A sus 77 años, Joaquín Sabina ha cerrado una trayectoria artística casada con el éxito. Un itinerario que inició en casi la clandestinidad de los bares de Madrid y que terminó en estadios y grandes auditorios a ambos lados del Atlántico. Una carrera alimentada por un repertorio rebosantes de himnos inmarcesibles.
Si conocida es su faceta musical, menos popular es cómo fue la infancia, adolescencia y juventud del cantautor de Úbeda. Aprovechando su retirada de los escenarios (plasmada definitivamente el pasado 30 de noviembre en el Movistar Arena de Madrid), el artista ha reflexionado sobre el éxito y sobre sus orígenes familiares en una muy interesante entrevista con Carlos del Amor en RTVE.
El autor de ’19 días y 500 noches’ echa la vista atrás con emoción. «Mi padre y mi madre se hubieran muerto de gusto con los triunfos de mi carrera porque yo solo les dí disgustos. Me exilié y estuve meses sin escribirles. Era la oveja negra de la familia. Mi hermano, que es policía igual que mi padre, era el hermano que hacía lo que debía hacerse. Se casó con la hija del alcalde, tuvo hijos…».
Y prosigue con el relato: «Yo hacía todo al revés. Creo que les hice sufrir muchísimo. Si vieran lo que ha pasado últimamente, serían enormemente felices. Seguro. Es tristísimo para mí pensar en la mala vida que les dí y lo felices que serían ahora».
En esta charla sincera y reposada, Joaquín Sabina desvela cómo fue germinando su vocación artística. «Tengo una cosa muy rara que no tiene que ver con casi nadie. No ha habido un minuto en mi vida que soñara o deseara ser lo que he sido. Como viajar tantas veces a América a través de mis canciones. Yo fui un niño y un adolescente de unas ambiciones mucho más provincianas y domésticas, que podían incluir como mucho terminar siendo profesor de instituto como Machado y publicar algún libro muy atrevido que nadie leyera pero que me diera cierto prestigio».
Concluye abrazando las conquistas que nunca había imaginado: «Pero nunca pensé en que me pasaría lo que me ha pasado, ni siquiera cuando cantaba en los bares en Londres. Pensé que eso era lo que era, una salida para conseguir algo de dinero y comer. Cuando he ido a cantar al Royal Albert Hall me he descojonado por dentro: si yo tocaba en el metro, ahí abajo. Ni siquiera lo imaginé como un sueño».