La derrota de Alexander Zverev ante Taylor Fritz en las semifinales del ATP 500 de Halle dejó mucho más que una eliminación inesperada. El alemán, que llegaba lanzado tras conquistar Roland Garros, reveló después del encuentro que disputó gran parte del partido condicionado por un serio problema relacionado con el control de su diabetes.
Aunque el número tres del mundo descartó cualquier preocupación de cara a Wimbledon, explicó que un fallo en el sensor de glucosa que utiliza habitualmente alteró por completo su preparación y tuvo un impacto directo en su estado físico durante el encuentro.
«No creo que haya motivos para preocuparse de cara a Wimbledon. Mi espalda se bloqueó un poco, pero esa no fue la razón principal de la derrota. Tuve problemas enormes con el azúcar porque el sensor que utilizo me dio una lectura completamente incorrecta», explicó.
Según relató, el dispositivo indicó unos niveles de glucosa muy elevados cuando en realidad estaban bajos, lo que le llevó a administrarse más insulina de la necesaria poco antes de saltar a la pista. «Me indicó unos valores muy altos cuando en realidad estaban bajos, así que me inyecté mucha más insulina de la que debía», confesó.

Fritz jugará la final en Halle / EFE
Las consecuencias fueron inmediatas. Durante el partido, Zverev tuvo que compensar constantemente esa situación consumiendo grandes cantidades de azúcar para evitar una bajada peligrosa de glucosa. «Durante el partido, o más bien durante los primeros 45 minutos, tuve que consumir cerca de 350 gramos de azúcar. Me sentía absolutamente horrible. Esa fue realmente la razón por la que físicamente no estaba presente en el segundo set y también me costó muchísimo en el tercero», reconoció.
A pesar de las dificultades, el alemán evitó utilizar el problema como excusa y elogió el rendimiento de su rival. «Luché, lo di todo y al final también hay que reconocer que Taylor ganó merecidamente. Hoy jugó mejor que yo. Estuvo más presente, más fresco, se movió mejor y mereció la victoria», señaló.
Zverev explicó además que jamás había vivido una situación similar desde que comenzó a utilizar este tipo de tecnología para controlar la enfermedad. «Es la primera vez que me ocurre algo así. Llevo utilizando estos sensores desde 2016 o 2017 y en nueve años nunca había visto un error tan grande», afirmó.
El alemán también aclaró que los problemas de espalda que recibió tratamiento durante el partido no fueron el principal obstáculo. El verdadero desafío era mantener estables sus niveles de glucosa. «Si alguien revisa el partido verá que estuve bebiendo una bebida de glucosa tras otra constantemente. Al final terminé consumiendo entre 300 y 350 gramos de azúcar. Eso es muy complicado de gestionar», explicó.
De hecho, el tenista detectó que algo no iba bien incluso antes de comenzar el encuentro. «El dispositivo estaba marcando unos niveles extremadamente altos. Sin embargo, yo ya sentía que tenía el azúcar baja. Decidí hacer una medición adicional y comprobé que efectivamente mis niveles estaban bajos. En ese momento pensé: ‘Va a ser un día complicado'», concluyó.
Pese al contratiempo, Zverev se mostró optimista con vistas a Wimbledon, donde llegará tras una sólida gira previa y con la confianza de haber firmado una gran temporada, aunque con la amarga sensación de que un problema ajeno al tenis pudo condicionarle en una de las citas más importantes de la preparación sobre hierba.