Aunque la paz está lejos de estar asentada con Israel bombardeando el Líbano, lo cierto es que sí hay un vencedor claro en este conflicto: Pakistán. Un tercer país, que se erigió como mediador e intermediario, mientras bombardeaba Afganistán.
Casi cuatro meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran su campaña contra Irán, Washington y Teherán se preparan para poner fin formalmente al conflicto mediante un acuerdo de paz que se espera se firme virtualmente el 19 de junio con Pakistán de por medio, mediador clave de las negociaciones, que también se sentará en Suiza en la firma.
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De tener éxito, el acuerdo podría poner fin a una guerra que ha causado miles de muertos en Asia Occidental —incluyendo a altos cargos del gobierno iraní—, ha desencadenado una crisis energética mundial y ha llevado a la región al borde de un conflicto de mayor envergadura.
El acuerdo firmado, es cuanto menos sorprendente, porque ya hubo un acuerdo de no proliferación nuclear iraní hace más de 10 años. El estrecho de Ormuz estaba abierto y operativo hasta que Trump mandó a la V Flota e Irán seguía sancionado y no podía usar el dinero que está congelado en los mercados internacionales. Ahora recupera los fondos, vuelve a comprometerse a la no proliferación nuclear y Estados Unidos, junto a los países de la región que han participado en todo este montaje, tendrán que pagar la reconstrucción de todo lo destruido en Irán con los bombardeos. Así que, ¿dónde está la victoria y de quién es?
Pues basándonos en datos empíricos, los que ha ofrecido PBS newshour, si bien Estados Unidos e Israel lograron victorias reales en el campo de batalla, funcionarios del Pentágono informaron al Congreso que más del 80% de la base industrial iraní de misiles, drones y defensa naval había sido destruida o dañada. Sin embargo, calificar el resultado como una victoria ignora un cambio significativo a favor de Irán. Irán se ha convertido, de hecho, en el «guardián» del estrecho de Ormuz, el punto estratégico por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. Esto le ha otorgado a Teherán una influencia económica duradera de la que carecía antes del inicio de la guerra.
El acuerdo otorga solo 60 días para resolver qué hacer con las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán y su programa atómico. Ese asunto tardó años en resolverse en el acuerdo nuclear de 2015 entre Teherán y las potencias mundiales, porque no os olvidéis de que este acuerdo ya existió y lo negociaron los 5+1. Trump retiró unilateralmente a Estados Unidos de ese acuerdo durante su primer mandato, preparando el terreno para las tensiones que culminaron en la guerra.
¿Hay un perdedor claro?
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, porque Israel no logró eliminar el programa nuclear iraní y, además, quedó más aislado diplomáticamente que antes. Estados Unidos tampoco logró alcanzar objetivos que se propuso, como el cambio de régimen, y se mantiene la continua influencia de Irán sobre Ormuz.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales ofreció una perspectiva diferente, argumentando que el resultado depende de cómo se defina el éxito. Si bien los objetivos de Washington evolucionaron desde poner fin a las ambiciones nucleares de Irán hacia objetivos políticos más amplios, el objetivo central de Teherán era más simple: garantizar la supervivencia del régimen.
Argumentan los analistas de este think tank, Irán ha tenido éxito hasta el momento. La evaluación de Newsweek tras 100 días ofreció un veredicto igualmente ambiguo. Si bien las capacidades militares convencionales de Irán se han visto gravemente mermadas, la República Islámica permanece intacta y conserva suficiente influencia a través del estrecho de Ormuz como para influir en los términos de cualquier eventual acuerdo.
No todos los analistas aceptan el enfoque de ganadores y perdedores. El Centro de Política Internacional argumentó que centrarse en los indicadores geopolíticos corre el riesgo de ocultar el costo humano de la guerra, particularmente dentro de Irán, donde los ciudadanos comunes soportaron meses de bombardeos, desplazamientos y dificultades económicas.
Pakistán quiere que se reconozca su labor. El ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, dice: «Este importante avance refleja el poder del compromiso diplomático sostenido y la determinación colectiva de las naciones amigas de priorizar el diálogo por encima de la confrontación».
Deputy Prime Minister / Foreign Minister Senator Mohammad Ishaq Dar @MIshaqDar50 today held a telephone conversation with Member of the Political Bureau of the CPC Central Committee and Foreign Minister of China, Wang Yi.
The two leaders welcomed the understandings reached in… pic.twitter.com/RsPOUQzCnN
— Ministry of Foreign Affairs – Pakistan (@ForeignOfficePk) June 16, 2026
Lo cierto es que no fue una negociación clásica, con delegaciones sentadas de forma permanente ante una misma mesa, sino una diplomacia de traslados, llamadas y mensajes cruzados, con Sharif, Dar y Munir moviéndose entre Islamabad, Teherán, Pekín, Riyadh y otros centros de poder para mantener abierto un canal que podía romperse con cada bombardeo, cada amenaza sobre Ormuz o cada exigencia sobre el programa nuclear iraní.
El papel histórico de Pakistán
Para que entiendan el papel de Pakistán en este proceso, deben saber que comparte unos 900 kilómetros de frontera con Irán, que depende del crudo que transita por el Golfo Pérsico, que mantiene una relación militar histórica con Washington y que tiene un Ejército tradicionalmente concentrado en su rivalidad con la India.

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Entre otros factores, era una acción asumible para Irán por vecindad, útil para Estados Unidos por una relación militar y diplomática de décadas, y observada de cerca por Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, con las que Islamabad mantiene vínculos de seguridad y fuertes dependencias económicas.
A todo esto añadan que Pakistán con esto consigue otra muesca a su historial de mensajero entre adversarios, como en 1971, cuando facilitó el viaje secreto de Henry Kissinger a Pekín, clave en el deshielo entre Estados Unidos y China.