra y punto», recuerda Carlos Miguel. La llegada de la democracia propició cierto aperturismo en relación con un tema que siempre había sido tabú. Los esfuerzos por recuperar la memoria histórica permitieron cierta reparación que, en el caso de la familia Miguel, se materializó a comienzos del nuevo siglo.
En julio de 2003, Francisco Etxeberria, uno de los antropólogos forenses más prestigiosos del mundo —conocido por analizar los restos de Salvador Allende o Víctor Jara—, dirigió en el Monte de La Horra la primera gran excavación arqueológica de la Ribera del Duero. En total fueron recuperados los restos de veintidós personas asesinadas durante la represión franquista; entre ellas yacían Pedro y Jesús.
El punto de inflexión definitivo llegó en 2004, tras el acto homenaje celebrado en Olmedillo de Roa. Aquel día, Félix Miguel, hijo y nieto de los asesinados, rompió un silencio que había durado casi setenta años. Entre lágrimas le confesó a su hijo Carlos el pesar que le había acompañado toda la vida: «¿Sabes una cosa? Yo vi cómo se llevaban a mi padre y a mi abuelo».
Carlos todavía recuerda el impacto de aquella frase. «Yo tenía dos niñas pequeñas y me puse inmediatamente en su lugar», recuerda ahora. Por ironías del destino, aquel niño al que «le robaron la infancia» terminó cumpliendo su servicio militar obligatorio entre los barracones del antiguo campo de concentración de Miranda de Ebro, la ciudad que finalmente le adoptó y donde falleció como un mirandés más.
El homenaje se celebró en Olmedillo de Roa en el año 2004.
(BC)
Diecisiete años después de aquella conversación, la familia volvió a encontrarse con sus antepasados en el lugar más inesperado. Si bien es cierto que el hecho de que aparezcan referenciados en una película de Almodóvar «tampoco cambia mucho la historia», tal y como señala Carlos, no cabe duda de que este homenaje inmortaliza su relato. Un relato que ha sobrevivido a una guerra, a una fosa común y a décadas de silencio antes de reaparecer inesperadamente en la oscuridad de una sala de cine.
Hoy, el DVD de ‘Madres Paralelas’ descansa en el salón de esta familia mirandesa «junto con otras películas importantes en la vida familiar», tal y como precisa Lydia. Fan incontestable de la Janis que inspira el nombre de la protagonista de Almodóvar —Joplin—, Lydia atesora estas reliquias audiovisuales para poder regresar una y otra vez a su propia memoria. Y así, por un instante, casi noventa años después de los hechos, cinco generaciones de una misma familia vuelven a encontrarse en torno a la magia eterna del cine.