Los medicamentos antihipertensivos han sido el pilar de la atención cardiovascular durante las últimas décadas. A pesar de la eficacia documentada del tratamiento antihipertensivo, el control de la presión arterial se logra solo en aproximadamente el 50% de los pacientes hipertensos. Se cree que la falta de adherencia al tratamiento puede suponer …

Los medicamentos antihipertensivos han sido el pilar de la atención cardiovascular durante las últimas décadas. A pesar de la eficacia documentada del tratamiento antihipertensivo, el control de la presión arterial se logra solo en aproximadamente el 50% de los pacientes hipertensos. Se cree que la falta de adherencia al tratamiento puede suponer un obstáculo para la eficacia de la terapia.

Para hacer frente a este tipo de barreras, investigadores de la Universidad de Manchester y del Manchester University NHS Foundation Trust (MFT) (Reino Unido), se han centrado en el desarrollo de una prueba de orina que detecta la presencia o ausencia de medicamentos para bajar la presión arterial, conocida como prueba de adherencia química o CAT.

CAT se sustenta en una técnica conocida como cromatografía líquida-espectrometría de masas para detectar fármacos específicos o sus metabolitos en muestras de sangre u orina. Se utiliza, principalmente, en hospitales, clínicas y servicios de nefrología/cardiología cuando se pretende verificar la adherencia al tratamiento en pacientes con hipertensión resistente.

Los investigadores reclutaron a 130 adultos con hipertensión que tomaban al menos dos medicamentos para la presión arterial, pero que, tras analizar su orina mediante la prueba CAT, se descubrió que no seguían el tratamiento correctamente. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a recibir los resultados de la prueba CAT junto con una conversación personalizada sobre por qué se les habían saltado dosis, o a continuar con la atención habitual.

Tras un seguimiento medio de casi tres meses, la presión arterial sistólica promedio, la presión en las arterias cuando el corazón se contrae y bombea sangre, no presentó diferencias significativas entre los dos grupos. Si bien dicha presión ajustada en quienes recibieron la intervención CAT fue aproximadamente 5 mmHg menor que en el grupo de atención estándar, esta diferencia no alcanzó el nivel de significación estadística. Sin embargo, quienes recibieron la intervención mostraron una mayor adherencia a los medicamentos recetados para bajar la presión arterial tres meses después de la misma.

Los resultados ponen de relieve los retos que supone abordar la falta de adherencia oculta al tratamiento, un problema que afecta hasta a una de cada tres personas con hipertensión. Los investigadores consideran que se necesitan urgentemente ensayos de mayor envergadura para comprender si las intervenciones basadas en CAT podrían desempeñar un papel en la mejora de los resultados a largo plazo para las personas con hipertensión. Asimismo, la tecnología podría resultar valiosa como parte de un enfoque personalizado para el manejo de enfermedades crónicas en las que es frecuente que se omitan medicamentos.

«Esperamos que este enfoque personalizado para el seguimiento de la adherencia ayude a abordar las múltiples razones por las que las personas pueden no estar tomando su medicación correctamente y les brinde el apoyo necesario para que lo hagan en el futuro. Este estudio mostró indicios de que esta estrategia podría ayudar a mejorar la adherencia, pero para evaluar adecuadamente su eficacia, se necesita un estudio más amplio», concluyó el prof. Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation y autor principal del estudio.


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