La industria ferroviaria tiene un papel estratégico en Euskadi por la gran cantidad de empleo que genera y la larga cadena de proveedores que requiere … a su alrededor. Por ello el Gobierno Vasco ha apostado por hacerse presente en el accionariado de las dos firmas vascas que construyen trenes. Lo es desde hace mucho en CAF, donde tiene un 3%. En la compañía guipuzcoana están presentes otros actores institucionales de relevancia, como Kutxabank con un 10,2% y la fundación BBK, que tiene un 3%.

En el caso de Talgo, el Ejecutivo ha jugado un destacado papel en la operación cerrada para que el consorcio dirigido por José Antonio Jainaga se haga con el control del fabricante. El grupo vasco controla el accionariado actual a través de un 7,8% cada uno de los socios: el Gobierno Vasco, el Estado a través de la Sepi y la fundación vizcaína BBK. La alavesa Vital cuenta, por su parte, con un 3,9%.

Tenso equilibrio

A pesar de esta presencia pública e institucional y la apuesta de la UE por proteger la industria europea, el Gobierno Vasco no ha verbalizado la preocupación del sector ferroviario por la posibilidad de quedar fuera del mayor concurso de Renfe. Se trata de hasta 4.100 millones para entre 30 y 40 trenes de muy alta velocidad y su mantenimiento.

Y es que el sector ferroviario necesita de muchos equilibrios políticos. En España solo hay un comprador de trenes de alta velocidad: Renfe. Y eso genera que las relaciones de los fabricantes estén siempre sometidas a un complejo juego de tiras y aflojas en el que no es posible romper la cuerda. De ahí que las empresas rehuyan un enfrentamiento directo con el operador.