Desde hace décadas, la comunidad científica bautizó como «gen de la muerte» a una molécula conocida por su papel en la eliminación de células dañadas que ayuda a combatir tumores y prevenir el cáncer. Un nuevo hallazgo obliga a los expertos a replantearse su función como exterminador.

Un nuevo estudio realizado por investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Daegu Gyeongbuk (DGIST), en Corea del Sur, señala que el gen p53 tiene un papel fundamental en la protección contra el estrés crónico en el cerebro.

El motivo por el cual se le llama gen de la muerte es porque, hasta el momento, se había estudiado su capacidad de detectar células dañadas y activar procesos que llevan a su destrucción. Gracias a esta capacidad, ayuda a impedir que esas células se conviertan en cancerosas. No obstante, cuando este mismo gen se encuentra en las células neuronales del hipocampo, desempeña un papel opuesto.

El hipocampo es una región cerebral fundamental para la memoria y el aprendizaje. Estudios previos ya habían demostrado que el estrés crónico puede provocar la muerte de las células madre neurales de esta zona mediante un proceso llamado autofagia. Aunque se trata de un mecanismo normal de reciclaje celular, cuando se activa de forma excesiva, como con el estrés crónico, puede terminar destruyendo a la propia célula.

Aquí es donde entra a jugar el gen p53 ya que es el principal freno de este proceso. En lugar de promover la muerte celular, el gen actúa como un escudo que evita que la autofagia se descontrole y destruya las células madre del cerebro.

El hallazgo, publicado en la revista científica Autophagy, ayuda a comprender mejor cómo el estrés prolongado afecta al cerebro y abre la puerta al desarrollo de tratamientos para trastornos como la depresión y la ansiedad mediante una estrategia diferente a la de los antidepresivos tradicionales.

El nuevo escudo protector

Los investigadores utilizaron ratones modificados genéticamente para quitarles el p53 únicamente en sus células madre neurales. Cuando estos animales fueron sometidos a estrés crónico, las células cerebrales murieron con mucha más rapidez y aparecieron problemas de memoria, además de comportamientos relacionados con la depresión y la ansiedad significativamente más graves.

El estudio también permitió descubrir cómo se pierde esta protección. Bajo la influencia de las hormonas del estrés, una proteína llamada LC3 se une a p53 y favorece su degradación. Al desaparecer este «escudo», la autofagia se intensifica hasta provocar la muerte de las células madre neurales.

Los investigadores probaron entonces una posible solución. Administraron a los ratones dosis bajas de RITA, un fármaco experimental desarrollado originalmente contra el cáncer y capaz de activar p53. El medicamento impidió la unión entre LC3 y p53, evitando así que el gen fuera destruido. Como resultado, las células madre neurales sobrevivieron incluso en condiciones de estrés prolongado.

Los animales tratados también mostraron una mejor conservación de la memoria y una reducción de los comportamientos asociados con la depresión y la ansiedad.

Según el profesor Yu Seong-woon, responsable de la investigación, «Hemos demostrado por primera vez que p53, que se sabe que promueve la muerte celular, en realidad funciona como una barrera protectora que salva a las células del estrés en las células madre neuronales del hipocampo».

Impedir la degradación de p53 podría convertirse en la base de una nueva generación de tratamientos para trastornos mentales relacionados con el estrés.

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