El pulso que están llamados a protagonizar Paul Seixas, Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard en el próximo Tour de Francia que arranca el 4 de … julio en Barcelona ha corrido serio peligro después de la fuerte caída que sufrió la joven promesa francesa el sábado en el Tour Auvergne-Rhône-Alpes. En principio su estado físico es bueno, pero tiene el cuerpo dolorido y lleno de golpes, lo que no es la mejor señal cuando tienes que pelear dentro de tres semanas ante dos rivales tan fuertes.
Lo que más lamentan tanto el corredor como su equipo, el Decathlon, es la forma en que se produjo la caída, fruto de un despiste justo cuando la organización había neutralizado parte de uno de los descensos de la etapa por la presencia de gravilla en el firme. Al reanudarse la carrera y descendiendo a más de 70 kilómetros por hora intentó adelantar a otro ciclista por el exterior y se quedó sin espacio, lo que hizo que se saliera y se terminara cayendo cuando trató de frenar en una zona de barro y su rueda patinó. Salió despedido y rodó por el asfalto, sufriendo heridas en las manos, rodillas y los brazos.
Su imagen con el maillot roto lleno de sangre fue impactante, pero se subió a la bicicleta y en compañía de los compañeros de equipo consiguió recuperar tres minutos al resto de los favoritos para llegar a la meta en el Grand Colombier séptimo con menos de un minuto perdido respecto a Ayuso, Jorgenson o Skjelmose. Solo Isaac del Toro, ganador de la jornada, superó esa barrera para distanciarle en 1:21. La persecución que protagonizó durante más de 100 kilómetros fue épica.
Su esfuerzo fue tan grande que le tuvieron que sujetar al cruzar la meta absolutamente desfondado. En cuanto recuperó el aliento, admitió su error: «Fue culpa mía. Pido disculpas a los corredores que estaban a mi alrededor y a los que podría haber hecho caer también. Tomé mal una curva. Intenté pasar por fuera porque pensé que los corredores no estaban bajando muy rápido, pero en realidad entré demasiado fuerte. Conseguí salvar la situación al principio, pero acabé en una zona llena de grava».
Reconoció que «cuando me detuve en la cuneta pensé que no podría continuar. Estaba completamente destrozado y temía haberme hecho mucho daño. Pensé que me iba a casa a preparar el Tour, pero seguí por los compañeros. Sufrí abrasiones pero lo más complicado fueron las manos. Me costaba agarrar el manillar y no podía frenar tan tarde como los demás en los descensos».
El domingo tomó la salida dispuesto a pelear la victoria final con Del Toro, quien solo le distanciaba en 17 segundos, pero desde el primer momento se vio que no iba bien. La etapa arrancaba directamente con la ascensión al Col du Pré y enseguida perdió contacto con los favoritos. Tras coronar el puerto y afrontar el descenso, terminó poniendo pie a tierra y subiéndose al coche del equipo en el kilómetro 30.
Su director deportivo, Julien Jurdien, no dio mayor importancia al abandono al afirmar que «Paul está bien, no estamos preocupados por su estado físico», mientras que Aurélien Paret-Paintre, uno de los mejores escaladores del equipo, comentó que «no tenía sentido esforzarse y sudar sobre las heridas».
Así las cosas, Seixas continuará con el plan que tenía trazado hacia el Tour. En cuanto remitan los dolores se concentrará en altitud en Les Arcs, en las faldas del Mont Blanc, para llegar en la mejor condición posibles a la salida en Barcelona.
Sus dos rivales, a lo suyo
Mientras sus dos grandes adversarios en la Grande Boucle continúan con su preparación para el Tour. Vingegaard, después de ganar el Giro el pasado 31 de mayo, estuvo unos días de vacaciones en Roma con su familia antes de regresar a Dinamarca y retomar los entrenamientos. Desde este lunes, y durante dos semanas, estará concentrado en altitud en Tignes, la famosa estación de esquí en los Alpes franceses, junto a los compañeros con los que correrá el Tour.
Pogacar, que lleva sin competir desde el 3 de mayo en Romandía, regresa este miércoles en el Tour de Suiza, única carrera que disputará antes del Tour. El esloveno ha estado entrenanando en Sierra Nevada y ciclistas que han coincidido con él afirman que está más fino que nunca.