Spider-Noir llega en medio de cierto desierto en el cine de superhéroes. En verano de 2026 solo llega un solo (¡uno solo!) film del género, Supergirl, al margen de la secuela del trepamuros y sus perspectivas son solo suficientes, mientras otras series de televisión luchan por generar el entusiasmo de antaño. Por eso la serie que producen los ahora célebres Phil Lord y Chris Miller (Proyecto Salvación) se esfuerza tanto en asegurar al espectador que no, esto no es una (otra) serie de superhéroes. Para empezar, se ha conseguido que Nicolas Cage se enfunde el traje, pero de detective, retomando el personaje de animación al que puso voz para los directores en la excelente cinta animada Spider-Man: Un nuevo universo. Y lo que a todas luces parecería un experimento, funciona.

Bien es cierto que el concepto Spider-Man Noir existe en los cómics, y no de manera anecdótica. Ambientado en la Gran Depresión y con trazas de novela negra, los escritores David Hine y Fabrice Sapolski crearon esta realidad alternativa donde Peter Parker era… un detective del cine negro clásico. Con un tono siniestro y un protagonista adulto, esta línea se hizo inmensamente popular gracias a la extravagante inclusión del personaje en la película de animación ganadora del Óscar… y hasta ahora.

Aunque Spider-Noir no utiliza ciertos nombres y situaciones debido a restricciones de derechos de Marvel, ningún fan del personaje puede verse decepcionado por la serie disponible íntegra en Prime Video. Existe un esfuerzo visual evidente por distinguir el producto de las series de Disney+ (ya sea en su artificial technicolor o en la recomendable versión en blanco y negro, que la plataforma da a elegir antes de cada capítulo) y la presencia de Nicolas Cage, henchido de entusiasmo al pilotar por fin otra adaptación de cómic, es evidente.

Cage no tarda demasiado en entrar en modo full Cage, y esto ya saben lo que significa: el actor está magnífico, le pese a quien le pese, y utiliza su característica voz grave en la versión original para paladear cada frase. La trama, suficientemente embrollada, da para episodios de puro pulp fantástico como los flashbacks hacia los orígenes de Ben Reilly y el episodio del laboratorio, donde la serie se interna en la mitología del mad doctor de horror, mientras el resto se adorna con postales convenientemente expresionistas para ubicar a los personajes. El humor almidona siempre la situación sin que la serie necesite afirmarse como oficialmente «autoconsciente».

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Pero llama la atención que durante las escasas, pero en el fondo suficientes, escenas del trepamuros balanceándose entre edificios, o sus enfrentamientos con los villanos, la serie tenga más aroma a Sam Raimi y su trilogía con Tobey Maguire que cualquier intento posterior por parte de la casa original. El resultado es algo más que un experimento, una serie sólida que da en la tecla del material y que sabe tejer, perdón por el chiste, una trama suficientemente articulada como para justificarse al margen de la mera curiosidad.