Tenía aroma de partido grande: el Túnez-Japón era el duelo 1.000 de la historia de los Mundiales. Los Samuráis Azules, eso sí, no tuvieron rival. Fueron superiores de principio a fin frente a un conjunto norteafricano que apenas inquietó la meta de Suzuki. Sin Kubo, uno de sus líderes, prácticamente descartado para el último partido de fase de grupos debido a una lesión en la rodilla izquierda, Kamada, Ueda – con un doblete – e Ito fueron los goleadores de una Japón coral que continúa aleccionando al mundo dentro y fuera de los terrenos de juego. Túnez, eliminada (0-4).
Los hinchas japoneses se han ganado una merecida reputación por dejar los estadios de fútbol impecables antes de marcharse. Dieron una lección en su primera participación en en Mundial, Francia 1998, y, hace cuatro años, en Qatar, volvieron a mantener limpios los estadios a los que asistieron.
Los nipones amarraron un buen empate ante Países Bajos y necesitaban un triunfo para llegar a la última jornada frente a Suecia dependiendo de sí mismos, con la posibilidad de asegurar la segunda posición con solo un punto.
Diversión nipona
Su rival, en cambio, aterrizaba en una situación delicada: la Federación Tunecina de Fútbol decidió prescindir de los servicios de Sabri Lamouchi tras la abultada derrota por 5-1 frente a Suecia en su debut. Hervé Renard, su sustituto, no tuvo margen para milagros y no pudo evitar la eliminación de Túnez. La derrota selló el adiós de las Águilas de Cartago.
A los de Moriyasu les salió cara desde el principio. Sin un Take Kubo que sufre una lesión en la rodilla izquierda y no apunta a reaparecer hasta, mínimo, después de la fase de grupos, se avanzaron de inmediato en el marcador. En una transición muy bien ejecutada, Nakamura metió un balón al área pequeña que remató Kamada con la espuela. Genial recurso del futbolista del Crystal Palace para engañar a los zagueros tunecinos.
El VAR anuló el que pudo ser el segundo tanto nipón. Dahmen anduvo rápido para sacar un balón que no atravesó la línea de gol por cuestión de milímetros. Sin embargo, la intensidad, despliegue físico y buen juego de los Samuráis Azules pasó por encima a una Túnez falta de ideas y de convicción.
A la media hora de partido encajaron el segundo. De Ayase Ueda. El delantero del Feyenoord arrancó la moto, pisó la frontal y se armó de valor: latigazo cruzado para poner tierra de por medio en el Gigante de Acero.

Junya Ito celebra su gol a Túnez / Sashenka Gutiérrez / EFE
Y Túnez decepciona
En la reanudación quiso Túnez dar un paso adelante y tener mayor control de la posesión, pero apenas inquietó a un Suzuki que tuvo poco trabajo. Japón estuvo con un par de marchas más durante todo el encuentro y, lejos de encajar, sentenciaron – más si cabe – el encuentro número 1.000 de la historia de los Mundiales en el minuto 69. El tanto llevó la firma del correcaminos Junya Ito.
Inconformista como el que más, Ayase Ueda quiso dejar aún más huella en el partido y convirtió su doblete: cabezazo algo forzado al centro de Sano que acaba colándose en la meta de Dahmen. Se divirtió Japón en Monterrey.