La Gran Manzana no descansa. Nueva York, la ciudad que nunca duerme, también es la de los grandes eventos este mes de junio. A las … recién acabadas finales de la NBA, coronando precisamente a los Knicks más de medio siglo después para delirio de la gran metrópoli, se le une un Mundial de fútbol que paralizará Estados Unidos hasta el 19 de julio, día en el que el MetLife de Nueva Jersey corone a la selección reina del planeta. A 150 kilómetros, en el extremo opuesto de Long Island, el golf será el deporte rey por la disputa del US Open en Shinnecock Hills desde el jueves hasta el domingo. Por supuesto, Jon Rahm es uno de los participantes. Y uno de los favoritos al título tras la buena temporada que está firmando.

El curso llega a su ecuador y el vizcaíno quiere dar el golpe definitivo. Mientras gobierna prácticamente sin rival un LIV Golf que da tumbos en busca de una supervivencia cada vez más cuesta arriba desde la salida de Arabia Saudí, Rahm vuelve a sentarse en la mesa de los elegidos al rozar el triunfo en el PGA Championship celebrado hace un mes en Aronimink, Filadelfia. Allí, un espectacular sprint final del inglés Aaron Rai (-9) impidió que el de Barrika (-6) estuviera a solo un Abierto Británico de completar el Grand Slam. Cinco años después de inaugurar la cuenta precisamente en el US Open busca ahora un nuevo triunfo que haga justicia al buen nivel demostrado durante un 2026 en el que la única mancha es el Masters de Augusta, puesto 38.

Rahm llega a Shinnecock Hills después de otro segundo puesto –el quinto en un año con dos títulos, Hong Kong y México– en Valderrama. Allí, se vio obligado a remontar tras una mala jornada inicial pero solo Tyrrell Hatton (-11) evitó el ansiado primer entorchado del vizcaíno en la catedral del golf español, donde se ha quedado a las puertas de la gloria en tres ocasiones. Según indicó él mismo a los medios de comunicación tras su ronda final, fue una «fantástica semana, pero ese primer día marcó la diferencia». Ganó su amigo inglés, al que capitanea en una Legión XIII que defendió con éxito su triunfo por equipos de 2025, en el que Rahm también fue segundo tras Talor Gooch. «Es un campeón que se lo merece de verdad. Hay muy pocas personas de las que me alegro si me ganan, y él es una de ellas», deslizó sobre su compañero en la Ryder.

Hace un año, Rahm no estuvo lejos de cantar victoria en el grande inmediato. Se celebró en Oakmont, un durísimo campo en el que solo un jugador acabó bajo par después de 72 hoyos. JJ Spaun tocó el cielo tras un final de vértigo en el que un buen puñado de candidatos, todos segundas espadas, pudo llevarse el gato al agua. En ese panorama, el ‘León de Barrika’ afiló sus garras. Las condiciones fueron durísimas, con tormenta incluida y un largo parón que inquietó a los protagonistas. Al desenlace Rahm llegó en +7, a once golpes de la cabeza después de dos jornadas intermedias difíciles que le alejaron de la cabeza tras un inicio prometedor. El caso es que el vizcaíno se adaptó al recorrido y terminó con una sucesión de tres birdies y un total de tres bajo par, la mejor tarjeta del día junto a Rory McIlroy, más descolgado en la tabla.

Hasta el punto de que, en ese caos que se vivió, Rahm descansó en la casa club durante más de una hora como el mejor jugador de los que habían terminado. Su +4 parecía imposible que le pudiese meter en la pelea, pero sucedió porque todos sufrieron una barbaridad. Al final fue séptimo tras Spaun, MacIntyre, Hovland, Hatton, Ortiz y Young. Todos ellos perseguían su primer major. Y es que así es el US Open, reconocido por todos como el grande más difícil e impredecible por la preparación de los campos.

Preparación diferente

A partir del jueves se comprobará el grado de complejidad de Shinnecock Hills, campo en el que Rahm lleva trabajando una semana. El mismo domingo de Valderrama, tras descorchar el champán en el podio, cogió un vuelo de Málaga a Nueva York junto a David Puig, también clasificado para el US Open como parte del top-60 del ranking mundial. No es nada frecuente que el de Barrika entrene en el campo de un major más allá de los días previos, pero el calendario y la motivación por hacer un buen papel le han animado a apostar por una preparación diferente, no la habitual que realiza en su residencia de Scottsdale, Arizona. También el hecho de que tiene una casa en Long Island, una región repleta de campos de golf, entre ellos el de la última Copa Ryder, Bethpage.