«A veces los mejores proyectos nacen de las premisas más complejas». Con esta reflexión hablan en el estudio del arquitecto Carlos Lamela de Vargas, … sobre el hotel Tres Carabelas, una de los edificios nacidos al calor de la explosión turística de la Costa del Sol y que tiene sello de su padre, Antonio Lamela Martínez, fundador de este despacho profesional al que Torremolinos le debe parte de su identidad, tanto que, en 2017, le concedieron la Medalla de la Ciudad a título póstumo.
De Lamela, que dejó su impronta en las Torres de Colón, el aeropuerto de Barajas o el Estadio Santiago Bernabéu, iconos de Madrid, al igual que en otras notables obras dentro y fuera de España, también son las urbanizaciones de La Nogalera y Playamar, ejemplos de su audacia para llevar a la práctica el bautizado como estilo relax, propio del destinado al ocio. A estos dos últimos trabajos hay que sumar, como hito en el horizonte torremolinense, al hotel Tres Carabelas, pero, para comprobar los motivos, hay que recurrir a las fotografías antiguas y a lo escrito. El hotel no existe, concretamente, va para 20 años que fue demolido.
Una manzana vacía
La desaparición del establecimiento dejó un hueco enorme, una manzana de 12.688 metros cuadrados, con vistas a cuatro calles, Carlota Alessandri, España, Puerto Real y Nerja.
Cuando se levantó el Tres Carabelas, Lamela encontró una «parcela hundida, separada de la playa y con un vial adyacente». Unos condicionantes que fueron solventados con el diseño de «soluciones pioneras en arquitectura hotelera en España».
El complejo fue alzado en perpendicual a la carretera, «con estructura de espina de pez para conseguir terrazas orientadas a mar y montaña».

Jardines del hotel.
(Archivo Histórico Fotográfico de la UMA)
La entrada, detallan en el estudio, se constituyó en la planta segunda, separada de la de servicio. En cuanto al paisajismo fue diseñado por Lamela «en conjunto a la piscina, accesos y área de playa para conformar una atmosfera unitaria». En resumen, «marcó un antes y un después en los proyectos hoteleros de costa».
El hotel fue un proyecto promovido por José Meliá, histórico empresario del sector que hizo con este negocio acto de presencia en Málaga, de ahí que formara parte de su cadena y le pusiera también su apellido.
La apertura de puertas llegó en 1962 y no se cerraron hasta 2005. Su actividad está asociada a los años dorados de Torremolinos, al igual que los de otros referentes, como el Pez Espada, este sí en pie, modernizado y con protección como Bien de Interés Cultural, una salvaguarda de la que no gozó el Tres Carabelas.
Escultura
El desaparecido alojamiento tiene, a su vez, una intrahistoria vinculada a otra pérdida, como recogen las publicaciones del propio estudio de arquitectura, que la narran así: «En 1962, Antonio Lamela encargó al escultor Pablo Serrano una pieza abstracta para el hotel Tres Carabelas de Torremolinos. Hecha con restos de obra, fue retirada y destruida por su carácter polémico. Pablo Serrano litigó 20 años hasta su muerte en 1985, abriendo camino a la protección de los derechos de autor. Como desagravio, Lamela le encargó la escultura Calas Verdes en 1964, que hoy renace en Madnum, proyecto de Colonial en Méndez Álvaro».
Cruiser
Para el terreno que dejó vacante el Meliá llegó una idea ambiciosa: el hotel Cruiser, que iba a ser el primer cinco estrellas de Torremolinos, y que tenía fecha prevista de inauguración en 2010.
La Junta de Andalucía, no obstante, impugnó la licencia otorgada por el Ayuntamiento a la promotora Arco Sur, por no ajustarse a las normas urbanísticas de Torremolinos. De hecho, antes de que se pusiera la primera piedra, en 2007, los planes para esta obra ya fueron modificados, lo que supuso la reducción de la altura máxima del inmueble de 24 a 15 plantas en su zona más elevada. Iban a ser 439 habitaciones de lujo, 594 plazas de aparcamiento, un ‘spa’ y un helipuerto, entre otras prestaciones, que no llegaron a culminarse nunca.
Los trabajos se paralizaron en mayo de 2009 y, a día de hoy, todavía quedan los restos de aquel intento, un tremendo boquete.

El solar en el que se ejecutará la operación urbanística.
(Ñito Salas)
El descomunal solar, eso sí, está en camino de volver a tener vida. La promotora sevillana Grupo ABU ha puesto en marcha una inversión de 250 millones de euros para levantar 353 viviendas allí y, de hecho, ya están a la venta. Para que la operación haya sido posible, después de dos décadas del adiós al Tres Carabelas, fue necesario un cambio de uso de la finca, una condición incluida dentro del convenio para la revitalización de esta zona del casco urbano, que recibió el apoyo de la Corporación Municipal en 2023.