Las bronquiectasias constituyen la tercera enfermedad respiratoria crónica más común en España, solo por detrás del asma y la EPOC, pero siguen siendo relativamente desconocidas para la población general. Además, impactan de forma considerable en la calidad de vida, como explica Carmen Calero, coordinadora del Área de Bronquiectasias, Tuberculosis e …
Las bronquiectasias constituyen la tercera enfermedad respiratoria crónica más común en España, solo por detrás del asma y la EPOC, pero siguen siendo relativamente desconocidas para la población general. Además, impactan de forma considerable en la calidad de vida, como explica Carmen Calero, coordinadora del Área de Bronquiectasias, Tuberculosis e Infecciones Respiratorias de SEPAR (BTIR).
«Las bronquiectasias son una enfermedad respiratoria crónica en la que los bronquios se dilatan y se dañan de forma irreversible. Esto favorece la acumulación de moco y la aparición de infecciones respiratorias repetidas, lo que provoca síntomas como tos persistente, expectoración diaria, fatiga y un impacto significativo en la calidad de vida de quienes las padecen», afirma la facultativa.
Por lo tanto, añade, «las actividades más simples, como caminar, subir escaleras, o dormir, pueden convertirse en un reto». Asimismo, Calero señala que cada paciente dedica dos-tres horas diarias a cuidados personales y tratamientos, «además de afrontar gastos médicos, bajas laborales, absentismo escolar y, en algunos casos, jubilación anticipada». «El aislamiento, la pérdida de vida social y la afectación de la salud mental son frecuentes», prosigue.
El desconocimiento de la enfermedad, incluso ante la comunidad médica, conlleva varios retos, como que «sigamos aún con cifras de infradiagnóstico muy elevadas, lo que incrementa la carga tanto para los pacientes como para el sistema sanitario», apunta la doctora. Así, según los registros nacionales de bronquiectasias, «en España aún tenemos una media de retraso diagnóstico desde el inicio de los síntomas de 6,2 años». Para el diagnóstico, indica Calero, «es fundamental la sospecha clínica y la solicitud de un TAC de Tórax de alta resolución (TACAR) donde podamos visualizar las bronquiectasias».
El reto de detectar antes
Precisamente, a principios de marzo SEPAR presentó el informe ‘Llamamiento a la acción: mejora en el abordaje de las bronquiectasias en España’. Entre las principales propuestas, el grupo de expertos destaca varios pilares estratégicos donde actuar. «Tenemos que empezar por fortalecer el diagnóstico de las bronquiectasias, con campañas de sensibilización, programas de formación continuada en Atención Primaria y Protocolos Nacionales Estandarizados con mayor acceso a la realización del TACAR», sostiene la facultativa.
Además, otra conclusión que destaca del documento es que «debemos de crear modelos de atención estandarizados, donde se impulsen Unidades Multidisciplinares de Bronquiectasias y garanticen un acceso equitativo a la atención». También se subraya la necesidad de optimizar el uso de antibióticos «para prevenir resistencias, promover la adherencia terapéutica, reforzar los registros de datos y favorecer la inversión y el acceso a nuevos tratamientos».
Por otro lado, en el caso de la tuberculosis, Sanidad advierte de un repunte de un 8,3% en España. Una tendencia que, bajo el punto de vista de Carmen Calero, «no tiene una sola causa, sino que es el resultado de varios factores que se han ido acumulando en los últimos años». «Tenemos la consecuencia de la pandemia de COVID-19, se detectan más casos que durante la pandemia y la transmisión se ha reactivado. El segundo factor es que, aunque en el mundo los casos bajan, en Europa (no sólo en España) los casos están subiendo, esto indica que hay un cambio regional en la transmisión», desarrolla.
Existen además nuevos perfiles de riesgo y hacen más difícil el control, «siendo mayor en personas nacidas fuera de España y en población joven». «Todo esto se une a que la tuberculosis está ligada sobre todo a la pobreza y a grupos poblacionales en situación de exclusión social, lo que hace más difícil el seguimiento favoreciendo que se siga transmitiendo la enfermedad», concluye.