Daniel Herrera Rodríguez

16/06/2026 a las 06:59h.

31 años después, el CB Gran Canaria vuelve a un ecosistema baloncestístico que es puro territorio comanche para una entidad que llegó a acostumbrarse -sin excesos- al caviar del parqué europeo. Y no es para menos, teniendo en cuenta que el club claretiano –noveno en el ranking histórico de la ACB con 607 victorias, 1.269 partidos, una Supercopa y una EuroCup– vivía en los 90 una realidad muy distinta a la que ha disfrutado en pleno siglo XXI.

Por aquel entonces, la escuadra amarilla, germen de aquel equipo con aroma a patio de colegio aún y tachado de equipo ‘ascensor’ -había estado entonces solo cuatro temporadas en ACB, con tres ascensos y tres descensos en menos de una década– se había convertido en Sociedad Anónima Deportiva unos pocos años atrás, el 30 de junio de 1992, merced a la intervención del Cabildo de Gran Canaria.

Tras la marcha del norteamericano Roberto Orellana, la directiva configuró con Manolo Hussein de estratega, un equipo potente para la entonces interminable Liga EBA: una camaleónica segunda categoría recién creada que abarcaba hasta 56 equipos procedentes de la antigua Primera División, conjuntos ascendidos de la Segunda y varios clubes de nueva creación. Para organizar tal competición, se procedió a la configuración de cuatro conferencias -a los nostálgicos les recordará, en una analogía con el fútbol, a la antigua Segunda B-. En este caso, el Granca quedó instalado, como no podía ser de otra manera, en el grupo Sur, en la que se incluía Canarias, Andalucía y equipos de la provincia de Alicante.

El club se convirtió en 1992 en Sociedad Anónima, con el apoyo del Cabildo. Abajo a la izquierda, Berni Hernández y Hussein hablan sobre el parqué. A la derecha, un joven Emilio Boada..

(C7)

Por otro lado, estaba la intención de la ACB de diseñar una liga cerrada para proteger y consolidar los diferentes proyectos, a imitación de las competiciones americanas, garantizando así la estabilidad y el modelo de negocio. Con ello, el ascenso esa temporada se antojaba crucial ante toda las literatura que se había fraguado con un posible baloncesto de dos velocidades: una de élite y otra para los simples mortales.

La plantilla de esa temporada 94-95.

La plantilla de esa temporada 94-95.

(C7)

Apoyado Hussein por Rafael Calvo en la pizarra, se configuró una plantilla que contaba entonces con un excelente prospecto de jugadores nacionales y de cantera. Lejos de la proliferación de comunitarios, pasaportes Cotonú y cupos, el Granca contaba entonces con Berni Hernández y Emilio Boada de bases, con el catalán Jaume Morales -un finísimo anotador que dejó una excelente huella-, los aleros Juanra Marrero -ahora en la directiva del club, Alexis Lombilla y Ángel Santana. Los ala-pívots eran Antonio Espinosa, Ramón Oliver, Jonathan Ojeda y Pepón Artiles -otro clásico de aquella fulgurante década-. Como dominadores de la pintura, se contaba con Francis García y el norteamericano David Butler.

La historia del pívot oriundo de Washington es de traca. Campeón de la NCAA con la mítica Universidad de Nevada-Las Vegas del también polémico Jerry Tarkanian. Estaba en la cumbre de su carrera ya que había sido titular y en la pintura era contundente. Aunque no un anotador compulsivo, sí era sólido bajo aro.

Butler llegó a España vía Huesca, con aquel Somontano que era un clásico de la élite curiosamente. Pero fue cortado después de 14 partidos. Defenestrado en el Alto Aragón, encontró acomodo en la isla y se coordinó a las mila maravillas con el gironí Tony Espinosa y el genuino Pepón en el juego interior.

Un formato maratoniano

El formato de aquella EBA hacía casi imposible hacer cábalas. De partida, se abordaba una primera fase con las citadas cuatro conferencias de 14 equipos cada uno, jugando a doble vuelta. Los seis primeros se clasificaban para una segunda ronda denominada Fase de clasificación. Lo curioso de aquella toma de contacto es que el Gran Canaria se clasificó segundo con 19 triunfos y 7 derrotas, bastante lejos del entonces Tenerife Canarias que solo había perdido dos de sus 26 encuentros. Por detrás se meterían el Spar Granda, el Ernesto Electrodomésticos de Alicante, el Santa Adela Motril y el Melilla Baloncesto. De esos seis, cuatro tenían pedigrí ACB.

Pepón Artiles, otro de los grandes artífices del ascenso.

Pepón Artiles, otro de los grandes artífices del ascenso.

(C7)

En esa siguiente fase, compuesta de cuatro grupos de seis equipos -mezclados los equipos de la Conferencia Norte con la del Este y los del Centro con la del Sur-, los implicados afrontaban otra clasificación a doble vuelta pero arrastrando los resultados entre equipos del mismo grupo. Solo los dos primeros se clasificaban para la fase final.

El plantel claretiano lograría colarse en la cima del ahora denominado grupo G con un balance de 7-3. El resto de billetes se los repartieron el Llobregat Centre Comercial, Plasencia, Lliria, Trébol Gijón, Leymakao Coruña -casualmente, uno de los recién ascendidos-, el ya citado Ernesto Electrodomésticos y el Tenerife Canarias que había acabado también como líder de su conferencia, en este caso el H con un récord de 8-2.

Todo se decidió en la Fase Final de Gijón, sede única de un último peldaño a cara de perro. El Gran Canaria no era, ni mucho menos, el favorito, pero había empezado a carburar con el paso de la competición, tomando velocidad de crucero en la ronda anterior.

Los de Hussein comenzaron ganando al ACB Lliria por 76-69, mientras el Tenerife, encuadrado en la otra llave de las eliminatorias, caía eliminado a costa del Trébol Gijón (72-77). No obstante, el equipo amarillo se jugaría el ascenso frente al Llobregat Centre Comercial en la semifinal, al que se ‘merendó’ con un contundente 68-85.

Juanra Marrero y Ramón Oliver, activos claves en el juego interior claretiano.

Juanra Marrero y Ramón Oliver, activos claves en el juego interior claretiano.

(C7)

Y eso que el Granca lo pasó canutas con la defensa zonal aplicada por los catalanes en la primera parte (41-36). Pepón, con 22 puntos hasta el descanso -acabó con 30- mantenía el tipo en un equipo que naufragaba en los primeros 20 minutos de juego. Cabe recordar que no había cuatro periodos de tiempo aún.

En aquel baloncesto en la que no se canalizaba gran parte de la producción en el perímetro, la zona se convertía en un terreno propicio para los juegos del hambre. Los catalanes se cargaron de personales, alcanzando la elocuente cifra de 50 faltas. Oliver provocó la quinta personal de Tamames, el cacique rival. Pero luego caerían Oriol y Alemany. Fue entonces cuando emergió la figura de Morales. No había anotado nada en el primer tiempo, pero en el segundo asumió el rol de francotirador: 23 puntos, 6 rebotes y ascenso en el bolsillo.

Hussein le había ganado la partida táctica a Trifón Poch, otro conocido inquilino del banquillo canario en aquellos años 90. «Tendrán que pasar unos días hasta que lo asimile», reconocía aquel novel técnico grancanario. Aquel fue un paso decisivo para él, que luego se labró una carrera de 449 ecuentros en ACB, además de dirigir a equipos de la vitola del Cáceres, Alerta Cantabria, Valencia, Murcia o incluso proyectos extranjeros como la selección de Panamá, El Tianjin Ronggang chino o el conjunto colombiano del Cafeteros de Armenia.

Así era el Gran Canaria del último ascenso: presupuesto en torno a los 2 millones de euros, un jugador extranjero y 55 rivales en la Liga EBA

Cómo era el Granca de 1994

Se contaba entonces con un presupuesto aproximado de entre 300 y 400 millones de las antiguas pesetas. Por aquel entonces las cuentas se publicaban de manera más discreta y se baraja esa orquilla al ser los guarismos económicos habituales de los equipos con aspiraciones de ascenso a ACB (aproximadamente entre los 2 millones de euros o ligeramente por encima). Solo tenía un extranjero -el resto eran jugadores de cantera y fichajes nacionales- y competía con un total de 55 adversarios divididos en cuatro conferencias. No había entonces cuatro periodos sino dos tiempos. El Centro Insular de Deportes era su pabellón, en el cual acogía hasta 5.200 personas.

Así era el Gran Canaria del último ascenso: presupuesto en torno a los 2 millones de euros, un jugador extranjero y 55 rivales en la Liga EBA

Diferencias con el equipo claretiano de la temporada pasada

El presupuesto ya se elevaba por encima de los 10 millones de euros, en gran medida gracias a las aportaciones del Cabildo. La plantilla alcanzó, entre fichajes invernales y rescisiones, un total de 17 jugadores. Con la BCL, era imprescindible contar con un cupo de 5 jugadores de Formación Local, de los cuales solo uno se había ‘fraguado’ en la cadena amarilla: el suizo Lucas Maniema. El resto de este abanico lo componían Eric Vila, Miquel Salvó, Carlos Alocén y Ziga Samar. Otro formado como canterano era Mervedi Miteo, aunque figuraba con pasaporte Cotonú (Rep. D. Congo) junto con Chimezie Metu y Kassius Robertson. Como comunitarios aparecían Albicy, Brussino, Pelos, Tobey, Labeyrie y Angola, mientras que con ficha foránea estaban tanto Isaiah Wong como Brandon Jefferson y Kur Kuath. Los viajes se multiplicaban con la competición europea, aunque sin llegar a los 20.000 kilómetros que se llegaban a contabilizar con la EuroCup. El Gran Canaria Arena se consolidó como su feudo, con 11.500 espectadores de capacidad.

Una campaña clave en la evolución de la ACB

Aquel fue el inicio de la época dorada del club. 31 años de crecimiento como club proletario de la ACB para pasar a ser un miembro solvente de la clase media de la Liga Endesa. Lo curioso es que su último desembarco en la élite coincidió con el descenso del Pamesa Valencia y el Breogán. Los rumores sobre el descenso de un inquilino tan importante como el conjunto taronja diluyeron aún más las intenciones de la liga, que inicialmente quería reducir la competición a 18 equipos antes de eliminar los descensos y evitar nuevos ascensos. Pero la Asociación de Clubes se topó con diversas decisiones judiciales así como presiones federativas que frenaron sus intenciones de blindar herméticamente su competición. Se pasó a una liga de 22 como resolución salomónica. Es más, se creó un «novedoso» formato denominado el mercado de plazas, algo que durante una época sirvió de garantía de liga semicerrada a través de condicionantes financieros, ante la imposibilidad de poner el candado del todo. De hecho, Valencia, Granada y Fuenlabrada llegaron o volvieron a la ACB adquiriendo los derechos de otros clubes en dificultades: Zaragoza, Salamanca y Huesca.

A partir de entonces, los ascensos se han puesto más que caros. Solo con lo deportivo no bastaba para llegar a la Liga Endesa, propiciándose un sinfín de ejemplos de ascensos fallidos y ‘no descensos’ -el último, el del Covirán Granada el pasado año-. Por medio, se crearon también competiciones como la LEB, LEB2, LEB Oro, LEB Plata y ahora Primera FEB. La EBA se fue enterrando poco a poco como un escalón cada vez más semiprofesional hasta terminar por desaparecer.

Ahora el Gran Canaria se topa con una competición que dista de aquella realidad que vivía en los años 90. Toca configurar una plantilla de entre 3 -si se cuenta con 8 o 9 jugadores- o 4 jugadores de formación -si se dispone de 10 a 12-. Se puede contemplar de un máximo de 2 extranjeros y no hay límite de comunitarios y cotonús. Con estos parámetros se reinicia el proyecto del retorno. ¿Lo volverá a hacer el equipo claretiano?