Las células del cáncer colorrectal (CCR) son dependientes del hierro, que impulsa la síntesis de nucleótidos, la respiración mitocondrial y la proliferación. Sin embargo, paradójicamente, un alto nivel de hierro intracelular es citotóxico para la mayoría de las células normales, ya que con altos niveles de hierro sufrirían un tipo de …
Las células del cáncer colorrectal (CCR) son dependientes del hierro, que impulsa la síntesis de nucleótidos, la respiración mitocondrial y la proliferación. Sin embargo, paradójicamente, un alto nivel de hierro intracelular es citotóxico para la mayoría de las células normales, ya que con altos niveles de hierro sufrirían un tipo de muerte celular conocida como ferroptosis.
Averiguar cómo las células de CCR toleran y aprovechan los entornos ricos en hierro ha sido el objetivo de una reciente investigación impulsada desde la Universidad de Michigan (EEUU). En este nuevo estudio, publicado en ‘Cell Metabolism’, los investigadores comenzaron examinando las vías conocidas implicadas en la ferroptosis, partiendo de la base de que algo fallaba en este proceso.
Posteriormente, llevaron a cabo un análisis CRISPR centrado en el metabolismo, que reveló que el hemo celular, una molécula que contiene hierro, protegía a las células tumorales contra la toxicidad del hierro. Al investigar el hemo, descubrieron que un complejo mitocondrial específico, el complejo II, amortiguaba la muerte celular inducida por el hierro mediante la regulación de la coenzima Q.
«El complejo II en el cáncer de colon es absolutamente fundamental para amortiguar la toxicidad del hierro. Cuando eliminamos el complejo II en líneas celulares o modelos de ratón, la necesidad de hierro se vuelve muy tóxica porque no tienen forma de amortiguarla, y entonces esas células cancerosas comienzan a morir», explicó el autor principal del estudio, Yatrik Shah, profesor titular de fisiología en la Facultad de Medicina de Michigan. Esto convierte al complejo II en una posible diana prometedora contra el cáncer colorrectal.
En síntesis, estos hallazgos revelan una función antioxidante no canónica del CII en la protección de las células de CCR contra la toxicidad inducida por hierro. Al definir cómo las células del cáncer colorrectal se adaptan para sobrevivir bajo una sobrecarga de hierro, el estudio, según sus autores, aborda una importante laguna en el campo y destaca estrategias metabólicas para el desarrollo de nuevas terapias.
Precisamente, los próximos pasos que se plantean estos investigadores pasan por evaluar si un inhibidor puede aplicarse al cáncer colorrectal. Además, «dado que muchos tipos de cáncer son igualmente dependientes del hierro, futuros estudios analizarán si se producen los mismos mecanismos o mecanismos similares en otros tipos de cáncer», concluyó el prof. Shah.
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