Las enfermedades autoinflamatorias mediadas por la interleucina 1 (IL-1) centraron este viernes la cuarta edición de ILUM1NA, un encuentro científico celebrado en Madrid que reunió a más de medio centenar de especialistas de distintas disciplinas con el objetivo de profundizar en los retos diagnósticos y terapéuticos de estas patologías. Bajo el lema Más luz sobre …
Las enfermedades autoinflamatorias mediadas por la
interleucina 1 (IL-1) centraron este viernes la cuarta edición de ILUM1NA,
un encuentro científico celebrado en Madrid que reunió a más de medio centenar
de especialistas de distintas disciplinas con el objetivo de profundizar en los
retos diagnósticos y terapéuticos de estas patologías.
Bajo el lema Más luz sobre las enfermedades
autoinflamatorias mediadas por la IL-1, el programa abordó la creciente
complejidad de un grupo de enfermedades poco frecuentes que requieren una
aproximación multidisciplinar, una mayor precisión diagnóstica y estrategias
terapéuticas individualizadas para prevenir el daño inflamatorio acumulado.
El encuentro estuvo coordinado por los doctores Julián
Fernández Martín, internista del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo,
y Sara Murias, pediatra general y reumatóloga pediátrica en el
Hospital Universitario Central de Asturias, y contó con la participación de
expertos en genética, reumatología pediátrica, medicina interna, inmunología y
otras especialidades implicadas en el manejo de estos pacientes.
Fernández Martín, que agradeció el apoyo de Sobi,
destacó que «esta área de la medicina es muy cambiante» y que los
profesionales están «aprendiendo todos los días». Murias animó a los
asistentes a participar activamente durante las distintas sesiones para
compartir experiencias y dudas clínicas.
Las enfermedades autoinflamatorias constituyen un grupo de
trastornos causados por alteraciones del sistema inmunitario innato y se
caracterizan por episodios recurrentes o persistentes de inflamación sin que
exista un papel predominante de los mecanismos autoinmunes clásicos. Dentro de
este grupo se incluyen patologías como la enfermedad de Still, los síndromes
periódicos asociados a la criopirina (CAPS) o la fiebre mediterránea
familiar.
Uno de los ejes de la reunión fue la mejora del diagnóstico
de estas enfermedades mediante la genética. La Dra. Ángela Gutiérrez
Rojas, internista del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid),
protagonizó el coloquio Diagnóstico y genética en EAIs: interpretación y
toma de decisiones, moderado por Fernández Martín y Murias.
La especialista planteó que la estrategia diagnóstica debe
adaptarse al perfil de cada paciente. En aquellos casos con un fenotipo muy
sugestivo de enfermedad autoinflamatoria, caracterizado por fiebre recurrente
sin causa aparente, rash típico, serositis o antecedentes familiares
compatibles, consideró útil solicitar estudios genéticos amplios desde
el inicio para evitar retrasos diagnósticos. Por el contrario, en cuadros menos
definidos estimó prioritario descartar previamente otras causas autoinmunes,
infecciosas o neoplásicas.
A su juicio, el principal desafío ya no es el acceso a la secuenciación
genética, sino la interpretación de los resultados. «La sospecha clínica
siempre va por delante», apuntó durante el coloquio. En este sentido,
incidió en la necesidad de una comunicación fluida entre clínicos, genetistas y
laboratorios para seleccionar la prueba más adecuada y contextualizar
correctamente los hallazgos.
Gutiérrez Rojas profundizó en las distintas herramientas
diagnósticas disponibles. Los paneles genéticos pueden resultar especialmente
útiles cuando existe una sospecha concreta de determinadas entidades, mientras
que el exoma suele reservarse para casos más complejos o peor definidos. Una de
sus ventajas es que permite realizar revisiones posteriores a medida que se
identifican nuevos genes o mecanismos relacionados con la enfermedad.
La internista apostó por un abordaje sistemático cuando los
resultados no son concluyentes. Entre las medidas recomendadas citó la
reevaluación de la sospecha clínica inicial, la incorporación de nueva
información familiar, la revisión de la calidad de las muestras y de la
cobertura obtenida, así como la consulta con centros expertos o el empleo de
técnicas complementarias. «Un estudio no concluyente no es el final del
proceso diagnóstico», resumió.
Otro de los mensajes que surgieron fue la importancia del reanálisis
genético. Declaró que el conocimiento sobre estas enfermedades avanza de
forma constante y que muchos pacientes pueden obtener hoy una respuesta
diagnóstica gracias al descubrimiento de nuevos genes o a la mejor comprensión
de variantes previamente clasificadas como inciertas.
Precisamente, una parte del coloquio entró en las variantes
de significado incierto. Gutiérrez Rojas dijo que estas alteraciones no
deben utilizarse como criterio diagnóstico hasta demostrar su relación causal
con la enfermedad. Para ello, resulta fundamental correlacionar los hallazgos
con el fenotipo clínico, estudiar la segregación familiar y revisar periódicamente
la literatura científica.
Dedicó parte de su intervención a los denominados mosaicos
genéticos, alteraciones que aparecen después de la formación del embrión y
que no están presentes en todas las células del organismo. Estos casos pueden
manifestarse con fenotipos incompletos, atípicos o de inicio tardío, lo que
dificulta su identificación. Aunque la secuenciación masiva permite detectar
parte de estos mosaicos, en ocasiones es necesario estudiar diferentes tejidos
para alcanzar el diagnóstico definitivo.
Otro de los contenidos, muy práctico, llegó de la mano del Dr.
Fernando Tornero, internista del Hospital Universitario Fundación
Jiménez Díaz (Madrid), durante la ponencia HLH en foco: detección precoz
y coordinación hospitalaria en síndromes hiperinflamatorios. Repasó las
dificultades que siguen existiendo para reconocer de forma temprana la linfohistiocitosis
hemofagocítica (HLH) o síndrome de activación macrofágica (SAM), una
complicación potencialmente mortal en la que el tiempo resulta determinante.
Según indicó, muchos de los criterios diagnósticos actualmente disponibles
parten de la premisa de que los profesionales identifican rápidamente estos
cuadros, cuando la realidad es que numerosos pacientes presentan
manifestaciones poco específicas y el diagnóstico suele requerir parámetros que
no están disponibles de forma inmediata en los servicios de urgencias, como
ferritina, CD25, biopsias o estudios genéticos.
A partir de esa experiencia, Tornero relató la puesta en
marcha de un sistema de alerta temprana en la Fundación Jiménez Díaz basado en
parámetros analíticos obtenidos de forma rutinaria. El protocolo genera una
alerta automática cuando coinciden determinados valores de proteína C reactiva,
fibrinógeno y triglicéridos, enviando un aviso simultáneo al médico
responsable, internistas, intensivistas, hematólogos y profesionales de
urgencias para revisar el caso de manera coordinada.
La iniciativa comenzó a funcionar el pasado 1 de marzo y ya
ha permitido identificar varios pacientes con cuadros hiperinflamatorios
graves. Entre los ejemplos presentados figuró un paciente con peritonitis
séptica persistente que desarrolló un síndrome de liberación de citocinas y
otro enfermo oncológico en tratamiento inmunoterápico que fue diagnosticado de
síndrome de activación macrofágica en menos de 24 horas gracias a la alerta
generada por el sistema.
Los primeros resultados muestran cinco alertas activadas y
tres diagnósticos confirmados, cifras que, en opinión del ponente, respaldan la
utilidad de una herramienta que todavía se encuentra en fase inicial de
desarrollo. Tornero reconoció la existencia de falsos positivos y algunos casos
que pueden escapar al sistema, pero defendió que permite reducir de forma significativa
los tiempos de evaluación y tratamiento.
Como conclusión, apostó por un abordaje multidisciplinar que
involucre a profesionales de diferentes áreas, desde el laboratorio hasta las
unidades de cuidados intensivos. Asimismo, planteó la creación de redes
colaborativas entre hospitales para compartir experiencias y protocolos. De
acuerdo con sus palabras, las alertas automatizadas constituyen una herramienta
de bajo coste, segura para el paciente y potencialmente exportable a otros
centros, del mismo modo que ya existen circuitos asistenciales específicos para
patologías tiempo dependientes como el infarto, el ictus o la sepsis.
La jornada continuó con distintas sesiones dedicadas a la
experiencia clínica en enfermedades autoinflamatorias, abordando aspectos como
el manejo de los síndromes periódicos asociados a la criopirina, las
manifestaciones gastrointestinales, la relación entre autoinflamación e
inmunodeficiencia, la enfermedad IgA, la inflamación cardiaca mediada por IL-1
en pediatría y el abordaje de la fiebre mediterránea familiar en la era del Treat
to Target.