Sobre las 17.00 de este martes, una columna de humo ha comenzado a salir de la planta 25 de una de las cuatro torres de Madrid, la de la empresa Moeve, antigua Cepsa. Una explosión en un cuarto técnico ha provocado el aparatoso incidente en el segundo rascacielos más alto de España, con 49 pisos y 248 metros de altura. Cientos de trabajadores desalojados han abarrotado esa zona del paseo de La Castellana y un amplio dispositivo de emergencias se ha trasladado hasta el lugar para controlar las llamas. Cinco personas se han quedado atrapadas en diferentes zonas de seguridad del interior del edificio, pero han sido evacuadas sin que hayan sufrido daños, según ha confirmado Rubén Gallego, portavoz de Bomberos. Los efectivos del Samur-Protección Civil han atendido a dos trabajadores por inhalación leve por humo, que han recibido el alta en el lugar, y a una transeúnte con una crisis de ansiedad.
El fuego, del que aún se desconoce el origen, se ha producido sobre las 17.00, pero menos de dos horas después ya había sido controlado y se había vuelto a la normalidad. Hasta el lugar se han desplazado dos vehículos del Samur, tres camiones del cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid y cinco furgones de la Policía Nacional, que ha utilizado drones para apoyar con imágenes. “No ha habido en ningún momento trabajadores desaparecidos”, ha aclarado un portavoz de Emergencias Madrid, después de que varios medios aseguraran que había personas en el interior de las que no se tenía rastro. Tres de los empleados se han refugiado en un cuarto de la planta 26, otro en la 27 y un quinto en la 13, pero han estado comunicados todo el tiempo con las autoridades, que decidieron dejarlos allí porque “su seguridad estaba garantizada y se sabía que el fuego no tenía mayor recorrido”, ha señalado el portavoz de Bomberos.
El desalojo del edificio ha iniciado en torno a las 17.30. A esa hora, los equipos responsables del protocolo antiincendios de cada planta han comenzado a reunir a todo el personal en las salidas de emergencia, que conducían a las escaleras, recuerda Javier Montoto, trabajador de una empresa con oficinas en la torre de Moeve. “Había mucha calma; el compañero encargado de los desalojos nos fue recogiendo a todos, entrando en las salas de reuniones una a una”, cuenta. En los 10 o 15 minutos que duró la operación, este empleado no recuerda ninguna situación de riesgo ni que nadie entrase en pánico: “No he visto a nadie corriendo. A mí me dio tiempo a coger mi portátil e incluso hasta el cargador”.
Montoto cree recordar un olor sutil a humo mientras bajaba las escaleras, aunque cree que también puede ser producto de la “sugestión”. Otra de las personas que trabajan en la torre, que prefiere no revelar su nombre, en cambio, afirma que había un intenso olor a humo que ascendía por la escalera. “Yo trabajo casi en el último piso y nos ordenaron bajar para evacuar. Mientras bajábamos por las escaleras, el olor recordaba bastante al del caucho quemado”, explica.
Mientras la Unidad de Intervención Policial que se ha desplegado en el perímetro controlaba el paso de los transeúntes y un helicóptero Cóndor sobrevolaba el cielo, en uno de los laterales de la torre, en la calle del Arzobispo Morcillo, varios grupos de personas se agolpaban todavía confusos por la situación. Media hora después de la explosión, una trabajadora le preguntaba a un policía por unos medicamentos importantes que necesitaba tomar a lo largo de la tarde y el agente le confirmaba que, “en cuanto sea posible” y los bomberos aseguren el edificio, le serán devueltos. Otros preguntaban si iban a poder retirar sus coches de los garajes ubicados en este edificio, propiedad de Pontegadea desde 2016, la sociedad patrimonialista de Amancio Ortega que lo compró por 490 millones de euros.
En los alrededores también se ha respirado tranquilidad, a pesar del amplio dispositivo desplegado. Un empleado, que prefiere no revelar su identidad, relata que “la gente ha salido corriendo”, pero en “calma”, debido a que anteriormente se habían realizado simulacros de esta clase de situaciones.
Laura García, que ha tardado unos 20 o 25 minutos en llegar desde la planta 32 en la que está su oficina, asegura que los trabajadores han seguido “estrictamente el protocolo” y que “nadie se ha salido del guion”, que ya repitieron hace tan solo seis meses. No es la primera vez que este edificio, antes conocido como Torre Foster ―por el apellido de su arquitecto, Norman Foster―, sufre un incidente de este tipo. El anterior ocurrió en diciembre de 2025, cuando un transformador eléctrico de la planta sótano se incendió, por lo que el inmueble tuvo que ser desalojado, sin que hubiera heridos ni daños mayores.
Con información de Patricia Ortega Dolz, Jacobo García y Lucía Franco.