La prevalencia de la enfermedad cardiometabólica (EMC) está aumentando en todo el mundo y es un importante impulsor de la morbilidad y mortalidad cardiovascular (CV). En el paciente cardiometabólico, la agrupación de factores de riesgo cardiovascular, tales como obesidad e hipertensión, alimenta un síndrome multisistémico caracterizado por inflamación de bajo …
La prevalencia de la enfermedad cardiometabólica (EMC) está aumentando en todo el mundo y es un importante impulsor de la morbilidad y mortalidad cardiovascular (CV). En el paciente cardiometabólico, la agrupación de factores de riesgo cardiovascular, tales como obesidad e hipertensión, alimenta un síndrome multisistémico caracterizado por inflamación de bajo grado, adiposidad visceral, dislipidemia y disfunción endotelial. En estos casos, la comunicación celular suele alterarse: la grasa se inflama, comienza a almacenar el exceso de lípidos de forma diferente y libera moléculas que hacen que los vasos se vuelvan más rígidos y menos reactivos.
Estos episodios contribuyen a las primeras etapas de la enfermedad vascular, que puede provocar infartos y accidentes cerebrovasculares. Investigadores de la Universidad de Zúrich (UZH) y del Hospital Universitario de Zúrich (Suiza), en colaboración con colegas de la Universidad de Pisa en Italia, han investigado sobre los interruptores moleculares que determinan qué genes de las células adiposas perivasculares se activan o desactivan.
Estos reguladores epigenéticos son marcadores químicos en las proteínas que empaquetan el ADN. Las proteínas que reconocen estos marcadores determinan cómo se «lee» el genoma en cada célula, activando o desactivando muchos genes simultáneamente. «En lugar de actuar sobre una molécula específica a la vez, nuestro objetivo era reajustar todo el programa de actividad genética del tejido adiposo», explicó Francesco Paneni, cardiólogo de la UZH y director del estudio.
Estos investigadores consideran que parte de los esfuerzos de investigación deberían centrarse en comprender los procesos moleculares en la interfaz grasa-vascular, ya que esta se reconoce cada vez más como un punto de control del daño vascular en condiciones de adiposidad y estrés hemodinámico.
En pruebas de laboratorio con ratones y tejido humano, los investigadores utilizaron fármacos epigenéticos específicos, conocidos como inhibidores de la proteína BET, para modular la expresión génica en la grasa perivascular. Con ello se consiguió modificar el programa de expresión génica de la grasa, alejándolo de la inflamación y reduciendo simultáneamente múltiples procesos dañinos. Los vasos sanguíneos rodeados por la grasa reprogramada se relajaron con mayor facilidad y mostraron menos signos de daño vascular al ser examinados en muestras de tejido.
Los investigadores también identificaron un factor clave en estos efectos: una enzima llamada hexoquinasa 2, que desempeña un papel importante en el metabolismo del azúcar. Cuando esta enzima está hiperactiva en la grasa perivascular, las células adiposas almacenan más grasa, liberan más señales inflamatorias y producen sustancias que dañan el revestimiento de los vasos sanguíneos. «Reducir la actividad de la enzima, ya sea indirectamente alterando los lectores epigenéticos que controlan su gen o directamente sobre la enzima misma, atenuó el comportamiento inflamatorio de la grasa y restauró la función vascular normal en las muestras que estudiamos», afirmó el Dr. Paneni.
Según los investigadores, estos hallazgos podrían ayudar a transformar el enfoque médico para la prevención de complicaciones vasculares en personas con obesidad y enfermedades metabólicas. «En lugar de tratar únicamente los factores de riesgo posteriores, como la hipertensión, el colesterol alto o el azúcar en sangre, una vez que el daño ya ha comenzado, las terapias epigenéticas buscan reprogramar los procesos tisulares que contribuyen al daño vascular», concluyó el Dr. Paneni.
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