Casi dos años sin tocar juntos y tenía que acechar el chaparrón azkenero para intentar poner un palo en las ruedas de una formación que … vuelve a la carretera con cuarenta años de actividad musical a sus espaldas. Nada que pueda detener a Los Enemigos, supervivientes por excelencia de excesos, cambios de modas y vaivenes internos tras cuarenta años. Su rock con un punto chulapo, malasañero, pletórico de ironía y lecciones callejeras se mantiene intacto. Ya no parecen necesitar paracaídas ni la vida los ha logrado matar, por mucho que su líder haya puesto lo suyo de su parte en tantas ocasiones. Volvieron al Azkena por tercera vez para facturar un concierto sobrio, con el brillo mate de la madurez de unos músicos que saben lo que hacen y que manejan un buen puñado de grandes canciones.

En octubre saldrá su nuevo disco ‘Canciones Chulas’, pero apenas se escuchó una pieza de este trabajo. A cambio, un torrente de los clásicos más descollantes de un repertorio sólido y extenso. Josele Santiago y sus compinches irrumpieron en el escenario God en plena inestabilidad meteorológica. Cuatro gotas que, a medida que caían los temas, llegaron a ser más. Nada achantó a la formación de Malasaña, encantada de sentirse de nuevo sobre el escenario, con ese punto de nervios y alguna tonalidad vocal descolocada porque la falta de rodaje, los años y la tensión del restreno hacen también su mella.

Josele Santiago es el alma creadora principal de una formación resiliente como pocas en el panorama rockero nacional. La voz un tanto quebrada por la emoción, pero también con el suficiente entrenamiento para alcanzar algunos agudos. Los bordó en uno de los grandes temas, esa ‘Cuenta Atrás’ que nació después de que un ejecutivo discográfico les recordara que, tras el éxito de su tercer disco ‘La Vida Mata’, la carrera de entonces era de verdad. 

De John Wayne a Serrat

La banda madrileña pisó sobre seguro al comenzar con un ácido ‘John Wayne’, demostró querer ir derechito al baile en ‘Me sobra Carnaval’ y se sirvió un copazo etílico con ‘Brindis’. Letras conocidas de carrerilla por un buen número de incondicionales de las primeras filas, que tienen a Los Enemigos como héroes cercanos, viejos colegas de barra de bar. Cayó la versión electrificada del ‘Señora’ de Joan Manuel Serrat para después contener un tanto las pulsaciones con el gran himno enemigo.

Tuvo que sonar ‘Desde el Jergón’ justo en el momento en el que más arreció la lluvia, asomaban los chubasqueros y los paraguas y algunos grupos escapaban en desbandada en busca de cobijo. Imperturbables mientras Josele Santiago desgranaba ese canto carcelario que maldice al mundo, la divinidad y a ese amor que ya no escribe. No hay jergón sin que suene también ‘Septiembre’, otra perla del disco que lanzó la carrera del grupo allá por 1990 resuelta con maestría y el brillo de la guitarra solista de David Krahe.

Ya calados por el segundo chaparrón de la tarde, Josele Santiago, gorra calada y pin con la bandera palestina en la pechera, siguió a pies juntillas la lógica meteorológica imperante; cantó ‘Vendaval’, uno de los temas con mejor acabado de su disco ‘Bestieza’. Poco importaba mojarse. La banda ya había acelerado, más suelta y valiente a la hora de abordar temas de alta intensidad como ‘Dentro’ o ‘No se lo Cuentes’, la única cantada por el bajista Fino Oyonarte. Quedaron para el final ‘Paracaídas’ y ‘Siete Mil canciones’. Notable alto para unos fraternales y necesarios Enemigos.