Algo se había hablado. En la presentación del Caja Rural, en el inicio de la temporada, circularon rumores, pero la noticia llegó un poco más … tarde: la escuadra española era una de las invitadas por el Tour de Francia. La buena campaña que hicieron el pasado año les valió la llamada de la carrera ciclista más importante del mundo y, de su mano, estará también una firma que lleva desde el año 2008, cuando Daniel Alonso hizo una importante apuesta empresarial, dando pasos para consolidarse en el ámbito de la fabricación de bicicletas: MMR. «Estar en el Tour es lo mejor que nos ha pasado, es como si nos hubiese tocado la lotería», confiesa Alberto San Martín, director general de la compañía con sede en Avilés, donde una plantilla de 35 personas da vida a una marca que tiene por delante uno de los retos más bonitos de su historia.

La vida en la factoría no ha cambiado demasiado hasta ahora. Los planes de una compañía que el pasado año facturó 14 millones de euros siguen siendo muy similares, pero con la expectativa de saber qué pasará cuando sus bicicletas se muestren en el «mayor escaparate» del ciclismo mundial. «Dicen que cuando una marca llega al Tour hay un crecimiento exponencial, con un retorno muy directo. Pero yo prefiero ser prudente».

Por ahora, lo que han notado es una mayor atención por parte de los clientes franceses y también de las tiendas en las que se venden sus productos. Los aficionados galos valoran que una marca esté presente en su carrera, lo que se traduce en mayores ventas. Y en las tiendas, donde los departamentos comerciales de las marcas trabajan por colocar su producto, ahora es más fácil que les escuchen. «Hay muchas firmas de ciclismo y no todas están en el Tour. ¿Cuántas pagarían por poder estar?».

El verdadero retorno aún no ha llegado, pero sí que se percibe una mejora reputacional. MMR se va a codear con los gigantes de un mercado, el de las bicicletas, que ha vivido en los últimos años en una montaña rusa de la que la firma avilesina no se ha librado. «En los últimos años hemos pasado por lo mejor y lo peor». Lo mejor, el cambio de mentalidad que llegó tras la pandemia y que llevó a muchas personas a practicar deportes al aire libre, con una expansión descomunal del mercado del ciclismo. Lo peor, la crisis que llegó después, cuando hubo una saturación de los stocks por una demanda que, irremediablemente, iba a la baja después de un periodo disparada.

La empresa avilesina, no obstante, ha sabido moverse en las aguas revueltas de este mercado. En los últimos años han logrado «duplicar» su facturación, añadiendo además un componente de calidad a sus ventas. «Nuestro precio medio de bicicleta ha subido y hemos virado de un producto más económico a uno más premium». Este cambio no sería posible si su tipo de cliente siguiese siendo el mismo, un viraje que se puede ver reforzado con la presencia en el Tour. «Seguimos teniendo bicicletas económicas, pero nuestro volumen está ahora más centrado en carretera, gravel y eléctrico. Nuestros modelos se han centrado sobre todo en el carbono».

Línea de ensamblaje de bicicletas de MMR.

Línea de ensamblaje de bicicletas de MMR.

(Juan Carlos Román)

El resultado de su andadura se ve reflejado en sus cifras de ventas. MMR es una marca que cada vez cuenta con más puntos de distribución, donde el mercado nacional sigue siendo el dominante, con un 60% de su facturación. Pero la intención de la firma es conseguir que ese porcentaje sea el peso de las ventas internacionales dentro de su balance. «El crecimiento de la marca va hacia el mercado internacional».

Le Voyage Vert

Lo que les queda ahora por delante, a menos de dos semanas para que empiece la carrera, es tratar de aprovechar el tirón. Lo están haciendo con su campaña Le Voyage Vert, una acción de comunicación que les lleva a varias ciudades del norte de España y con la que estarán en Barcelona el día que arranca la carrera para llegar después al Tourmalet.

Donde no piensan cambiar nada es en las bicicletas con las que los corredores del Caja Rural competirán en el Tour. Los colores serán los mismos que se planificaron al inicio de la temporada y tampoco se plantean una bicicleta especial con motivo de su participación en la carrera.

Quienes sí cuentan con bicicletas especiales son los embajadores de la marca avilesina, encabezados por el piloto de Fórmula 1 Fernando Alonso, quien ha acompañado a MMR desde sus inicios. «Estamos encantados de que lleven nuestras bicicletas, pero tampoco hacemos series vinculadas a ellos». Lo que sí guardan, cada vez que personalizan una bicicleta para uno de sus muchos embajadores, una nómina en la figuran nombres como los de Carlos Sainz, Saúl Craviotto, Luis Enrique Martínez y Samuel Sánchez, es un gemelo que guardan de recuerdo en la fábrica.

La sola participación en el Tour de Francia es ya una excelente noticia para MMR, que sueña ahora con una gesta del Caja Rural. Hablar de ganar una etapa son palabras mayores, aunque el equipo dispondrá sus armas durante la carrera, pero solo con que el conjunto español sea capaz de entrar en una fuga, desde la factoría avilesina se darán por contentos. «Que se vean minutos de televisión», esperan.

Mientras llega la gran ronda del ciclismo mundial, en la factoría siguen con su trabajo, esperando con cautela lo que sucederá una vez lleguen a París. El probable crecimiento que pueda venir asociado no preocupa a la compañía en términos de absorción del trabajo. «Sería incrementar línea de ensamblaje y dotar con más recursos en materia de marketing y comercial los mercados donde exista una alta demanda.».

Desde que la firma echó a andar el método de funcionamiento sigue siendo el mismo. Las bicicletas se diseñan en Avilés, con Chechu Rubiera al frente del departamento de Ingeniería, y los cuadros se fabrican en Asia. Con todas las piezas ya en la factoría, las bicicletas quedan ensambladas y listas para salir a tienda. «Quizá hace 18 años, cuando Daniel (Alonso) inició este proyecto, nunca pensó que nuestras bicicletas podían estar en el Tour».

Pero es que antes las bicicletas de MMR ya estuvieron en Juegos Olímpicos, haciéndose con una medalla en Río de la mano de Carlos Coloma. Eran los tiempos del MMR Factory Racing Team, un equipo por el que pasaron los mejores corredores de España de la especialidad y que se disolvió en 2022, cuando ya coincidía con el patrocinio del Caja Rural. La marca, que había nacido con una fuerte vinculación con la bicicleta de montaña, decidió entonces comenzar a virar de forma clara hacia la carretera, una apuesta que ahora da sus frutos con un hito al alcance de muy pocos: ser partícipes de la mayor carrera de ciclismo que existe en el mundo.