Después del vuelo, llegó el momento más dulce de la jornada. Tras compartir instrucción aérea en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier, el rey Felipe VI y la Princesa Leonor recibieron dos creaciones con marcado sabor murciano: un Pilatus PC-21 de chocolate y una caja de langostinos dulces elaborados por la Panadería Confitería José Antonio de la localidad costera.
El encuentro tuvo lugar la tarde del pasado 14 de mayo, después de que el Monarca aterrizara en San Javier, tras haber visitado por la mañana el Mando Conjunto del Ciberespacio, en Pozuelo de Alarcón. Padre e hija volaron a primera hora de la tarde, en un momento sin actividad en la Academia, dentro de la formación militar que la heredera al trono desarrolla en la AGA.
Antes de regresar a Madrid en el Falcón, el rey compartió un cóctel con la Princesa, mandos de la AGA y compañeros de Leonor. Fue durante ese encuentro cuando ambos recibieron las piezas elaboradas por la confitería pinatarense: un guiño repostero al avión en el que se forma la Princesa y otro a uno de los grandes iconos gastronómicos del Mar Menor.

El dulce que ha preparado para la princesa la confitería José Antonio / Belén Pardo
Un Pilatus PC-21 convertido en chocolate
El primero de los regalos fue un Pilatus PC-21 de chocolate, una pieza que conecta directamente con la etapa de formación aérea de la Princesa Leonor. Este modelo de avión, conocido en el Ejército del Aire y del Espacio como E.27, es el aparato con el que los alumnos de la Academia General del Aire y del Espacio realizan parte de su instrucción.
La Panadería Confitería José Antonio ha convertido este símbolo de la AGA en una creación comestible, dentro de su línea de piezas de chocolate inspiradas en la aviación. La firma ya había trabajado otros modelos vinculados al entorno aeronáutico, como el C-101 o el Eurofighter, y presentó en Madrid Fusión una escultura del Pilatus elaborada con chocolate de alta gama y rellena de una ganache inspirada en los sabores del café asiático cartagenero.
El resultado es un dulce que no solo reproduce un avión, sino que resume una parte del paisaje emocional de San Javier: la Academia, el cielo del Mar Menor y la presencia constante de la formación militar aérea en la vida del municipio.

Langostinos dulces de chocolate creados por la Panadería Confitería José Antonio / P. C. José Antonio
Langostinos dulces del Mar Menor
El segundo detalle fue una caja de langostinos dulces, otra de las creaciones más singulares de la confitería. En este caso, el trampantojo juega con uno de los productos del mar más reconocibles del Mar Menor.
Aunque a primera vista parecen marisco, se trata de piezas dulces elaboradas con chocolate blanco y rellenas de praliné de nueces de Macadamia, crujiente de barquillo y crema de avellana blanca. Su acabado rosado busca reproducir el aspecto del langostino, hasta el punto de que el molde se realizó tomando como referencia ejemplares reales del Mar Menor.
La Princesa Leonor ya los había probado con anterioridad y, según se comentó durante el encuentro, confirmó que le gustaban mucho. Así, el detalle no fue solo protocolario, sino también cercano: un pequeño guiño local en una jornada marcada por la formación, la familia y la vida cotidiana de la Academia.

La Princesa de Asturias charla con sus compañeras de la Academia General del Aire y del Espacio / Casa de S.M. el Rey
Un vuelo en formación y un brindis con sabor murciano
La jornada tuvo también un fuerte componente simbólico. Durante su vuelo de instrucción junto al rey, la Princesa pudo compartir con su padre una experiencia muy ligada a su aprendizaje en San Javier: volar en formación. Ella misma se refirió a esa idea en su discurso con motivo de reciente entrega de la Medalla de Oro de la Región de Murcia en el Palacio de San Esteban, cuando destacó la importancia de confiar plenamente en las propias capacidades y en las de quienes vuelan al lado.
En este discurso de despedida de la Princesa en Murcia,recordó que había visto «el Mar Menor desde el cielo» durante sus vuelos de instrucción. Por eso, los dos dulces tenían una lectura especial: el Pilatus PC-21 de chocolate resumía su etapa de formación en la AGA, mientras que los langostinos dulces evocaban el territorio que la heredera dijo haber sentido cercano durante este curso. «Hay en Murcia un aire de amabilidad y cercanía que no pasa inadvertido», afirmó Leonor.