Canarias (España). Los días 11 y 12 de junio de 2026, tras visitar Madrid y Barcelona, el Papa León XIV concluyó su cuarto viaje apostólico de siete días por España en las Islas Canarias. (Programa)
El 11 de junio 2026 en el muelle de Arguineguín, conocido como “el muelle de la esperanza”, se vivió uno de los encuentros más significativos de la jornada, donde se produjo un acercamiento directo a la realidad de cerca de 1.800 personas migrantes. El Santo Padre se ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”.
La Familia Salesiana ha participado en modo especial a través de una delegación de cerca de 70 personas de la Fundación Canaria Maín. Muchos de sus integrantes, que son migrantes, hicieron visible el compromiso de las Salesianas (Hijas de María Auxiliadora) con los más vulnerables, defendiendo la dignidad y promoviendo una acogida más humana. Antonio Molina, director de la Fundación Canaria Maín, destaca: “El Papa nos ha recordado que no debemos olvidar que son personas, que no existen fronteras y que la Iglesia tiene que estar a su lado. Ha sido muy cercano, se ha hecho fotos con nuestros chicos, les ha dado la mano… una experiencia que no olvidaremos”.
A los migrantes, León XIV expresa un directo mensaje : “…quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte”.
Encuentro con la comunidad diocesana
La jornada continuó en la Catedral de Santa Ana (Las Palmas de Gran Canaria), donde el Papa León XIV dirigió su mensaje a los religiosos, las religiosas, los seminaristas y los agentes pastorales, instándolos a consolidar una Iglesia viva y cohesionada frente a los desafíos actuales del mundo. El Pontífice apeló a la identidad isleña de la comunidad para proponer una travesía espiritual fundamentada en dos ejes esenciales: abrazar la cruz de Cristo y cultivar una sólida espiritualidad eucarística y de comunión. En este sentido, el Santo Padre subrayó que la vocación de los consagrados y colaboradores de la misión eclesial consiste en «construir juntos la Iglesia cimentados en Cristo», reconociendo y armonizando las diferencias para actuar como «arquitectos sabios en la construcción de la civilización del amor».
Finalmente, el Papa agradeció la entrega de los agentes pastorales que ejercen como cireneos ante los sufrimientos del prójimo y los alentó a manifestar esta espiritualidad mediante una solidaridad concreta que se traduzca en «la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles», navegando con valentía bajo la guía de las virtudes teologales y la protección de la Virgen María.
Un faro de paz frente a los conflictos globales
La jornada culminó con una solemne eucaristía en el estadio de Gran Canaria, en la ciudad de Las Palmas. El Santo Padre congregó a miles de fieles, religiosos y agentes de pastoral, transformando el recinto deportivo en un gran templo a cielo abierto desde donde lanzó un llamamiento global a esparcir semillas de esperanza y a edificar una sociedad renovada. Durante su homilía, el Pontífice enfatizó la urgencia de asumir un compromiso activo con la reconciliación y el cese de las hostilidades que afligen al mundo actual. El Papa exhortó a la multitud y a la comunidad internacional a convertirse en canales de concordia, afirmando de manera contundente: “Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor”.
Asimismo, el Sucesor de Pedro invitó a la asamblea a realizar un sincero examen de conciencia para reconocer las propias fragilidades y superar el individualismo contemporáneo que aísla a las personas. Advirtió sobre los peligros del egoísmo material y la soberbia, señalando que “no pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás”.
Paula, resume así su vivencia: “El Papa León nos pidió que nos comparáramos al Sagrado Corazón de Jesús, en cuanto a los sentimientos de humanidad, misericordia y compasión que el corazón de Jesús tiene por todas las personas. Asimismo, nos dio las gracias por tanto bien que se hace aquí en Canarias cada día y nos instó a no perder el compromiso, sobre todo, por los que sufren tantos acontecimientos que los de esta tierra somos testigos”.
Sor Paloma Redondo, FMA comparte: «Ha sido una gozada poder acompañar a las comunidades cristianas de la unidad pastoral donde trabajamos. Sentir a toda la Iglesia diocesana en torno al Papa, sucesor de Pedro, es como si Pedro mismo estuviera aquí y nos dejara ese legado de fe, de discipulado de Jesús. Ha sido una experiencia muy bonita de vivir como Iglesia, amplia, diversa y multicultural».
Una visita con fuerte significado social y eclesial
El viernes 12 de junio, el Santo Padre llegó a Tenerife. La isla se convirtió en lugar de encuentro para miles de personas que quisieron vivir este acontecimiento desde la fe, la emoción y el sentido de pertenencia a la Iglesia.
El primer momento destacado de la jornada fue la visita al centro de acogida de Las Raíces, en La Laguna. Posteriormente, el Santo Padre se trasladó a la Plaza del Cristo de La Laguna, donde participó en un encuentro con iniciativas de integración de personas migrantes. En este espacio estuvieron presentes entidades sociales como nuestra Fundación Canaria Maín; sor Nieves Reboso, directora de la casa de Tenerife; voluntariado; y representantes de distintas realidades que trabajan cada día por construir una sociedad más humana, justa e integradora.
Javi García, director pedagógico del Colegio Salesianas Tenerife, afirma: “Fue un encuentro muy emocionante, cercano y sencillo. El Papa dedicó unas palabras en las que hizo una llamada a la entrega, la generosidad y la acogida de las familias que llegan en situaciones de gran dificultad”.
Tras los actos en San Cristóbal de La Laguna, la visita continuó hacia Santa Cruz de Tenerife. El recorrido permitió que numerosas personas pudieran saludar al Pontífice y acompañar, aunque fuera por unos instantes, una jornada que ya forma parte de la memoria colectiva de la isla. El momento central de la jornada llegó con la celebración de la Eucaristía en el puerto de Santa Cruz. Junto al mar, en un lugar especialmente simbólico para una isla abierta al Atlántico, el Papa presidió una celebración que reunió a miles de fieles y peregrinos, entre los que se encontraba una nutrida representación de familias, alumnado y profesorado de Salesianas Tenerife. Así mismo, la comunidad de hermanas también estuvo presente como ministras de la Eucaristía y como voluntarias durante el acto.
Durante su homilía, el Santo Padre recordó que “el ser humano está llamado a la comunión con Dios y ‘no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo’”, exhortando a la Iglesia local a evitar dinámicas estériles mercantilistas y a no reducir la hospitalidad a puro comercio.
Finalmente, antes de emprender su regreso a Roma, el Sucesor de Pedro agradeció las muestras de afecto recibidas en Madrid, Barcelona, Montserrat y Canarias, despidiéndose con un fuerte llamamiento ecuménico frente a los conflictos globales: “¡Alzad la mirada! Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!”.
