Hay tres ‘Daríos Urzay’ y los tres están presentes en la exposición del Photomusem de Zarautz que navega por la memoria y el mar. El … pintor Darío Urzay (Bilbao, 1958) juega con el legado de su padre y de su abuelo en una colección de fotos e imágenes expuestas hasta el 2 de agosto en el museo. Y uno descubre la originalidad de la propuesta cuando pregunta al artista por el germen de la muestra y empieza su respuesta así: «Mi abuelo era capitán de la Marina Mercante y sobrevivió a tres naufragios…».
Urzay, inspirado en el libro ‘Roland Barthes por Roland Barthes’ de su admirado pensador francés, plantea en Zarautz un trabajo casi familiar que se titula ‘Una fracción, Darío Urzay por Darío Urzay’. Son fotos recreadas, mesas que juegan con las antiguas ampliadoras de revelado y sobre todo evocaciones con historia. Todo resulta familiar en el relato, incluido el hecho de que su madre cumple cien años esta semana. El pintor bilbaíno, que en 2023 protagonizó una amplia exposición en la sala Kubo Kutxa de Donostia, sonríe cuando se le sigue recordando que para muchos vascos es «el artista que ideó la polémica y famosa camiseta ketchup del Athletic de Bilbao».
«Para hablar de la exposición del Photomuseum tengo que remontarme a otra que he presentado en el Museo Marítimo de Bilbao y que sigue abierta hasta septiembre», explica Urzay Esa muestra, ‘Alpha y Omega de un vapor. La última estela del Cabo Blanco’, es precisamente un primer acercamiento a la memoria de su abuelo, capitán de la Marina Mercante, aquel primer Darío Urzay que murió cuando el pintor tenía solo un mes de vida «y del que en casa no se hablaba demasiado, salvo ese relato de que en su vida sobrevivió a tres naufragios… y con la que siempre me he identificado, salvando las distancias, porque en mi vida, como en la de tantos otros, también ha habido unos cuantos naufragios simbólicos de los que terminas sobreviviendo».
En la exposición de Bilbao Urzay reconstruye la historia del vapor ‘Cabo Blanco’, construido en 1908 en Astilleros Euskalduna, justamente donde está ahora el ItsasMuseum bilbaíno, y que naufragó en la costa portuguesa, cerca de Viana do Castelo, el 13 de julio de 1936, días antes de que estallara la Guerra Civil, con su abuelo de capitán.
El segundo Darío Urzay de este relato es el hijo de aquel capitán y padre del pintor. Fue químico de profesión, pero fotógrafo incansable a lo largo de su vida. Cuando murió dejó 2.500 negativos realizados durante más de medio siglo, un material del que el artista ha seleccionado las imágenes anteriores a su nacimiento más relacionadas con el mar y la navegación para recrearlas desde otro punto de vista o presentarlas como si el pintor las tomase «una fracción de segundo después, siguiendo metafóricamente su estela».
«De mi abuelo apenas quedan fotografías, y le rindo homenaje con fotos de las estelas que dejan los barcos en el mar, una imagen que siempre me ha parecido muy potente estética y simbólicamente», apunta Urzay. Porque hay muchas evocaciones en la exposición, como las mesas que replican las ampliadoras de los antiguos laboratorios de revelado, como los que utilizaba su padre.
«Mi abuelo, el primer Darío, fue capitán de la Marina Mercante; mi padre, también Darío, dejó más de 2.500 negativos»
Tal como apunta el catálogo del Photomuseum, «hace treinta años ‘Camerastrokes’ fue el título de la primera muestra de Darío Urzay en nuestro museo. Tres décadas después, aquel tiempo parece haberse contraído hasta la dimensión de un instante. La exposición reúne materiales vinculados a tres generaciones unidas por un mismo nombre: abuelo, padre e hijo».
«En 1958 una figura comienza a desvanecerse y otra empieza a aparecer», dice el museo zarauztarra en referencia al momento en que falleció el abuelo y nació el pintor. «Entre ambas queda un breve fundido encadenado. De la vida marítima del abuelo no se conserva ninguna fotografía. Su presencia ha llegado a través de relatos contados al padre y transmitidos después al hijo como imágenes mentales. La exposición se construye sobre dos ausencias entrelazadas: la del abuelo, sostenida por la narración, y la del padre, inscrita en un extenso archivo fotográfico», explica de manera académica el Photomuseum.
Junto a las fotografías originales «aparecen otras imágenes vinculadas a ese vacío: camarotes, horizontes borrados por la niebla, estelas vistas desde popa y espacios de navegación que no proceden directamente del archivo, sino de una memoria reconstruida. Algunas permanecen en negativo sobre imprimaciones de rojo de cadmio vinculadas al trabajo desarrollado por el padre décadas atrás: apariciones bajo luz roja de cuarto de revelado. Otras aparecen ya positivadas. Entre unas y otras se despliega un territorio donde fotografía, memoria e imaginación dejan de ocupar posiciones estables», dicen los responsables del museo zarauztarra.
«He recreado las fotos de mi padre relacionadas con el mar como si las tomase ‘una fracción de segundo’ después»
«Los camerastrokes constituyen otra forma de aparición. El movimiento del cuerpo que sostiene hoy la cámara se superpone a fotografías realizadas décadas atrás por otro cuerpo ya ausente. La imagen incorpora entonces una doble inscripción: la huella de quien estuvo allí y la de quien vuelve a mirar. En ese cruce, la mirada deja de ser solo óptica y adquiere una dimensión corporal, casi autográfica», continúa la comunicación del museo. «El archivo familiar deja así de funcionar únicamente como recuerdo. Las imágenes comienzan a comportarse como presencias inestables transmitidas entre generaciones. No fijan el pasado ni lo sustituyen por una ficción cerrada. Lo mantienen en tránsito, desplazándose entre documento, memoria y reconstrucción».
Urzay, uno de los artistas contemporáneos vascos más destacados de su generación, cuenta con una trayectoria que abarca más de cuatro décadas de trabajo, en las que ha desarrollado una investigación constante sobre los límites entre pintura, fotografía e imagen digital. Su obra está presente en distintos museos y centros de arte.