La muerte de Maria Eduarda Rodrigues de Freitas, una joven profesional de la Educación Física de 21 años, ha dado un vuelco judicial tras conocerse las declaraciones de los implicados. Los tres instructores detenidos por la tragedia ocurrida en el Puente del Esqueleto, en Limeira (Brasil), han intentado justificar la omisión del sistema de seguridad alegando un inverosímil «desmayo» o «apagón» colectivo en el momento exacto en el que debían asegurar las cuerdas.

Ante la delegada de la Policía Civil, Andréa Dantas, los dos encargados directos de preparar el salto de rope jump afirmaron sufrir una repentina falta de memoria. Según el testimonio de la investigadora que recoge la prensa local, los detenidos -Luis Felipe Feliciano Egoroff, Vitor de Freitas Gonçalves y Maicon Fernandes Cintra- aseguraron no recordar los hechos que precedieron a la caída fatal: «No se acuerdan de cuál fue el error, quién debió colocar la cuerda o si hubo inspección».

Por su parte, el tercer implicado, cuya tarea consistía en sostener las piernas de la víctima, intentó desmarcarse asegurando que él solo fue contratado para ayudar en la ejecución del lanzamiento, no para revisar el equipo. Sin embargo, las autoridades civiles han desmontado esta coartada de forma tajante: la ausencia de la línea de vida era plenamente visible, ya que la cuerda de seguridad permanecía completamente enrollada en el suelo de la plataforma.

Mientras tanto, el abogado de la defensa, Rafael Gomes dos Santos, califica el suceso como una «triste fatalidad» amparada en los años de experiencia previa del equipo, la fiscalía sostiene que el grupo operaba con una revisión «colectiva» e informal que diluyó deliberadamente la cadena de responsabilidades.

Vídeos y gritos: Los testigos desmontan la coartada

Frente a las evasivas de los instructores de la empresa, las pruebas testificales y audiovisuales presentan un escenario de negligencia absoluta. En las grabaciones del incidente incorporadas a la causa, se escucha con total nitidez cómo los presentes chillaban desesperadamente: «¡La cuerda, chicos!» y «¡Gente, la cuerda!» al percatarse de que la joven iba a ser lanzada al vacío sin sujeción alguna.

Higor Diniz, uno de los testigos clave de la jornada, ha destapado en una entrevista televisiva una omisión crítica de los empleados de la empresa contratada para realizar los saltos: a diferencia de los clientes anteriores -entre los que se encontraban menores de edad-, Maria Eduarda no pasó por el preceptivo control de tensado. «En todos los otros saltos tiraron de la cuerda para ver si estaba bien. En el de ella, que era el más peligroso, no hicieron lo esencial», sentenció.

Para empeorar la situación de los acusados, varios testigos describen escenas de caos y fuga tras el impacto mortal. Lejos de prestar auxilio a la víctima, algunos instructores se cambiaron de ropa con rapidez y huyeron a una zona boscosa para ocultarse por temor a ser linchados por la multitud, lo que obligó a la Policía Militar a desplegar patrullas terrestres y un helicóptero para dar caza a los implicados.

El trágico mensaje premonitorio de Maria Eduarda

La indignación social en Brasil ha crecido de forma exponencial tras difundirse la última publicación de la joven en sus redes sociales minutos antes del intento de salto de 40 metros de altura. Mostrando la imponente estructura del puente abandonado, Maria Eduarda subió una historia con una frase que ahora hiela la sangre: «¿Quién fue la loca que me dejó venir a saltar desde un puente?». Poco después, era lanzada al vacío por el personal de la empresa Entre Cordas, perdiendo la vida de forma instantánea debido a politraumatismos severos.

Los múltiples vídeos grabados en la zona de salto muestran cómo se realiza correctamente el lanzamiento desde dicho puente:

La Justicia brasileña ha dictado prisión preventiva para los tres instructores bajo la imputación de «homicidio con dolo eventual», determinando que, al saltarse los protocolos más básicos de una actividad de alto riesgo, asumieron conscientemente el peligro de causar la muerte de la joven.